Questão 10 - UnB - PAS 2024/2

Rosalía: desparpajo y ligereza
Rosalía es fascinante. No hablo de su música, sino de ella como icono. Es hábil, es una hija de la modernidad líquida y de un Andy Warhol que, si viviera, contemplaría con fascinación sus pasos artísticos. Rosalía se ríe de la trascendencia y de la seriedad del arte. Ella ha evolucionado, con todos los riesgos que eso conlleva en una sociedad que pide lealtades inquebrantables a sus artistas. No vengo a hablar de su último disco, sino de lo que significa ser Rosalía en esta época. Es una artista que podemos escuchar en grandes cadenas de gimnasios o en restaurantes de comida rápida y no creo que la podamos culpar por ser coherente con su objetivo: ser un icono de masas.
En Rosalía hay desparpajo y ligereza, presentismo como vacuna ante el futuro incierto y amenazador. Y es lógico. El relato liberal del final de las ideologías acabó con la posibilidad de imaginar utopías colectivas. Ante la incapacidad de proyectar mundos soñados que desafíen la dolorosa realidad en que nos encontramos, la lógica del realismo capitalista actual extirpa el deseo de la revolución. El pragmatismo le ha ganado la batalla al idealismo. Este punto de vista quizás nos ayude a entender de dónde partimos para analizar un fenómeno como el de Rosalía.
El mundo de la cultura no es ajeno a este fenómeno. La condición posmoderna fluye y refluye: podríamos decir, de hecho, que el presente roto, desolado, constantemente se borra a sí mismo, dejando pocas huellas. Las cosas llaman nuestra atención por un momento, pero sin que las recordemos por mucho tiempo. Sin embargo, los recuerdos antiguos persisten, intactos. Todo lo que se experimenta en el presente y lo que se ve en el futuro no es sino un pasado que ya no podemos recordar. La amenaza no es la nostalgia del pasado, sino nuestra incapacidad de salir de este. Incluso la nostalgia “futurista” y “vanguardista” de Rosalía es una huida sin éxito de la melancolía por el pasado. Ella es un fenómeno cultural asociado a nuestro deseo de habitar un mundo transformado en imágenes y simulacros de realidad. Muerto el bohemio romántico y melancólico, el juglar actual desecha lo malo del producto, hace un trabajo de reciclaje y lo convierte en algo presentable.
Rosalía y los artistas de música urbana se dejan suplantar por sus propios personajes, utilizando recursos de la autoficción para construir su identidad, luchando contra su propia bancarrota emocional y contra la necesidad del cambio político a través de una concepción elitista del ego. Si observamos la portada de su disco vemos a una Rosalía que mezcla lo heteronormativo y lo queer. No se define. Es más: lo evita a toda costa. El arte para ella es maniobra de escapismo. Y su imagen, un oasis en el medio del desierto: un juego de espejos en el que uno verá solo lo que quiera ver.
internet: jotdown.es (con adaptaciones).
Con base en la lectura del texto anterior, juzgue lo ítem.
De acuerdo con el texto, Rosalía da muestras de “desparpajo y ligereza”. Es posible sustituir los términos destacados, sin provocar desajustes semánticos, por
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