Questão 4 - Campo Real Medicina 2025
El texto a continuación sirve como referencia para la cuestione.
La tecnología, la alimentación y la inversión en deporte de élite son hoy clave para que el humano siga rompiendo, sobre el tartán o en el agua, sus límites fisiológicos. No es probable que veamos muchas plusmarcas en París, porque los JJ OO son más dados a la emoción que a las plusmarcas, pero quién sabe si podremos asistir a un instante mágico como el de Bob Beamon en México 68.
La noche antes de asaltar los cielos, Bob Beamon se tomó un buen vaso de vino tinto y un par de tequilas y estuvo alrededor de media hora escuchando jazz hasta que consiguió conciliar el sueño. Al día siguiente, tras un vuelo sin motor de apenas un segundo, aterrizó a una distancia insólita: 8 metros y 90 centímetros, 55 centímetros más que el anterior récord del mundo de salto de longitud.
Para calibrar la magnitud de su hazaña, basta con añadir que la plusmarca establecida estuvo en vigor casi 23 años, desde octubre de 1968 a ese agosto de 1991 en que otro atleta afroamericano, Mike Powell, se puso la capa de superhéroe y consiguió saltar cinco centímetros más que Beamon. Y más elocuente aún resulta constatar que, 33 años después, Powell y Beamon siguen en la cúspide de su disciplina. Solo uno de los 10 mejores saltadores de longitud de la historia, el jamaicano Tajay Gayle (décimo con una marca de 8,69), está ahora mismo en activo. La mayoría dejó de competir hace al menos 20 años. Gayle se medirá dentro de unos días en los Juegos de París a un rival tan formidable como el griego Miltiadis Tentoglou, campeón olímpico en Tokio 2020, pero no resulta en absoluto previsible que ni uno ni otro consigan reducir en la capital francesa esa distancia de más de un palmo que les separa aún del legendario Beamon. El salto de longitud lleva décadas sin estar a la altura de su pasado.
Hay que tener muy en cuenta, además, los límites biológicos del cuerpo humano, una máquina con un grado de perfectibilidad notable, pero ni mucho menos infinito. Ya en 2008, el investigador estadounidense Paul Dimeo planteaba que el ritmo de progresión de las marcas deportivas llevaba varios años ralentizándose a medida que se aproximaba al techo fisiológico de nuestra especie. Dimeo pretendía demostrar también, con datos empíricos, que entre el final de la Segunda Guerra Mundial y los Juegos de Montreal de verano de 1976 se había registrado una progresión acelerada atribuible a factores como la profesionalización del deporte, la competencia entre EE UU y la URSS en el contexto de la Guerra Fría o, muy especialmente, el uso indiscriminado de sustancias dopantes. Con la introducción de una firme política contra el dopaje en acontecimientos como los Juegos, la curva de incremento empezó a declinar.
Disponible en: https://www.elpais.com/eps/2024-07-15/records-olimpicos-por-batir.html.
El texto trae que actualmente se rompen pocos récords mundiales en los juegos olímpicos porque:
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