Questões de Espanhol
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Questão 18 327046
CESMAC Demais Cursos 2015/2Hispanoamérica y España
Coincidiendo con el bicentenario de "La Pepa", la Constitución aprobada en Cádiz en 1812, se ha celebrado en la ciudad andaluza la XXII Cumbre Iberoamericana, donde también tuvo lugar, la semana precedente, la Asamblea Parlamentaria Euro-Latinoamericana, conocida como Eurolat. Ello me da la oportunidad de dedicar este comentario a nuestras siempre importantes relaciones con las naciones hermanas del otro lado del charco, que yo llamo Hispanoamérica, aun siendo consciente de lo impropio de una denominación que no incluye a Portugal y Brasil, pero que la prefiero a la de Iberoamérica, sin duda más apropiada, pero que pocos saben lo que es; y al de América Latina, impuesto por Francia para no verse al margen de un acontecimiento histórico de la trascendencia del descubrimiento y conquista de las tierras del Nuevo Mundo, y que es el preferido por las mismas naciones latinoamericanas. Lo que no deja de ser en cierto modo paradójico, cuando vemos que, por ejemplo, en los Estados Unidos, llaman hispanos a los originarios de América Central y del Sur.
Históricamente, desde los procesos de independencia iniciados en 1810 hasta hace relativamente poco tiempo, esas relaciones fueron más retóricas que otra cosa, aunque a ambos lados del Atlántico se utilizara con cierta frecuencia el eufemismo de una Madre Patria para hablar de unas relaciones que solo en casos y períodos concretos estuvieron dotadas de algún contenido. Nadie duda de que esas relaciones tuvieron una particular relevancia en los casos de la emigración española a Uruguay, Cuba o Venezuela en distintos momentos de la historia; o de las singulares relaciones de la Argentina de Perón con la España franquista. Pero más allá de esos ejemplos, no fue hasta nuestra incorporación a lo que hoy es la Unión Europea, en 1986, cuando los dirigentes iberoamericanos advirtieron la oportunidad de una necesaria nueva relación que habría de ser beneficiosa para todos.
Fue así como se iniciaron las Cumbres Iberoamericanas, cuya primera edición tuvo lugar en 1991, en la emblemática ciudad mexicana de Guadalajara; y no menos emblemática ha sido la elección de Cádiz para esta última Cumbre. Fue en las Cortes de Cádiz donde se aprobó la Constitución de 1812, y en la que los líderes de las entonces emergentes nuevas repúblicas tuvieron una presencia y un papel tan destacado. España ha jugado un papel muy relevante en la nueva dimensión adquirida por las relaciones de la Unión Europea con América Latina y ha sido el catalizador que ha hecho posible sucesivos acuerdos comerciales y de cooperación de la Unión Europea con Chile y México, primero, y más tarde con América Central y algunos países de la Comunidad Andina de Naciones, la CAN, como Colombia y Perú. España es hoy el segundo inversor, después de los Estados Unidos, y en algunos países es el primero. La presencia de nuestras empresas en México, Chile, Argentina y Brasil es muy importante; y en Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia y otros países centroamericanos esa presencia ha sido progresivamente creciente, en sectores estratégicos para ambas partes. Es verdad que esas relaciones económicas y comerciales no han estado desprovistas de ciertos conflictos en algunos casos, como en Venezuela, Argentina y, en menor grado, Bolivia.
Estos son, en resumen, los ingredientes más destacados que merecen ser citados a propósito de las relaciones entre España e Hispanoamérica, que tanta presencia mediática han tenido durante los últimos días, como consecuencia de la celebración en Cádiz de la Cumbre de la Comunidad iberoamericana.
Fernando Fernández http://eldia.es/criterios/
El papel que ha desempeñado España con relación a América, a partir de su incorporación a la Unión Europea:
Questão 17 327044
CESMAC Demais Cursos 2015/2Hispanoamérica y España
Coincidiendo con el bicentenario de "La Pepa", la Constitución aprobada en Cádiz en 1812, se ha celebrado en la ciudad andaluza la XXII Cumbre Iberoamericana, donde también tuvo lugar, la semana precedente, la Asamblea Parlamentaria Euro-Latinoamericana, conocida como Eurolat. Ello me da la oportunidad de dedicar este comentario a nuestras siempre importantes relaciones con las naciones hermanas del otro lado del charco, que yo llamo Hispanoamérica, aun siendo consciente de lo impropio de una denominación que no incluye a Portugal y Brasil, pero que la prefiero a la de Iberoamérica, sin duda más apropiada, pero que pocos saben lo que es; y al de América Latina, impuesto por Francia para no verse al margen de un acontecimiento histórico de la trascendencia del descubrimiento y conquista de las tierras del Nuevo Mundo, y que es el preferido por las mismas naciones latinoamericanas. Lo que no deja de ser en cierto modo paradójico, cuando vemos que, por ejemplo, en los Estados Unidos, llaman hispanos a los originarios de América Central y del Sur.
Históricamente, desde los procesos de independencia iniciados en 1810 hasta hace relativamente poco tiempo, esas relaciones fueron más retóricas que otra cosa, aunque a ambos lados del Atlántico se utilizara con cierta frecuencia el eufemismo de una Madre Patria para hablar de unas relaciones que solo en casos y períodos concretos estuvieron dotadas de algún contenido. Nadie duda de que esas relaciones tuvieron una particular relevancia en los casos de la emigración española a Uruguay, Cuba o Venezuela en distintos momentos de la historia; o de las singulares relaciones de la Argentina de Perón con la España franquista. Pero más allá de esos ejemplos, no fue hasta nuestra incorporación a lo que hoy es la Unión Europea, en 1986, cuando los dirigentes iberoamericanos advirtieron la oportunidad de una necesaria nueva relación que habría de ser beneficiosa para todos.
Fue así como se iniciaron las Cumbres Iberoamericanas, cuya primera edición tuvo lugar en 1991, en la emblemática ciudad mexicana de Guadalajara; y no menos emblemática ha sido la elección de Cádiz para esta última Cumbre. Fue en las Cortes de Cádiz donde se aprobó la Constitución de 1812, y en la que los líderes de las entonces emergentes nuevas repúblicas tuvieron una presencia y un papel tan destacado. España ha jugado un papel muy relevante en la nueva dimensión adquirida por las relaciones de la Unión Europea con América Latina y ha sido el catalizador que ha hecho posible sucesivos acuerdos comerciales y de cooperación de la Unión Europea con Chile y México, primero, y más tarde con América Central y algunos países de la Comunidad Andina de Naciones, la CAN, como Colombia y Perú. España es hoy el segundo inversor, después de los Estados Unidos, y en algunos países es el primero. La presencia de nuestras empresas en México, Chile, Argentina y Brasil es muy importante; y en Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia y otros países centroamericanos esa presencia ha sido progresivamente creciente, en sectores estratégicos para ambas partes. Es verdad que esas relaciones económicas y comerciales no han estado desprovistas de ciertos conflictos en algunos casos, como en Venezuela, Argentina y, en menor grado, Bolivia.
Estos son, en resumen, los ingredientes más destacados que merecen ser citados a propósito de las relaciones entre España e Hispanoamérica, que tanta presencia mediática han tenido durante los últimos días, como consecuencia de la celebración en Cádiz de la Cumbre de la Comunidad iberoamericana.
Fernando Fernández http://eldia.es/criterios/
Respecto al sentido atribuido a la expresión “Madre Patria”, proferida, para referirse a las relaciones con España, por parte de los hispanoamericanos, podemos decir que:
1) en realidad, se trata de un eufemismo.
2) no se produjeron durante mucho tiempo unas relaciones verdaderamente fructíferas entre España y Latinoamérica.
3) hubo tensiones en las relaciones España- Argentina en tiempos del General Perón.
4) se produjeron incidentes cuando se dio un fuerte flujo migratorio de españoles a Uruguay, Cuba y Venezuela.
5) a partir de la incorporación de España a la Unión Europea se atisbaron nuevas oportunidades beneficiosas para España e Hispanoamérica.
Son correctas:
Questão 15 311182
UFVJM 2015/1Texto II
Piñatas
De acuerdo con la tradición, las piñatas se originaron en Italia (pignata significa olla), donde hace mucho años, durante la cuaresma, se acostumbraba obsequiar a los trabajadores agrícolas una olla llena de regalos.
Con el tiempo, la práctica de la piñata pasó a España, donde se fijaba el primer domingo de cuaresma para “romper la olla”, como solía decirse. Estas fiestas se denominaban “domingo de piñata”. Según noticias de ese tiempo (el medievo), ni en España, ni en Italia, se adornaba el recipiente de las piñatas. Pocos años después de la Conquista, los misioneros trajeron la costumbre a la Nueva España, pero cambiaron la fecha para los días de otra de las tradiciones mexicanas en Navidad: la posada, aunque en la actualidad, la elaboración de piñatas en México consiste en pegar papel periódico alrededor de la olla y construir el modelo deseado, ya sea con cartoncillo o papel aglutinado, usando engrudo. Luego se cubre el armazón con papel china enroscado, papel ilustre o crepé; largas tiras de multicolor cuelgan frecuentemente de los extremos de la figura para darle todavía mayor lucimiento. A veces se usa la olla directamente, pintándole una cara, una fruta o cualquier objeto que se adapte a la figura redonda.
Fuente: Adaptado. Disponível em: http://www.mexicodesconocido.com.mx/la-pinata-gozo-de-todo-mexicano.html. Acesso em 07/08/2014.
La piñata
Questão 11 311177
UFVJM 2015/1Texto I
Los niños de la calle
Era una mañana fría de julio. Poca gente caminaba a esa hora por la calle Palma. La población asuncena retardaba su marcha diaria debido a la inusual temperatura de cero grado que marcaba el termómetro luminoso colocado en la Plaza de los Héroes por el último intendente liberal.
La mañana estaba dura y fría como el estaño. Garuaba tenuemente y el frío viento castigaba sin piedad a los niños de la calle, acurrucados aún entre los cartones y hules recogidos de las basuras. Uno, dos, tres niños tosían como perros viejos y se percibía el chillido de sus pechos como aullidos de gato.
Los transeúntes los ignoraban. Ya era tan normal verlos cuajarse por las esquinas aspirando cola de zapatero para matar al monstruo del hambre, que los iba devorando lenta e inexorablemente […].
Fuente: AGUILERA, Nelson. En el nombre de los niños … de la calle. Asunción: Servilibro, 2004, p. 11.
El texto de arriba problematiza una cuestión social al
Questão 15 310250
UFVJM 2015/2Lea el texto abajo y después responda a la cuestion que se siguen. Vuelva al texto cuando sea necesario.
A la deriva
El hombre pisó algo blanduzco, y en seguida sintió la mordedura en el pie. Saltó adelante, y al volverse con un juramento vio una yararacusú que arrollada sobre sí misma esperaba otro ataque.
El hombre echó una veloz ojeada a su pie, donde dos gotitas de sangre engrosaban dificultosamente, y sacó el machete de la cintura. La víbora vio la amenaza, y hundió más la cabeza en el centro mismo de su espiral; pero el machete cayó de lomo, dislocándole las vértebras.
El hombre se bajó hasta la mordedura, quitó las gotitas de sangre, y durante un instante contempló. Un dolor agudo nacía de los dos puntitos violetas, y comenzaba a invadir todo el pie. Apresuradamente se ligó el tobillo con su pañuelo y siguió por la picada hacia su rancho.
El dolor en el pie aumentaba, con sensación de tirante abultamiento, y de pronto el hombre sintió dos o tres fulgurantes puntadas que como relámpagos habían irradiado desde la herida hasta la mitad de la pantorrilla. Movía la pierna con dificultad; una metálica sequedad de garganta, seguida de sed quemante, le arrancó un nuevo juramento.
Llegó por fin al rancho, y se echó de brazos sobre la rueda de un trapiche. Los dos puntitos violeta desaparecían ahora en la monstruosa hinchazón del pie entero. La piel parecía adelgazada y a punto de ceder, de tensa. Quiso llamar a su mujer, y la voz se quebró en un ronco arrastre de garganta reseca. La sed lo devoraba.
–¡Dorotea! – alcanzó a lanzar en un estertor – ¡Dame caña!
Su mujer corrió con un vaso lleno, que el hombre sorbió en tres tragos. Pero no había sentido gusto alguno.
–¡Te pedí caña, no agua! – rugió de nuevo. – ¡Dame caña!
–¡Pero es caña, Paulino! – protestó la mujer espantada.
–¡No, me diste agua!¡Quiero caña, te digo!
La mujer corrió otra vez, volviendo con la damajuana. El hombre tragó uno tras otro dos vasos, pero no sintió nada en la garganta.
– Bueno; esto se pone feo – murmuró entonces, mirando su pie lívido y ya con lustre gangrenoso. Sobre la honda ligadura del pañuelo, la carne desbordaba como una monstruosa morcilla.
Los dolores fulgurantes se sucedían en continuos relampagueos, y llegaban ahora a la ingle. La atroz sequedad de garganta que el aliento parecía caldear más, aumentaba a la par. Cuando pretendió incorporarse, un fulminante vómito lo mantuvo medio minuto con la frente apoyada en la rueda de palo.
Pero el hombre no quería morir, y descendiento hasta la costa subió a su canoa. Sentóse en la popa y comenzó a palear hasta el centro del Paraná. Allí la corriente del río, que en las inmediaciones del Iguazú corre seis millas, lo llevaría antes de cinco horas a Tacurú-Pucú.
El hombre, con sombría energía, pudo efectivamente llegar hasta el medio del río; pero allí sus manos dormidas dejaron caer la pala en la canoa, y tras un nuevo vómito – de sangre esta vez – dirigió una mirada al sol que ya trasponía el monte.
La pierna entera, hasta medio muslo, era ya un bloque deforme y durísimo que reventaba la ropa. El hombre cortó la ligadura y abrio el pantalón con su cuchillo: el bajo vientre desbordó hinchado, con grandes manchas lívidas y terriblemente doloroso. El hombre pensó que no podría jamás llegar él solo a Tacurú- Pucú, y se decidió a pedir ayuda a su compadre Alves, aunque hacía mucho tiempo que estaban disgustados.
La corriente del río se precipitaba ahora hacia la costa brasileña, y el hombre pudo fácilmente atracar. Se arrastró por la picada en cuesta arriba, pero a los veinte metros, exhausto, quedó tendido de pecho.
– ¡Alves! – gritó con cuanta fuerza pudo; y prestó oído en vano.
– ¡Compadre Alves! ¡No me niegue este favor! – clamó de nuevo, alzando la cabeza del suelo. En el silencio de la selva no se oyó un solo rumor. El hombre tuvo aún valor para llegar hasta su canoa, y la corriente, cogiéndola de nuevo, la llevó velozmente a la deriva.
El Paraná corre allí en el fondo de una inmensa hoya, cuyas paredes, altas de cien metros, encajonan fúnebremente el río. Desde las orillas bordeadas de negros bloques de basalto, asciende el bosque, negro también. Adelante, a los costados, detrás, la eterna muralla lúgubre, en cuyo fondo el río arremolinado se precipita en incesantes borbollones de agua fangosa. El paisaje es agresivo, y reina en él un silencio de muerte. Al atardecer, sin embargo, su belleza sombría y calma cobra una majestad única.
El sol había caído ya cuando el hombre, semitendido en el fondo de la canoa, tuvo un violento escalofrío. Y de pronto, con asombro, enderezó pesadamente la cabeza: se sentía mejor. La pierna le dolía apenas, la sed disminuía, y su pecho, libre ya, se abría en lenta inspiración.
El veneno comenzaba a irse, no había duda. Se hallaba casi bien, y aunque no tenía fuerzas para mover la mano, contaba con la caída del rocío para reponerse del todo. Calculó que antes de tres horas estaría en Tacurú-Pucú.
El bienestar avanzaba, y con él una somnolencia llena de recuerdos. No sentía ya nada ni en la pierna ni en el vientre. ¿Viviría aún su compadre Gaona en Tacurú-Pucú? Acaso viera también a su ex patrón mister Dougald, y al recibidor del obraje.
¿Llegaría pronto? El cielo, al poniente, se abría ahora en pantalla de oro, y el río se había coloreado también. Desde la costa paraguaya, ya entenebrecida, el monte dejaba caer sobre el río su frescura crepuscular, en penetrantes efluvios de azahar y miel silvestre. Una pareja de guacamayos cruzó muy alto y en silencio hacia el Paraguay.
Allá abajo, sobre el río de oro, la canoa derivaba velozmente, girando a ratos sobre sí misma ante el borbollón de un remolino. El hombre que iba en ella se sentía cada vez mejor, y pensaba entretanto en el tiempo justo que había pasado sin ver a su ex patrón Dougald. ¿Tres años? Tal vez no, no tanto. ¿Dos años y nueve meses? Acaso. ¿Ocho meses y medio? Eso sí, seguramente.
De pronto sintió que estaba helado hasta el pecho. ¿Qué sería? Y la respiración también...
Al recibidor de maderas de mister Dougald, Lorenzo Cubilla, lo había conocido en Puerto Esperanza un viernes santo... ¿Viernes? Sí, o jueves...
El hombre estiró lentamente los dedos de la mano.
– Un jueves...
Y cesó de respirar.
Fuente: QUIROGA, Horacio. Cuentos de Amor, de Locura y de Muerte (1917). Adaptado. Disponível em: http://www.literatura.us/quiroga/deriva.html. Acesso em: 26 mai. 2015.
En las preguntas “¿Viviría aún su compadre Gaona en Tacurú-Pucú?” y “¿Llegaría pronto?” las palavras aún y pronto son:
Questão 14 310249
UFVJM 2015/2Lea el texto abajo y después responda a la cuestion que se siguen. Vuelva al texto cuando sea necesario.
A la deriva
El hombre pisó algo blanduzco, y en seguida sintió la mordedura en el pie. Saltó adelante, y al volverse con un juramento vio una yararacusú que arrollada sobre sí misma esperaba otro ataque.
El hombre echó una veloz ojeada a su pie, donde dos gotitas de sangre engrosaban dificultosamente, y sacó el machete de la cintura. La víbora vio la amenaza, y hundió más la cabeza en el centro mismo de su espiral; pero el machete cayó de lomo, dislocándole las vértebras.
El hombre se bajó hasta la mordedura, quitó las gotitas de sangre, y durante un instante contempló. Un dolor agudo nacía de los dos puntitos violetas, y comenzaba a invadir todo el pie. Apresuradamente se ligó el tobillo con su pañuelo y siguió por la picada hacia su rancho.
El dolor en el pie aumentaba, con sensación de tirante abultamiento, y de pronto el hombre sintió dos o tres fulgurantes puntadas que como relámpagos habían irradiado desde la herida hasta la mitad de la pantorrilla. Movía la pierna con dificultad; una metálica sequedad de garganta, seguida de sed quemante, le arrancó un nuevo juramento.
Llegó por fin al rancho, y se echó de brazos sobre la rueda de un trapiche. Los dos puntitos violeta desaparecían ahora en la monstruosa hinchazón del pie entero. La piel parecía adelgazada y a punto de ceder, de tensa. Quiso llamar a su mujer, y la voz se quebró en un ronco arrastre de garganta reseca. La sed lo devoraba.
–¡Dorotea! – alcanzó a lanzar en un estertor – ¡Dame caña!
Su mujer corrió con un vaso lleno, que el hombre sorbió en tres tragos. Pero no había sentido gusto alguno.
–¡Te pedí caña, no agua! – rugió de nuevo. – ¡Dame caña!
–¡Pero es caña, Paulino! – protestó la mujer espantada.
–¡No, me diste agua!¡Quiero caña, te digo!
La mujer corrió otra vez, volviendo con la damajuana. El hombre tragó uno tras otro dos vasos, pero no sintió nada en la garganta.
– Bueno; esto se pone feo – murmuró entonces, mirando su pie lívido y ya con lustre gangrenoso. Sobre la honda ligadura del pañuelo, la carne desbordaba como una monstruosa morcilla.
Los dolores fulgurantes se sucedían en continuos relampagueos, y llegaban ahora a la ingle. La atroz sequedad de garganta que el aliento parecía caldear más, aumentaba a la par. Cuando pretendió incorporarse, un fulminante vómito lo mantuvo medio minuto con la frente apoyada en la rueda de palo.
Pero el hombre no quería morir, y descendiento hasta la costa subió a su canoa. Sentóse en la popa y comenzó a palear hasta el centro del Paraná. Allí la corriente del río, que en las inmediaciones del Iguazú corre seis millas, lo llevaría antes de cinco horas a Tacurú-Pucú.
El hombre, con sombría energía, pudo efectivamente llegar hasta el medio del río; pero allí sus manos dormidas dejaron caer la pala en la canoa, y tras un nuevo vómito – de sangre esta vez – dirigió una mirada al sol que ya trasponía el monte.
La pierna entera, hasta medio muslo, era ya un bloque deforme y durísimo que reventaba la ropa. El hombre cortó la ligadura y abrio el pantalón con su cuchillo: el bajo vientre desbordó hinchado, con grandes manchas lívidas y terriblemente doloroso. El hombre pensó que no podría jamás llegar él solo a Tacurú- Pucú, y se decidió a pedir ayuda a su compadre Alves, aunque hacía mucho tiempo que estaban disgustados.
La corriente del río se precipitaba ahora hacia la costa brasileña, y el hombre pudo fácilmente atracar. Se arrastró por la picada en cuesta arriba, pero a los veinte metros, exhausto, quedó tendido de pecho.
– ¡Alves! – gritó con cuanta fuerza pudo; y prestó oído en vano.
– ¡Compadre Alves! ¡No me niegue este favor! – clamó de nuevo, alzando la cabeza del suelo. En el silencio de la selva no se oyó un solo rumor. El hombre tuvo aún valor para llegar hasta su canoa, y la corriente, cogiéndola de nuevo, la llevó velozmente a la deriva.
El Paraná corre allí en el fondo de una inmensa hoya, cuyas paredes, altas de cien metros, encajonan fúnebremente el río. Desde las orillas bordeadas de negros bloques de basalto, asciende el bosque, negro también. Adelante, a los costados, detrás, la eterna muralla lúgubre, en cuyo fondo el río arremolinado se precipita en incesantes borbollones de agua fangosa. El paisaje es agresivo, y reina en él un silencio de muerte. Al atardecer, sin embargo, su belleza sombría y calma cobra una majestad única.
El sol había caído ya cuando el hombre, semitendido en el fondo de la canoa, tuvo un violento escalofrío. Y de pronto, con asombro, enderezó pesadamente la cabeza: se sentía mejor. La pierna le dolía apenas, la sed disminuía, y su pecho, libre ya, se abría en lenta inspiración.
El veneno comenzaba a irse, no había duda. Se hallaba casi bien, y aunque no tenía fuerzas para mover la mano, contaba con la caída del rocío para reponerse del todo. Calculó que antes de tres horas estaría en Tacurú-Pucú.
El bienestar avanzaba, y con él una somnolencia llena de recuerdos. No sentía ya nada ni en la pierna ni en el vientre. ¿Viviría aún su compadre Gaona en Tacurú-Pucú? Acaso viera también a su ex patrón mister Dougald, y al recibidor del obraje.
¿Llegaría pronto? El cielo, al poniente, se abría ahora en pantalla de oro, y el río se había coloreado también. Desde la costa paraguaya, ya entenebrecida, el monte dejaba caer sobre el río su frescura crepuscular, en penetrantes efluvios de azahar y miel silvestre. Una pareja de guacamayos cruzó muy alto y en silencio hacia el Paraguay.
Allá abajo, sobre el río de oro, la canoa derivaba velozmente, girando a ratos sobre sí misma ante el borbollón de un remolino. El hombre que iba en ella se sentía cada vez mejor, y pensaba entretanto en el tiempo justo que había pasado sin ver a su ex patrón Dougald. ¿Tres años? Tal vez no, no tanto. ¿Dos años y nueve meses? Acaso. ¿Ocho meses y medio? Eso sí, seguramente.
De pronto sintió que estaba helado hasta el pecho. ¿Qué sería? Y la respiración también...
Al recibidor de maderas de mister Dougald, Lorenzo Cubilla, lo había conocido en Puerto Esperanza un viernes santo... ¿Viernes? Sí, o jueves...
El hombre estiró lentamente los dedos de la mano.
– Un jueves...
Y cesó de respirar.
Fuente: QUIROGA, Horacio. Cuentos de Amor, de Locura y de Muerte (1917). Adaptado. Disponível em: http://www.literatura.us/quiroga/deriva.html. Acesso em: 26 mai. 2015.
La expresión “tendido de pecho” se traduce por:
06
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