Questão 10 - PUC- RJ 1 dia - Grupo (1,3,4 e 5) - Tarde 2024
Vivir juntos
[1] Muchos amamos las ciudades. Ellas contienen y representan lo que fuimos y lo que queremos ser. Acogen la diversidad planetaria y en ellas se produce una parte sustancial del conocimiento y la cultura. Para lo bueno y para lo malo, nos representan. Por muy alejados que se pueda vivir, condicionan la vida y el devenir de la humanidad. Cíclicamente, la ciudad se rebela y exige su reconsideración. […]
El mensaje comunicado por los expertos a finales del siglo XX de que en 2030 el 70% de la población mundial viviría en ciudades era una voz de alarma por lo que suponía de reacomodo atropellado de la instalación de la humanidad sobre el planeta con graves consecuencias. Sin embargo, en un mundo que ya entonces no concebía otra forma de progreso que el crecimiento de tamaño se ha venido repitiendo el mantra de este augurio como la promesa de un acceso a un mercado de trabajo estable y a una educación y salud de mejor calidad que la de los núcleos pequeños. En 2021, la mayoría de los países más urbanizados de la UE, incluida España, ya han rebasado esa proporción. En el caso de España, la magnitud del escenario es preocupante: Madrid y Barcelona concentran la cuarta parte de la población del territorio nacional y la huida del campo a las ciudades ha decretado no solo el fenómeno dramático de la España vaciada, sino la decadencia de una buena cantidad de capitales de provincia de tamaño medio que no pueden contener el drenaje de su censo hacia los grandes núcleos poblacionales, con lo que ello significa de deterioro del mapa social y de fuga del talento esencial para mantener el bienestar de unos entornos que podrían ofrecer una satisfactoria calidad de vida a sus habitantes. Mientras tanto, las ciudades más pobladas acumulan barrios periféricos que son el espejo de la desigualdad, construyendo un mapa que hace demasiado evidentes los privilegios de unos y el recorrido limitado del progreso prometido a otros. La lucha contra esa condición segregada que parece inherente a la ciudad actual es el principal reto que tenemos. Si se trata de vivir juntos, es crucial reducir esa brecha y diseñar ciudades para una convivencia real y comprometida. Este no es un proyecto solo de los arquitectos y planificadores, es un asunto colectivo que debería ser formulado como la mayor ambición política de nuestro tiempo pues contiene todas las preocupaciones que atraviesan el presente: justicia social y reconocimiento del otro, cambio climático y calidad medioambiental, el papel de las nuevas tecnologías y la revolución en las formas de trabajo, entre otras muchas. […]
Por encima del proyecto habitual de la construcción y la corrección de edificios, renovar los barrios es el siguiente campo de acción con enorme potencial político, social y doméstico. Las nuevas demandas en materia de regeneración energética, calidad del espacio público, preponderancia del peatón sobre el automóvil y accesibilidad universal precisan de unos proyectos especializados que sugieren que, si bien la ciudad se hace edificio a edificio, quizás se debería actualizar barrio a barrio acometiendo grandes proyectos de recualificación de fragmentos urbanos de cierto tamaño. […]
En el diseño de la ciudad del futuro será necesario integrar la justicia social, convertida en los últimos años en una pieza clave del rompecabezas del deseo de vivir juntos. Su implementación práctica está aún en formación, pero al menos se ha instalado la consciencia de que la componente feminista, trans, racial y las reclamaciones de todos los colectivos cuyo desarrollo pleno no es posible frente a los límites que imponen los privilegios de unos sobre otros deben ser integrados sin más demora en el proyecto de la nueva ciudad. Estremece mencionar que hay en este momento alrededor de 280 millones de personas migrando en el planeta cuyo destino mayoritario serán las ciudades. La dimensión de las transformaciones que será necesario acometer para vivir juntos, más allá de las leyes y los cambios insoslayables de los patrones de comportamiento, solicita activar cambios físicos del medio que habitamos de manera que nadie se sienta excluido, amenazado o simplemente temeroso del otro. […]
[5] Ha llegado el momento de implementar la ciudad de los ciudadanos y el colofón de estar atentos a las necesidades diversas de las personas. […] No es posible volver la cara e ignorar la sensación de que el progreso, al que no se le pueden negar sus ingredientes positivos, está regido en cierta medida por las fuerzas de la economía y, por qué no decirlo, de ciertas formas de codicia que tienen consecuencias físicas que afectan a la vida de las personas. Por eso hay tantas voces que reclaman una discusión profunda sobre el asunto, porque la transformación de las ciudades parece en muchos casos estar conducida por vectores sueltos que no buscan la coherencia y el equilibrio a corto, medio y largo plazo que demanda el proyecto colectivo de la ciudad para todos, sino el éxito inmediato.
HERREROS, Juan. Vivir juntos. In: El País Semanal [online]. España, 2021. Disponible en: https://elpais.com/eps/2021-05-27/las-ciudades -nos-representan.html/. Acceso: el 17 jun, 2023. Adaptado.
Para alcanzar el buen vivir juntos se propone
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