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Questão 42 461576
IFRS Superior 2015/1¡Te echo tanto de menos! Para ti “Querida Chica”. Nuestro caminar hacia el mar
[1] ¡Cuantos días y años bajaste conmigo este sendero!
[2] Caminabas a mi lado, me mirabas, yo te hablaba,
[3] notaba tu cansancio, te cogía en mis brazos,
[4] y las dos juntas, compartíamos este universo.
[5]
[6] Soportaste mis lágrimas,
[7] sufrimientos, mis silencios,
[8] dándome a cambio tu entereza,
[9] tu presencia, tu cariño tan intenso.
[10]
[11] ¡Ten cuidado, Chica!
[12] No te vayas a caer,
[13] ¡Ven aquí, a mi lado!
[14] Para que te pueda proteger.
[15]
[16] Y presurosa, tu venías,
[17] a mi vera otra vez,
[18] para poder las dos juntas,
[19] terminar el sendero al atardecer.
[20]
[21] Fuiste mi hijita querida,
[22] donde yo volqué mi desesperación,
[23] aquella que no arrancaba de mi pecho,
[24] los puñales de tanto desamor.
[25]
[26] Sentábamos, siempre en la misma roca,
[27] tu a mi lado, mirando nuestro mar,
[28] más al fondo, rocas negras erosionadas,
[29] con las aguas que venían y luego se van.
[30]
[31] Sonidos bravos, dulces a nuestros oídos,
[32] ni la mejor sintonía,
[33] compuesta por los Maestros,
[34] llenaban nuestro espíritu tan hambriento.
[35]
[36] Las dos formábamos un dúo perfecto,
[37] tu sedienta de mis caricias,
[38] yo ansiando alcanzar tener a mi lado
[39] el amor tanto soñado.
[40]
[41] Y aquí estoy de nuevo, sentada en el mismo lugar,
[42] contemplando la inmensidad del mar,
[43] pero esta vez llorando amargamente,
[44] deseando tener como siempre,
[45] tu ternura, tu mirada, tu consuelo.
[46]
[47] Pero, cariño mío,
[48] a mi lado, en presencia,
[49] Ya no estás.
DOMINGUES, Katy. Disponível em http://www.crlemberg.com.br/poespa/katy/teechotantodemenos.htm. Acesso em: 08 set. 2014
A expressão “Te echo tanto de menos” que está no título do poema significa, em português
Questão 41 461575
IFRS Superior 2015/1¡Te echo tanto de menos! Para ti “Querida Chica”. Nuestro caminar hacia el mar
[1] ¡Cuantos días y años bajaste conmigo este sendero!
[2] Caminabas a mi lado, me mirabas, yo te hablaba,
[3] notaba tu cansancio, te cogía en mis brazos,
[4] y las dos juntas, compartíamos este universo.
[5]
[6] Soportaste mis lágrimas,
[7] sufrimientos, mis silencios,
[8] dándome a cambio tu entereza,
[9] tu presencia, tu cariño tan intenso.
[10]
[11] ¡Ten cuidado, Chica!
[12] No te vayas a caer,
[13] ¡Ven aquí, a mi lado!
[14] Para que te pueda proteger.
[15]
[16] Y presurosa, tu venías,
[17] a mi vera otra vez,
[18] para poder las dos juntas,
[19] terminar el sendero al atardecer.
[20]
[21] Fuiste mi hijita querida,
[22] donde yo volqué mi desesperación,
[23] aquella que no arrancaba de mi pecho,
[24] los puñales de tanto desamor.
[25]
[26] Sentábamos, siempre en la misma roca,
[27] tu a mi lado, mirando nuestro mar,
[28] más al fondo, rocas negras erosionadas,
[29] con las aguas que venían y luego se van.
[30]
[31] Sonidos bravos, dulces a nuestros oídos,
[32] ni la mejor sintonía,
[33] compuesta por los Maestros,
[34] llenaban nuestro espíritu tan hambriento.
[35]
[36] Las dos formábamos un dúo perfecto,
[37] tu sedienta de mis caricias,
[38] yo ansiando alcanzar tener a mi lado
[39] el amor tanto soñado.
[40]
[41] Y aquí estoy de nuevo, sentada en el mismo lugar,
[42] contemplando la inmensidad del mar,
[43] pero esta vez llorando amargamente,
[44] deseando tener como siempre,
[45] tu ternura, tu mirada, tu consuelo.
[46]
[47] Pero, cariño mío,
[48] a mi lado, en presencia,
[49] Ya no estás.
DOMINGUES, Katy. Disponível em http://www.crlemberg.com.br/poespa/katy/teechotantodemenos.htm. Acesso em: 08 set. 2014
Considere as seguintes afirmações a respeito do poema.
I - O eu lírico sente saudades de sua filha.
II - O eu lírico olhava o mar com a sua filha.
III - A pessoa a que o eu lírico se refere está viajando.
Quais estão corretas?
Questão 59 417686
FDV 2015/2Texto – JÓVENES POBRES Y NEGROS, VÍCTIMAS
DE UNA EPIDEMIA EN BRASIL
Río de Janeiro – Tras 33 años de democracia, Brasil no ha conseguido el antídoto para combatir una epidemia que mata a sus jóvenes negros. Ellos constituyen 77 por ciento de sus 30.000 víctimas de homicidio por año, entre 15 y 29 años.
En la favela “Manguinhos” – uno de los 763 barrios pobres donde viven casi 1,5 millones (22,03 por ciento) de los habitantes de Río de Janeiro –, la pedagoga Ana Paula Gomes de Oliveira, llora uno de esos muertos.
Su hijo Jonatan, de 19 años, fue asesinado el 14 de mayo del 2014, durante un operativo de las llamadas “Unidades de Policía Pacificadora” (UPP).
“Había un confusión entre vecinos y policías pero los policías dispararon. Un tiro en la espalda alcanzó a mi hijo, que le ocasionó una hemorragia interna y falleció”, relató Gomes a “Latin America Freedom & Justice Hub” (LAFJH).
Según Gomes, esas “confusiones”, son habituales porque los vecinos “son revistados de manera violenta y están cansados de ser oprimidos, lo que termina con indignación y protestas”.
“Mi hijo quedó tirado en el suelo, todavía con vida, pero la policía no lo auxilió. Los vecinos lo llevaron a un puesto médico pero llegó muerto”, cuenta entre sollozos.
El autor del disparo, Alessandro de Souza, según informó a “LAFJH”, la Secretaría de Seguridad de Río de Janeiro, sigue con un trabajo administrativo en la UPP, mientras “aguarda la decisión judicial”.
En la investigación policial, Souza fue imputado por “homicidio culposo”.
“Mi familia quedó totalmente destruida. Todavía recuerdo los últimos momentos con él, abrazándome, besándome. Ni sé cómo conseguí seguir viviendo”, se lamenta la madre que tiene otra hija de 9 años que, afectada por la tragedia, recibe ayuda psicológica.
Para las estadísticas, Jonatan es un número más en “el país donde más se mata en el mundo”, según la organización de derechos humanos, “Amnistía Internacional”.
La opinión pública se consterna con razón, cuando ante la caída de un avión – como el más reciente, de la Germanwings – murieron sus 51 pasajeros, 16 de ellos jóvenes estudiantes alemanes.
Pero en Brasil, es como si cada día cayese un avión con 82 pasajeros jóvenes, 63 de ellos, negros.
“Conocemos esos datos pero naturalizamos el horror”, reflexiona Alexandre Ciconello, asesor de Amnistía Internacional Brasil, que impulsa la campaña “Joven negro vivo,” para concientizar sobre esa violencia.
“El perfil de gran parte de las víctimas (hombre, joven, negro), en un contexto de prejuicio y racismo, contribuye a que la sociedad no se movilice para enfrentar este problema y exija un basta. Es como si estuviésemos diciendo que algunas vidas valen más que otras”, agregó.
Jonatan – cuenta su madre – “tenía toda una vida por delante.” Cuando fue asesinado, volvía de la casa de su novia con quién soñaba una familia.
Y así lo recuerda el último día que salió de casa “alegre, saludable, con sueños,” ahora “destruidos” por una muerte “injusta” y “racista”.
“Uno ve diariamente ese racismo en las favelas. ¿La policía no tenía otros medios para dispersar un alboroto? ¿Si hubiese sido con un grupo de jóvenes de un barrio de clase social alta, de blancos, les hubiera disparando?” se pregunta.
Fransérgio Goulart, historiador y consultor de derechos humanos en comunidades pobres, cree que no.
“La juventud negra y pobre es la que más sufre abusos. La cuestión central de ese proceso es el racismo”, dice a “LAFJH,” Goulart, al denunciar lo que considera “un genocidio”, en un país donde más de la mitad de la población se declara afrodescendiente.
[…]
(FRAYSSINET, Fabiana. Disponível em: <http://latamfjh.org/es/jovenes-pobres-y-negros-victimas-de-unaepidemia-de-violencia-en-brasil/>. Acesso em: 10 abr. 2015, com adaptações)
Dentre as opções abaixo, assinale a alternativa que apresenta a melhor tradução para a frase: “Cuando fue asesinado, volvía de la casa de su novia con quién soñaba una familia”.
Questão 57 417683
FDV 2015/2Texto – JÓVENES POBRES Y NEGROS, VÍCTIMAS
DE UNA EPIDEMIA EN BRASIL
Río de Janeiro – Tras 33 años de democracia, Brasil no ha conseguido el antídoto para combatir una epidemia que mata a sus jóvenes negros. Ellos constituyen 77 por ciento de sus 30.000 víctimas de homicidio por año, entre 15 y 29 años.
En la favela “Manguinhos” – uno de los 763 barrios pobres donde viven casi 1,5 millones (22,03 por ciento) de los habitantes de Río de Janeiro –, la pedagoga Ana Paula Gomes de Oliveira, llora uno de esos muertos.
Su hijo Jonatan, de 19 años, fue asesinado el 14 de mayo del 2014, durante un operativo de las llamadas “Unidades de Policía Pacificadora” (UPP).
“Había un confusión entre vecinos y policías pero los policías dispararon. Un tiro en la espalda alcanzó a mi hijo, que le ocasionó una hemorragia interna y falleció”, relató Gomes a “Latin America Freedom & Justice Hub” (LAFJH).
Según Gomes, esas “confusiones”, son habituales porque los vecinos “son revistados de manera violenta y están cansados de ser oprimidos, lo que termina con indignación y protestas”.
“Mi hijo quedó tirado en el suelo, todavía con vida, pero la policía no lo auxilió. Los vecinos lo llevaron a un puesto médico pero llegó muerto”, cuenta entre sollozos.
El autor del disparo, Alessandro de Souza, según informó a “LAFJH”, la Secretaría de Seguridad de Río de Janeiro, sigue con un trabajo administrativo en la UPP, mientras “aguarda la decisión judicial”.
En la investigación policial, Souza fue imputado por “homicidio culposo”.
“Mi familia quedó totalmente destruida. Todavía recuerdo los últimos momentos con él, abrazándome, besándome. Ni sé cómo conseguí seguir viviendo”, se lamenta la madre que tiene otra hija de 9 años que, afectada por la tragedia, recibe ayuda psicológica.
Para las estadísticas, Jonatan es un número más en “el país donde más se mata en el mundo”, según la organización de derechos humanos, “Amnistía Internacional”.
La opinión pública se consterna con razón, cuando ante la caída de un avión – como el más reciente, de la Germanwings – murieron sus 51 pasajeros, 16 de ellos jóvenes estudiantes alemanes.
Pero en Brasil, es como si cada día cayese un avión con 82 pasajeros jóvenes, 63 de ellos, negros.
“Conocemos esos datos pero naturalizamos el horror”, reflexiona Alexandre Ciconello, asesor de Amnistía Internacional Brasil, que impulsa la campaña “Joven negro vivo,” para concientizar sobre esa violencia.
“El perfil de gran parte de las víctimas (hombre, joven, negro), en un contexto de prejuicio y racismo, contribuye a que la sociedad no se movilice para enfrentar este problema y exija un basta. Es como si estuviésemos diciendo que algunas vidas valen más que otras”, agregó.
Jonatan – cuenta su madre – “tenía toda una vida por delante.” Cuando fue asesinado, volvía de la casa de su novia con quién soñaba una familia.
Y así lo recuerda el último día que salió de casa “alegre, saludable, con sueños,” ahora “destruidos” por una muerte “injusta” y “racista”.
“Uno ve diariamente ese racismo en las favelas. ¿La policía no tenía otros medios para dispersar un alboroto? ¿Si hubiese sido con un grupo de jóvenes de un barrio de clase social alta, de blancos, les hubiera disparando?” se pregunta.
Fransérgio Goulart, historiador y consultor de derechos humanos en comunidades pobres, cree que no.
“La juventud negra y pobre es la que más sufre abusos. La cuestión central de ese proceso es el racismo”, dice a “LAFJH,” Goulart, al denunciar lo que considera “un genocidio”, en un país donde más de la mitad de la población se declara afrodescendiente.
[…]
(FRAYSSINET, Fabiana. Disponível em: <http://latamfjh.org/es/jovenes-pobres-y-negros-victimas-de-unaepidemia-de-violencia-en-brasil/>. Acesso em: 10 abr. 2015, com adaptações)
Entre as causas dos confrontos entre policiais e moradores, assinale a alternativa que NÃO corresponde àquelas apresentadas no texto:
Questão 55 417675
FDV 2015/2TEXTO - Negros (Almudena Grandes)
En 1959, John Howard Griffin, prestigioso
periodista y escritor norteamericano de piel tan
blanca como la leche, decidió convertirse en negro.
Se trató con el medicamento que repigmenta a los
enfermos de vitíligo, se expuso a los rayos UVA, se
rapó la cabeza y se tiñó a mano las zonas más
difíciles. Después se fue a vivir al sur, Nueva
Orleans, Misisipi, Georgia, Alabama, para sufrir en
carne propia los verdaderos efectos de la
segregación racial. Contó su experiencia en un libro
apabullante y conmovedor, Negro como yo,
publicado en España por la editorial Capitán Swing.
Viviendo como un negro, Griffin descubrió que
encontrar un baño público donde orinar era un
problema tan grave como cansarse, porque la
gente como él no tenía derecho a sentarse en los
bancos. Sin embargo, los negros andaban sin cesar,
porque pararse era tan peligroso que mirar el
escaparate de un cine que exhibiera un cartel con
la imagen de una mujer blanca les costaba como
mínimo una noche de calabozo. Recuerdo ahora el
coraje de Griffin, la emoción que me inspiró su
libro. Los gratuitos, casi recreativos asesinatos de
ciudadanos negros que incendian Estados Unidos
resucitan al monstruo que él retrató
minuciosamente en sus páginas. Creíamos que
habíamos acabado con él, pero los supremacistas
del mundo, en todas sus versiones —racistas,
fascistas, explotadores, fanáticos religiosos—,
siguen ahí, acechando, latiendo, matando para
afirmar su superioridad sobre el resto de la
humanidad, su derecho a vivir mejor que los
demás, a enriquecerse con la pobreza de los otros.
Y todavía dicen que las ideologías han muerto, que
todas son iguales, y superfluas. No sé cuántos
cadáveres más harán falta para que se callen de
una maldita vez.
(Disponível em: <http://elpais.com/elpais/2015/05/03/opinion/1430666666_251975. html>. Acesso em: 10 abr. 2015)
Segundo o texto, quem seriam os “supremacistas”?
Questão 54 417674
FDV 2015/2TEXTO - Negros (Almudena Grandes)
En 1959, John Howard Griffin, prestigioso
periodista y escritor norteamericano de piel tan
blanca como la leche, decidió convertirse en negro.
Se trató con el medicamento que repigmenta a los
enfermos de vitíligo, se expuso a los rayos UVA, se
rapó la cabeza y se tiñó a mano las zonas más
difíciles. Después se fue a vivir al sur, Nueva
Orleans, Misisipi, Georgia, Alabama, para sufrir en
carne propia los verdaderos efectos de la
segregación racial. Contó su experiencia en un libro
apabullante y conmovedor, Negro como yo,
publicado en España por la editorial Capitán Swing.
Viviendo como un negro, Griffin descubrió que
encontrar un baño público donde orinar era un
problema tan grave como cansarse, porque la
gente como él no tenía derecho a sentarse en los
bancos. Sin embargo, los negros andaban sin cesar,
porque pararse era tan peligroso que mirar el
escaparate de un cine que exhibiera un cartel con
la imagen de una mujer blanca les costaba como
mínimo una noche de calabozo. Recuerdo ahora el
coraje de Griffin, la emoción que me inspiró su
libro. Los gratuitos, casi recreativos asesinatos de
ciudadanos negros que incendian Estados Unidos
resucitan al monstruo que él retrató
minuciosamente en sus páginas. Creíamos que
habíamos acabado con él, pero los supremacistas
del mundo, en todas sus versiones —racistas,
fascistas, explotadores, fanáticos religiosos—,
siguen ahí, acechando, latiendo, matando para
afirmar su superioridad sobre el resto de la
humanidad, su derecho a vivir mejor que los
demás, a enriquecerse con la pobreza de los otros.
Y todavía dicen que las ideologías han muerto, que
todas son iguales, y superfluas. No sé cuántos
cadáveres más harán falta para que se callen de
una maldita vez.
(Disponível em: <http://elpais.com/elpais/2015/05/03/opinion/1430666666_251975. html>. Acesso em: 10 abr. 2015)
O monstro a que se refere a autora no texto é representado:
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