Questões de Espanhol
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Questão 15 489388
FAG Medicina 2015/2Texto
En su Declaración de Intenciones del libro Iniciación a la Fiesta de toros, 1998, Felipe Pedraza argumenta que la Fiesta de toros que se celebra tanto en España como en varios países de Hispanoamérica, es víctima de una doble incomprensión. Los que abominan de ella no entienden su sentido. [...]. Creen los antitaurinos que el torero y el aficionado sienten un elemental y primitivo placer sádico en el sufrimiento del toro, que imaginan similar al suyo de 5 estar en el mismo trance. Asegura que la Fiesta de los toros es un rito y un espectáculo en que se conserva toda la violencia de la vida. Es – como se ha dicho- una tragedia en que los actores mueren de verdad. La fiesta de los toros somete a un protocolo rigurosísimo la lucha entre la vida y la muerte. La violencia del animal y del hombre, registra el autor, se ciñen a unas normas estrictas. Cuanto ocurre en esa lid se juzga como creación artística por la perfección formal con que se ejecuta. Opina que permite alhombre urbano del siglo XX entablar un contacto simbólico con las 10 fuerzas de la naturaleza y participar en un rito en que se aúna lo dionisíaco (lo irracional y telúrico, la sangre y la violencia, lo genésico y lo letal) con lo apolíneo (lo reglado y medido, el sometimiento a la razón y la técnica, la transformación de los impulsos vitales en formas que aspiran a ser perfectos). Sobre la segunda incomprensión es de la idea que muchos espectadores, más o menos fervorosos, pero en ningún caso taurófobos, conocen de forma vaga e imprecisa el significado técnico y el valor simbólico de lo que ven año tras año en las ferias y fiestas patronales de 15 su localidad.
(PEDRAZA, F. P. Iniciación a la Fiesta de toros. Madrid: EDAF, 1998: 15-17.)
De acuerdo con el texto sobre las Fiestas de toros, marque la proposición correcta.
Questão 20 480242
CESMAC Medicina 1° Dia 2015/2Medicina centrada en el paciente
Frente a la atención centrada en las enfermedades, propia de la tecno-medicina, hay quienes propugnan centrar la atención en el paciente. Esto, que desde una perspectiva científica puede parecer poco operativo, no viene a ser sino una nueva formulación del "no hay enfermedades sino enfermos", o una puesta en práctica del modelo biopsicosocial que propugna la teoría de sistemas, donde se tiene en cuenta no solo la dolencia orgánica sino cómo la vive el paciente y cómo afecta tanto a su sistema de valores como a su entorno.
El enfoque biomédico convencional ignora a la persona que padece una enfermedad. La información que el médico proporciona no es todo lo completa que debiera. El paciente suele preguntar poco al médico; un alto porcentaje de ellos se quedan con ganas de preguntar y/o no comprenden totalmente la información. La participación del paciente en la toma de decisiones es escasa. Casi el 100% de los pacientes desea que sus médicos les apoyen, les escuchen y les expliquen con claridad.
Las actuales declaraciones éticas se basan en un nuevo modelo de relación clínica que enfatiza la deliberación y participación de médico y paciente en la toma de decisiones. Por ello, la superación del modelo paternalista en la relación médico-paciente ha llevado a un nuevo punto de equilibrio caracterizado por la toma de decisiones desde la autonomía de los pacientes.
En consecuencia, el modelo del cuidado centrado en el paciente supone un cambio en los parámetros mentales del médico. En este modelo, el médico debe ceder poder al paciente, o compartir el poder, es decir, renunciar al control absoluto que tradicionalmente ha estado en las manos del profesional. La Medicina Centrada en el Paciente surge como respuesta a deficiencias generadas por un modelo reduccionista, ampliando el marco de la Medicina centrada en la Enfermedad, más que presentándole oposición. Se logra así una relación médico-paciente en la que cada cual sabe qué esperar del otro, en la que la responsabilidad se comparte (sin detrimento de la parte que le corresponde al médico en base a sus conocimientos), y se intenta generar una alianza que favorezca la salud del paciente, fin último de cualquier interacción entre ambos.
Las condiciones de una relación médico-paciente exitosa se basan principalmente en mantener una verdadera comunicación y no un mero intercambio de información. Los pacientes, como mínimo, necesitan saber que el médico ha entendido cuál es su problemática, que se les ha hecho un diagnóstico y propuesto un tratamiento acertado, y los más exigentes, quieren entender cuál es su problemática claramente y participar en la toma de decisiones sobre su salud. Tomar decisiones de forma compartida implica tener en cuenta las expectativas del paciente o, a veces, de la familia, proporcionar información actualizada según los últimos conocimientos, invitar al paciente a expresar su preferencia y verificar que ha elegido lo más adecuado para él.
Dr. Miguel Ángel Suarez Cuba Rev. Méd. La Paz v.18 n.1
Para que se produzca una relación médico-paciente
exitosa deben de darse las siguientes condiciones:
1) un mero intercambio de información entre los actores del proceso.
2) que el paciente sepa que el médico entendió su problemática.
3) que el paciente sienta que se le ha propuesto el tratamiento adecuado.
4) que el médico no deje al paciente expresar su preferencias, sino que se guíe por él.
5) nunca se debe tener en cuenta la opinión de terceros, en especial, de la familia del paciente.
Son correctas:
Questão 24 479806
CESMAC Medicina 1° Dia 2015/1El virus que se hizo fuerte al llegar a la ciudad
La crisis del ébola empezó en marzo para la opinión pública occidental, pero en África las desdichas tienen siempre raíces más profundas, signos escritos en un lenguaje críptico y premonitorio. Fue el 6 de diciembre de 2013 cuando un niño de dos años llamado Émile murió en Meliandou, un pueblo situado al sur de Guinea. La muerte de un niño en África es una moneda demasiado corriente como para pararse a investigar, pero poco después siguieron la misma suerte su madre, su abuela y su hermana de tres años, lo que ya no es tan común ni en las zonas rurales de Guinea. Todos habían sufrido fiebre alta, vómitos y diarrea, pero nadie sospechó cuál podía ser la causa de tanta maldición familiar.
Los entierros en esta zona del mundo implican a menudo un contacto directo con los cadáveres, y este fue justo el caso de la ceremonia fúnebre de la abuela, donde uno de los asistentes se contagió y se llevó consigo la desgracia al pueblo cercano donde vivía. Poco después, un trabajador sanitario se contaminó y sirvió como foco secundario para extender la enfermedad a otros lugares. Era febrero para entonces, y el peor brote de ébola de la historia caminaba con paso firme por África occidental, una región donde nadie esperaba que pudiera suceder algo así.
Émile es lo que los epidemiólogos llaman el “caso índice” del actual brote. No es necesariamente el origen exacto de la epidemia, pero es lo más cerca que la investigación ha podido acercarse a él. Para finales de marzo, cuando se reconoció la naturaleza del virus y la alerta de Médicos Sin Fronteras llegó a la Organización Mundial de la Salud (OMS), se habían dado ya 111 casos en cuatro prefecturas de Guinea, con 79 muertes. El último informe de la OMS recoge 8.376 casos y 4.033 muertes. La enfermedad se ha extendido de Guinea a otros países africanos, sin contar los dos casos aislados de Estados Unidos y España de los que todos hemos hablado sin cesar esta semana. Desde 1976, el virus ha matado a más de 4.200 personas.
¿Qué tiene de especial este brote para haberse convertido en el peor de la historia? Lo realmente diferente de este brote es que ha ocurrido en el oeste de África, y no solo en zonas rurales como los anteriores, sino en ciudades, donde la densidad de población es más alta; el virus actual no tiene una capacidad de contagio de persona a persona mayor de lo habitual; lo que hay ahora es más gente alrededor susceptible de ser infectada.
El virus debe su nombre al Ébola, un humilde afluente del río Mongala, y que solo aparecería en los tomos más gruesos de geografía de no ser por el agente infeccioso que surgió allí en 1976 y que hoy supera en fama incluso al virus de la gripe aviar y al mal de las vacas locas. La epidemia de África occidental es la peor de la historia, y está causando una masacre. Lo que falta no es tanto dinero, sino recursos humanos; es muy difícil conseguir técnicos que viajen allí: nadie ha inventado todavía el turismo virológico.
A propósito del género de la palabra “ébola”, es correcto afirmar que:
Questão 22 479797
CESMAC Medicina 1° Dia 2015/1El virus que se hizo fuerte al llegar a la ciudad
La crisis del ébola empezó en marzo para la opinión pública occidental, pero en África las desdichas tienen siempre raíces más profundas, signos escritos en un lenguaje críptico y premonitorio. Fue el 6 de diciembre de 2013 cuando un niño de dos años llamado Émile murió en Meliandou, un pueblo situado al sur de Guinea. La muerte de un niño en África es una moneda demasiado corriente como para pararse a investigar, pero poco después siguieron la misma suerte su madre, su abuela y su hermana de tres años, lo que ya no es tan común ni en las zonas rurales de Guinea. Todos habían sufrido fiebre alta, vómitos y diarrea, pero nadie sospechó cuál podía ser la causa de tanta maldición familiar.
Los entierros en esta zona del mundo implican a menudo un contacto directo con los cadáveres, y este fue justo el caso de la ceremonia fúnebre de la abuela, donde uno de los asistentes se contagió y se llevó consigo la desgracia al pueblo cercano donde vivía. Poco después, un trabajador sanitario se contaminó y sirvió como foco secundario para extender la enfermedad a otros lugares. Era febrero para entonces, y el peor brote de ébola de la historia caminaba con paso firme por África occidental, una región donde nadie esperaba que pudiera suceder algo así.
Émile es lo que los epidemiólogos llaman el “caso índice” del actual brote. No es necesariamente el origen exacto de la epidemia, pero es lo más cerca que la investigación ha podido acercarse a él. Para finales de marzo, cuando se reconoció la naturaleza del virus y la alerta de Médicos Sin Fronteras llegó a la Organización Mundial de la Salud (OMS), se habían dado ya 111 casos en cuatro prefecturas de Guinea, con 79 muertes. El último informe de la OMS recoge 8.376 casos y 4.033 muertes. La enfermedad se ha extendido de Guinea a otros países africanos, sin contar los dos casos aislados de Estados Unidos y España de los que todos hemos hablado sin cesar esta semana. Desde 1976, el virus ha matado a más de 4.200 personas.
¿Qué tiene de especial este brote para haberse convertido en el peor de la historia? Lo realmente diferente de este brote es que ha ocurrido en el oeste de África, y no solo en zonas rurales como los anteriores, sino en ciudades, donde la densidad de población es más alta; el virus actual no tiene una capacidad de contagio de persona a persona mayor de lo habitual; lo que hay ahora es más gente alrededor susceptible de ser infectada.
El virus debe su nombre al Ébola, un humilde afluente del río Mongala, y que solo aparecería en los tomos más gruesos de geografía de no ser por el agente infeccioso que surgió allí en 1976 y que hoy supera en fama incluso al virus de la gripe aviar y al mal de las vacas locas. La epidemia de África occidental es la peor de la historia, y está causando una masacre. Lo que falta no es tanto dinero, sino recursos humanos; es muy difícil conseguir técnicos que viajen allí: nadie ha inventado todavía el turismo virológico.
“Émile es lo que los epidemiólogos llaman el «caso índice» del actual brote” (tercer párrafo del texto). Se entiende por “caso índice”:
Questão 21 479791
CESMAC Medicina 1° Dia 2015/1El virus que se hizo fuerte al llegar a la ciudad
La crisis del ébola empezó en marzo para la opinión pública occidental, pero en África las desdichas tienen siempre raíces más profundas, signos escritos en un lenguaje críptico y premonitorio. Fue el 6 de diciembre de 2013 cuando un niño de dos años llamado Émile murió en Meliandou, un pueblo situado al sur de Guinea. La muerte de un niño en África es una moneda demasiado corriente como para pararse a investigar, pero poco después siguieron la misma suerte su madre, su abuela y su hermana de tres años, lo que ya no es tan común ni en las zonas rurales de Guinea. Todos habían sufrido fiebre alta, vómitos y diarrea, pero nadie sospechó cuál podía ser la causa de tanta maldición familiar.
Los entierros en esta zona del mundo implican a menudo un contacto directo con los cadáveres, y este fue justo el caso de la ceremonia fúnebre de la abuela, donde uno de los asistentes se contagió y se llevó consigo la desgracia al pueblo cercano donde vivía. Poco después, un trabajador sanitario se contaminó y sirvió como foco secundario para extender la enfermedad a otros lugares. Era febrero para entonces, y el peor brote de ébola de la historia caminaba con paso firme por África occidental, una región donde nadie esperaba que pudiera suceder algo así.
Émile es lo que los epidemiólogos llaman el “caso índice” del actual brote. No es necesariamente el origen exacto de la epidemia, pero es lo más cerca que la investigación ha podido acercarse a él. Para finales de marzo, cuando se reconoció la naturaleza del virus y la alerta de Médicos Sin Fronteras llegó a la Organización Mundial de la Salud (OMS), se habían dado ya 111 casos en cuatro prefecturas de Guinea, con 79 muertes. El último informe de la OMS recoge 8.376 casos y 4.033 muertes. La enfermedad se ha extendido de Guinea a otros países africanos, sin contar los dos casos aislados de Estados Unidos y España de los que todos hemos hablado sin cesar esta semana. Desde 1976, el virus ha matado a más de 4.200 personas.
¿Qué tiene de especial este brote para haberse convertido en el peor de la historia? Lo realmente diferente de este brote es que ha ocurrido en el oeste de África, y no solo en zonas rurales como los anteriores, sino en ciudades, donde la densidad de población es más alta; el virus actual no tiene una capacidad de contagio de persona a persona mayor de lo habitual; lo que hay ahora es más gente alrededor susceptible de ser infectada.
El virus debe su nombre al Ébola, un humilde afluente del río Mongala, y que solo aparecería en los tomos más gruesos de geografía de no ser por el agente infeccioso que surgió allí en 1976 y que hoy supera en fama incluso al virus de la gripe aviar y al mal de las vacas locas. La epidemia de África occidental es la peor de la historia, y está causando una masacre. Lo que falta no es tanto dinero, sino recursos humanos; es muy difícil conseguir técnicos que viajen allí: nadie ha inventado todavía el turismo virológico.
“… en África, las desdichas tienen siempre raíces más profundas, signos escritos en un lenguaje críptico y premonitorio” (primer párrafo del texto). El sentido que el autor pretende dar a este fragmento, con relación a lo anteriormente expuesto y al resto del texto es:
Questão 19 479789
CESMAC Medicina 1° Dia 2015/1El virus que se hizo fuerte al llegar a la ciudad
La crisis del ébola empezó en marzo para la opinión pública occidental, pero en África las desdichas tienen siempre raíces más profundas, signos escritos en un lenguaje críptico y premonitorio. Fue el 6 de diciembre de 2013 cuando un niño de dos años llamado Émile murió en Meliandou, un pueblo situado al sur de Guinea. La muerte de un niño en África es una moneda demasiado corriente como para pararse a investigar, pero poco después siguieron la misma suerte su madre, su abuela y su hermana de tres años, lo que ya no es tan común ni en las zonas rurales de Guinea. Todos habían sufrido fiebre alta, vómitos y diarrea, pero nadie sospechó cuál podía ser la causa de tanta maldición familiar.
Los entierros en esta zona del mundo implican a menudo un contacto directo con los cadáveres, y este fue justo el caso de la ceremonia fúnebre de la abuela, donde uno de los asistentes se contagió y se llevó consigo la desgracia al pueblo cercano donde vivía. Poco después, un trabajador sanitario se contaminó y sirvió como foco secundario para extender la enfermedad a otros lugares. Era febrero para entonces, y el peor brote de ébola de la historia caminaba con paso firme por África occidental, una región donde nadie esperaba que pudiera suceder algo así.
Émile es lo que los epidemiólogos llaman el “caso índice” del actual brote. No es necesariamente el origen exacto de la epidemia, pero es lo más cerca que la investigación ha podido acercarse a él. Para finales de marzo, cuando se reconoció la naturaleza del virus y la alerta de Médicos Sin Fronteras llegó a la Organización Mundial de la Salud (OMS), se habían dado ya 111 casos en cuatro prefecturas de Guinea, con 79 muertes. El último informe de la OMS recoge 8.376 casos y 4.033 muertes. La enfermedad se ha extendido de Guinea a otros países africanos, sin contar los dos casos aislados de Estados Unidos y España de los que todos hemos hablado sin cesar esta semana. Desde 1976, el virus ha matado a más de 4.200 personas.
¿Qué tiene de especial este brote para haberse convertido en el peor de la historia? Lo realmente diferente de este brote es que ha ocurrido en el oeste de África, y no solo en zonas rurales como los anteriores, sino en ciudades, donde la densidad de población es más alta; el virus actual no tiene una capacidad de contagio de persona a persona mayor de lo habitual; lo que hay ahora es más gente alrededor susceptible de ser infectada.
El virus debe su nombre al Ébola, un humilde afluente del río Mongala, y que solo aparecería en los tomos más gruesos de geografía de no ser por el agente infeccioso que surgió allí en 1976 y que hoy supera en fama incluso al virus de la gripe aviar y al mal de las vacas locas. La epidemia de África occidental es la peor de la historia, y está causando una masacre. Lo que falta no es tanto dinero, sino recursos humanos; es muy difícil conseguir técnicos que viajen allí: nadie ha inventado todavía el turismo virológico.
A propósito de la epidemia por ébola, podemos afirmar que:
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