Questões de Espanhol
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Questão 9 4615829
Unilago 2015/2Leia o texto a seguir e responda à questão.
Hoy en día es imposible caminar por la calle sin ver como alguien escribe un “WhatsApp” en su smartphone. Los móviles inteligentes forman parte de nuestra vida, al igual que la mensajería instantánea gratuita. Sin embargo, y como sucede con todo en la vida, su uso excesivo puede provocar todo tipo de dolencias cada vez más corrientes para los médicos. ¿Su móvil le genera ansiedad?, ¿sufre dolores punzantes en la mano tras pasar varias horas respondiendo a sus contactos?, ¿prefiere conversar con alguien a través del teléfono que prestar atención a quién se encuentra frente a usted?, ¿siente la vibración del móvil aunque no haya ninguna notificación en él?. Si alguna de sus respuestas es afirmativa, padece usted un caso de “WhatsAppitis”. Si contestó a todas con un “sí”, quizás debería soltar el teléfono en este momento.
Tendinitis
Una de las dolencias más comunes que puede provocar la adicción al móvil es la tendinitis – una inflamación de algún tendón provocada por el esfuerzo constante de una parte del cuerpo –. Concretamente, esta se podría manifestar tras enviar reiteradamente mensajes de texto a través del teléfono debido a la tensión de los dedos pulgares, según corrobora un estudio realizado por Microsoft en 2007 asociado al uso de los smartphones y la informática móvil en general. Según el informe, el uso reiterado del teléfono para enviar mensajes puede provocar una tensión diez veces mayor en nuestro pulgar que la que causa un teclado normal. Además, puede generar fuertes dolores en la mano, inflamación de los tendones y, por supuesto, calambres. Su prevención es sencilla: ¡Apartarse del móvil unos minutos! No obstante, y como esto es difícil para muchos usuarios de los smartphones, también se puede evitar escribiendo de forma lenta, tecleando con las dos manos o manteniendo una postura cómoda y un apoyo adecuado mientras se usa el dispositivo.
Nomofobia
“Nomofobia” es el término clínico que define a una persona que siente pavor ante la idea de salir de casa sin el teléfono móvil. Entre otras dolencias, provoca aumento de estrés y desánimo en los usuarios, los cuales no pueden evitar estar constantemente conectados a Internet y, por lo tanto, al “WhatsApp”, según informó un estudio de la Universidad de Kent State de Ohio. A su vez, aquel que sufre de “Nomofobia” siente un miedo irracional a sentirse excluido por no poder estar constantemente pendiente del móvil. Finalmente, también se ha demostrado que esta dolencia puede disminuir el rendimiento escolar.
Phubbing
¿Ha estado alguna vez en una cena en la que nadie hablaba y todos mandaban mensajes de forma enfermiza a través de su smartphone? Si ha sido uno de ellos puede que padezca de “Phubbing”, una costumbre que consiste en no hacer caso a las personas que te rodean y centrar toda tu atención en el teléfono móvil. El “Phubbing” (de “phon” – teléfono – y “snubbing” – desprecio –), es una práctica que ha sido realizada ocasionalmente por el 66,8% de los españoles y de forma perpétua por el 13%, según destaca el Estudio de Tuenti Móvil.
Vibranxiety
Repentinamente, el móvil vibra o suena, pero, al cogerlo, no hay notificaciones nuevas. Nadie ha enviado un “WhatsApp” y no hay mensajes ni llamadas perdidas. ¿Qué ha ocurrido? No se preocupe, su smartphone no está poseído, puede que usted padezca de “vibranxiety” – también conocida como “ringxiety” o “fauxcellarm” –, una nueva dolencia que provoca que el usuario crea que su smartphone le ha informado de una alerta que no se ha producido. Según varios expertos, el “vibranxiety” se genera debido a que hay partes del cuerpo que han tenido que aprender a actuar ante los impulsos generados por el teléfono móvil y, ahora, reaccionan ante estímulos similares que antes pasaban desapercibidos. Es decir, se pone más atención, por ejemplo, a las vibraciones que se puedan generar en el bolsillo en el que lleves el smartphone, y cualquier movimiento en esa zona puede hacerte pensar que estás recibiendo un “WhatsApp”. Es, en definitiva, como si el móvil fuera una extensión del propio cuerpo.
(Adaptado de: HERRERA, A. P. ¿Qué es la WhatsAppitis y cómo la evitamos? ABC.ES / MADRID. 27 mar. 2014. Disponível em: http://www.abc.es/sociedad/20140327/abci-watsappitis-causas-sintomas-obsesion-201403271152.html. Acesso em: 17 abr. 2015.)
Com relação ao uso de smartphones, assinale a alternativa correta.
Questão 60 3623715
UNIPAM 2015Lea el texto abajo e conteste la cuestión
El amor líquido
El deseo es el anhelo de consumir, de absorber, devorar, ingerir y digerir, de aniquilar. El deseo no necesita otro estímulo más que la presencia de la alteridad. Esa presencia es siempre una afrenta y una humillación”. Quien así se expresa no es Pedro Almodóvar ni Joaquín Sabina, ni un sexólogo mediático sino el veterano sociólogo polaco de 80 años y dilatada trayectoria académica, Zygmunt Bauman (Polonia, 1925), en un libro de reciente y esperada aparición en Buenos Aires: Amor líquido.
Amor líquido continúa el certero análisis acerca de la sociedad en el mundo globalizado y los cambios radicales que impone a la condición humana, tema ya enfocado en sus otros dos libros que conforman con éste una trilogía: Modernidad líquida y La sociedad sitiada. El héroe trágico de esta historia son “las relaciones humanas” y está dedicado a recordarnos los riesgos y angustias de vivir juntos y separados en nuestro moderno mundo líquido. En esta ocasión, se concentra en el amor y en el miedo a establecer relaciones duraderas, más allá de las meras conexiones. Nuestros contemporáneos, dice Bauman, desesperados al sentirse descartables, siempre ávidos de una “mano servicial”, sin embargo, todo el tiempo desconfían del “estar relacionados” sobre todo si es “para siempre”, temen convertirse en una carga y desatar expectativas que no pueden ni desean soportar. Las “relaciones virtuales” (conexiones) establecen el patrón de medida, el modelo del resto de las relaciones: cuando la calidad no da sostén, el remedio es la cantidad y como un patinador sobre el fino hielo, la velocidad es el remedio, seguir en movimiento es un logro y un deber agotador. Las mismas estructuras líquidas y rápidamente cambiantes privilegian a los que pueden viajar con poco peso.
(Adaptado de: http://gruposolido.org)
La declaración que no está de acuerdo con el texto es la siguiente:
Questão 58 3623709
UNIPAM 2015Lea el texto abajo e conteste la cuestion.
Bauman y la sociedad líquida
Ziygmunt Bauman, premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades 2010 (junto a Alain Touraine), nació en 1925 en Poznan, Polonia. Sociólogo, filósofo y ensayista, su investigación, entre otras cosas enfocada en la modernidad, le ha llevado a definir la forma habitual de vivir en nuestras sociedades modernas contemporáneas como “la vida líquida”.
Esta vida está caracterizada por no mantener un rumbo determinado, pues al ser líquida no mantiene mucho tiempo la misma forma. Y ello hace que nuestras vidas se definan por la precariedad y la incertidumbre. Así, nuestra principal preocupación es no perder el tren de la actualización ante los rápidos cambios que se producen en nuestro alrededor y no quedar aparcados por obsoletos.
En su libro La vida líquida, el diagnóstico sobre la sociedad de consumo en la que vivimos es demoledor por certero y al mismo tiempo conmovedor.
Bauman define la sociedad moderna líquida como aquella sociedad donde las condiciones de actuación de sus miembros cambian antes de que las formas puedan consolidarse en unos hábitos y en una rutina determinada. Esto, evidentemente, tiene sus consecuencias sobre los individuos porque los logros individuales no pueden solidificarse en algo duradero, los activos se convierten en pasivos, las capacidades en discapacidades, en un abrir y cerrar de ojos.
Por tanto, los triunfadores en esta sociedad son las personas ágiles, ligeras y volátiles como el comercio y las finanzas. Personas hedonistas y egoístas, que ven la novedad como una buena noticia, la precariedad como un valor, la inestabilidad como un ímpetu y lo híbrido como una riqueza.
En esta sociedad, el nuevo modelo de héroe es el triunfador que aspira a la fama, al poder y al dinero, por encima de todo, sin importarle a quién se lleva por delante.
Esto coincide con la definición de “hombre light” de Enrique Rojas, definido con cuatro características: hedonismo, entronización del placer; consumismo, acumulación de bienes: se es por lo que se tiene y no por lo que se es; permisividad, todo vale; y por último, relativismo, donde nada es bueno ni malo y, en última instancia, todo depende del pensamiento de cada uno.
La vida líquida asigna al mundo y a las cosas, animales y personas la categoría de objetos de consumo, objetos que pierden su utilidad en el mismo momento de ser usados. Esos objetos de consumo tienen una esperanza limitada y, cuando sobrepasan este límite, dejan de ser aptos para el consumo, se convierten en objetos inútiles. Las personas, también somos objetos de consumo: pensemos en el trato que nuestra sociedad da a nuestros mayores o en las industrias del sexo. En una sociedad así, la lealtad y el compromiso son motivos de vergüenza más que de orgullo porque son valores duraderos.
Entonces, ¿cómo es el individuo que vive en esta sociedad de vida líquida? Zygmunt Bauman nos dice que es un individuo asediado porque busca su individualidad, singularidad y aquí viene la gran contradicción.
La autenticidad, la individualidad, la singularidad en una sociedad moderna líquida es ser como todos los del grupo, ¡una auténtica y gran contradicción! Es decir, los individuos han de ser asombrosamente parecidos, deben seguir una misma estrategia vital y usar señas compartidas, reconocibles e inteligibles por el resto del grupo (las marcas de consumo, el comportamiento, las modas, el gusto por el arte…).
La sociedad obliga a ser únicos, pero ella misma da las pautas para conseguirlo. Para satisfacer esa necesidad de individualidad, nada de buscar en nuestro interior: la autenticidad se encuentra bebiendo un determinado producto, llevando una marca de ropa interior, hablando con un determinado móvil, conduciendo un determinado coche… Todos llevan o quieren llevar las mismas marcas, van o quieren ir de vacaciones a los sitios que se han puesto de moda, leen los mismos best sellers… y todos se creen singulares. ¡Increíble!
Como dice Bauman, la lucha por la singularidad se ha convertido en el principal motor, tanto de la producción en masa como del consumo en masa. Todos son singulares utilizando las mismas marcas y aparatos, y serán más o menos singulares dependiendo de la capacidad de compra y actualización de los objetos, y ésto, evidentemente, requiere dinero.
La búsqueda de esta singularidad se ha convertido en una carrera de consumo donde hay unos pocos ganadores y muchos perdedores. Esto ha provocado la consiguiente polarización no tan solo de las sociedades, sino del planeta. Está claro que cuánto más grande es la calidad de vida de una ciudad mayor es su huella ecológica.
Esta modernidad líquida hace surgir el individuo asediado, que Bauman lo define como homo eligens, hombre elector (que no hemos de confundir con el ser humano que realmente elige). El homo eligens es un yo completamente incompleto, definidamente indefinido, auténticamente inauténtico. El homo eligens y el mercado de consumo conviven en perfecta simbiosis. El mercado no sobreviviría si el homo eligens o consumidor no se apegara a las cosas.
La sociedad moderna líquida es artificial, poco tiene de humana porque precisamente no mantiene los valores humanos atemporales, sino los materiales. Nos hace creer que nos lo da todo a cambio de nada, cosa que no es cierta. El precio que se paga por ello es convertirse en ese humano asediado o ese hombre “light” que simplemente escoge egoístamente lo que más le conviene o gusta en cada momento.
(Adaptado de: http://www.revistaesfinge.com.)
Bauman define al individuo asediado como homo eligens o hombre elector.
Ese hombre
Questão 56 3623700
UNIPAM 2015Lea el texto abajo e conteste la cuestion.
Bauman y la sociedad líquida
Ziygmunt Bauman, premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades 2010 (junto a Alain Touraine), nació en 1925 en Poznan, Polonia. Sociólogo, filósofo y ensayista, su investigación, entre otras cosas enfocada en la modernidad, le ha llevado a definir la forma habitual de vivir en nuestras sociedades modernas contemporáneas como “la vida líquida”.
Esta vida está caracterizada por no mantener un rumbo determinado, pues al ser líquida no mantiene mucho tiempo la misma forma. Y ello hace que nuestras vidas se definan por la precariedad y la incertidumbre. Así, nuestra principal preocupación es no perder el tren de la actualización ante los rápidos cambios que se producen en nuestro alrededor y no quedar aparcados por obsoletos.
En su libro La vida líquida, el diagnóstico sobre la sociedad de consumo en la que vivimos es demoledor por certero y al mismo tiempo conmovedor.
Bauman define la sociedad moderna líquida como aquella sociedad donde las condiciones de actuación de sus miembros cambian antes de que las formas puedan consolidarse en unos hábitos y en una rutina determinada. Esto, evidentemente, tiene sus consecuencias sobre los individuos porque los logros individuales no pueden solidificarse en algo duradero, los activos se convierten en pasivos, las capacidades en discapacidades, en un abrir y cerrar de ojos.
Por tanto, los triunfadores en esta sociedad son las personas ágiles, ligeras y volátiles como el comercio y las finanzas. Personas hedonistas y egoístas, que ven la novedad como una buena noticia, la precariedad como un valor, la inestabilidad como un ímpetu y lo híbrido como una riqueza.
En esta sociedad, el nuevo modelo de héroe es el triunfador que aspira a la fama, al poder y al dinero, por encima de todo, sin importarle a quién se lleva por delante.
Esto coincide con la definición de “hombre light” de Enrique Rojas, definido con cuatro características: hedonismo, entronización del placer; consumismo, acumulación de bienes: se es por lo que se tiene y no por lo que se es; permisividad, todo vale; y por último, relativismo, donde nada es bueno ni malo y, en última instancia, todo depende del pensamiento de cada uno.
La vida líquida asigna al mundo y a las cosas, animales y personas la categoría de objetos de consumo, objetos que pierden su utilidad en el mismo momento de ser usados. Esos objetos de consumo tienen una esperanza limitada y, cuando sobrepasan este límite, dejan de ser aptos para el consumo, se convierten en objetos inútiles. Las personas, también somos objetos de consumo: pensemos en el trato que nuestra sociedad da a nuestros mayores o en las industrias del sexo. En una sociedad así, la lealtad y el compromiso son motivos de vergüenza más que de orgullo porque son valores duraderos.
Entonces, ¿cómo es el individuo que vive en esta sociedad de vida líquida? Zygmunt Bauman nos dice que es un individuo asediado porque busca su individualidad, singularidad y aquí viene la gran contradicción.
La autenticidad, la individualidad, la singularidad en una sociedad moderna líquida es ser como todos los del grupo, ¡una auténtica y gran contradicción! Es decir, los individuos han de ser asombrosamente parecidos, deben seguir una misma estrategia vital y usar señas compartidas, reconocibles e inteligibles por el resto del grupo (las marcas de consumo, el comportamiento, las modas, el gusto por el arte…).
La sociedad obliga a ser únicos, pero ella misma da las pautas para conseguirlo. Para satisfacer esa necesidad de individualidad, nada de buscar en nuestro interior: la autenticidad se encuentra bebiendo un determinado producto, llevando una marca de ropa interior, hablando con un determinado móvil, conduciendo un determinado coche… Todos llevan o quieren llevar las mismas marcas, van o quieren ir de vacaciones a los sitios que se han puesto de moda, leen los mismos best sellers… y todos se creen singulares. ¡Increíble!
Como dice Bauman, la lucha por la singularidad se ha convertido en el principal motor, tanto de la producción en masa como del consumo en masa. Todos son singulares utilizando las mismas marcas y aparatos, y serán más o menos singulares dependiendo de la capacidad de compra y actualización de los objetos, y ésto, evidentemente, requiere dinero.
La búsqueda de esta singularidad se ha convertido en una carrera de consumo donde hay unos pocos ganadores y muchos perdedores. Esto ha provocado la consiguiente polarización no tan solo de las sociedades, sino del planeta. Está claro que cuánto más grande es la calidad de vida de una ciudad mayor es su huella ecológica.
Esta modernidad líquida hace surgir el individuo asediado, que Bauman lo define como homo eligens, hombre elector (que no hemos de confundir con el ser humano que realmente elige). El homo eligens es un yo completamente incompleto, definidamente indefinido, auténticamente inauténtico. El homo eligens y el mercado de consumo conviven en perfecta simbiosis. El mercado no sobreviviría si el homo eligens o consumidor no se apegara a las cosas.
La sociedad moderna líquida es artificial, poco tiene de humana porque precisamente no mantiene los valores humanos atemporales, sino los materiales. Nos hace creer que nos lo da todo a cambio de nada, cosa que no es cierta. El precio que se paga por ello es convertirse en ese humano asediado o ese hombre “light” que simplemente escoge egoístamente lo que más le conviene o gusta en cada momento.
(Adaptado de: http://www.revistaesfinge.com.)
Según el texto,
Questão 55 3623694
UNIPAM 2015Lea el texto abajo e conteste la cuestion.
Bauman y la sociedad líquida
Ziygmunt Bauman, premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades 2010 (junto a Alain Touraine), nació en 1925 en Poznan, Polonia. Sociólogo, filósofo y ensayista, su investigación, entre otras cosas enfocada en la modernidad, le ha llevado a definir la forma habitual de vivir en nuestras sociedades modernas contemporáneas como “la vida líquida”.
Esta vida está caracterizada por no mantener un rumbo determinado, pues al ser líquida no mantiene mucho tiempo la misma forma. Y ello hace que nuestras vidas se definan por la precariedad y la incertidumbre. Así, nuestra principal preocupación es no perder el tren de la actualización ante los rápidos cambios que se producen en nuestro alrededor y no quedar aparcados por obsoletos.
En su libro La vida líquida, el diagnóstico sobre la sociedad de consumo en la que vivimos es demoledor por certero y al mismo tiempo conmovedor.
Bauman define la sociedad moderna líquida como aquella sociedad donde las condiciones de actuación de sus miembros cambian antes de que las formas puedan consolidarse en unos hábitos y en una rutina determinada. Esto, evidentemente, tiene sus consecuencias sobre los individuos porque los logros individuales no pueden solidificarse en algo duradero, los activos se convierten en pasivos, las capacidades en discapacidades, en un abrir y cerrar de ojos.
Por tanto, los triunfadores en esta sociedad son las personas ágiles, ligeras y volátiles como el comercio y las finanzas. Personas hedonistas y egoístas, que ven la novedad como una buena noticia, la precariedad como un valor, la inestabilidad como un ímpetu y lo híbrido como una riqueza.
En esta sociedad, el nuevo modelo de héroe es el triunfador que aspira a la fama, al poder y al dinero, por encima de todo, sin importarle a quién se lleva por delante.
Esto coincide con la definición de “hombre light” de Enrique Rojas, definido con cuatro características: hedonismo, entronización del placer; consumismo, acumulación de bienes: se es por lo que se tiene y no por lo que se es; permisividad, todo vale; y por último, relativismo, donde nada es bueno ni malo y, en última instancia, todo depende del pensamiento de cada uno.
La vida líquida asigna al mundo y a las cosas, animales y personas la categoría de objetos de consumo, objetos que pierden su utilidad en el mismo momento de ser usados. Esos objetos de consumo tienen una esperanza limitada y, cuando sobrepasan este límite, dejan de ser aptos para el consumo, se convierten en objetos inútiles. Las personas, también somos objetos de consumo: pensemos en el trato que nuestra sociedad da a nuestros mayores o en las industrias del sexo. En una sociedad así, la lealtad y el compromiso son motivos de vergüenza más que de orgullo porque son valores duraderos.
Entonces, ¿cómo es el individuo que vive en esta sociedad de vida líquida? Zygmunt Bauman nos dice que es un individuo asediado porque busca su individualidad, singularidad y aquí viene la gran contradicción.
La autenticidad, la individualidad, la singularidad en una sociedad moderna líquida es ser como todos los del grupo, ¡una auténtica y gran contradicción! Es decir, los individuos han de ser asombrosamente parecidos, deben seguir una misma estrategia vital y usar señas compartidas, reconocibles e inteligibles por el resto del grupo (las marcas de consumo, el comportamiento, las modas, el gusto por el arte…).
La sociedad obliga a ser únicos, pero ella misma da las pautas para conseguirlo. Para satisfacer esa necesidad de individualidad, nada de buscar en nuestro interior: la autenticidad se encuentra bebiendo un determinado producto, llevando una marca de ropa interior, hablando con un determinado móvil, conduciendo un determinado coche… Todos llevan o quieren llevar las mismas marcas, van o quieren ir de vacaciones a los sitios que se han puesto de moda, leen los mismos best sellers… y todos se creen singulares. ¡Increíble!
Como dice Bauman, la lucha por la singularidad se ha convertido en el principal motor, tanto de la producción en masa como del consumo en masa. Todos son singulares utilizando las mismas marcas y aparatos, y serán más o menos singulares dependiendo de la capacidad de compra y actualización de los objetos, y ésto, evidentemente, requiere dinero.
La búsqueda de esta singularidad se ha convertido en una carrera de consumo donde hay unos pocos ganadores y muchos perdedores. Esto ha provocado la consiguiente polarización no tan solo de las sociedades, sino del planeta. Está claro que cuánto más grande es la calidad de vida de una ciudad mayor es su huella ecológica.
Esta modernidad líquida hace surgir el individuo asediado, que Bauman lo define como homo eligens, hombre elector (que no hemos de confundir con el ser humano que realmente elige). El homo eligens es un yo completamente incompleto, definidamente indefinido, auténticamente inauténtico. El homo eligens y el mercado de consumo conviven en perfecta simbiosis. El mercado no sobreviviría si el homo eligens o consumidor no se apegara a las cosas.
La sociedad moderna líquida es artificial, poco tiene de humana porque precisamente no mantiene los valores humanos atemporales, sino los materiales. Nos hace creer que nos lo da todo a cambio de nada, cosa que no es cierta. El precio que se paga por ello es convertirse en ese humano asediado o ese hombre “light” que simplemente escoge egoístamente lo que más le conviene o gusta en cada momento.
(Adaptado de: http://www.revistaesfinge.com.)
¿Cuál de las concepciones abajo no está en conformidad con las ideas expuestas en el texto?
Questão 54 3623656
UNIPAM 2015Lea el texto abajo e conteste la cuestion.
Bauman y la sociedad líquida
Ziygmunt Bauman, premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades 2010 (junto a Alain Touraine), nació en 1925 en Poznan, Polonia. Sociólogo, filósofo y ensayista, su investigación, entre otras cosas enfocada en la modernidad, le ha llevado a definir la forma habitual de vivir en nuestras sociedades modernas contemporáneas como “la vida líquida”.
Esta vida está caracterizada por no mantener un rumbo determinado, pues al ser líquida no mantiene mucho tiempo la misma forma. Y ello hace que nuestras vidas se definan por la precariedad y la incertidumbre. Así, nuestra principal preocupación es no perder el tren de la actualización ante los rápidos cambios que se producen en nuestro alrededor y no quedar aparcados por obsoletos.
En su libro La vida líquida, el diagnóstico sobre la sociedad de consumo en la que vivimos es demoledor por certero y al mismo tiempo conmovedor.
Bauman define la sociedad moderna líquida como aquella sociedad donde las condiciones de actuación de sus miembros cambian antes de que las formas puedan consolidarse en unos hábitos y en una rutina determinada. Esto, evidentemente, tiene sus consecuencias sobre los individuos porque los logros individuales no pueden solidificarse en algo duradero, los activos se convierten en pasivos, las capacidades en discapacidades, en un abrir y cerrar de ojos.
Por tanto, los triunfadores en esta sociedad son las personas ágiles, ligeras y volátiles como el comercio y las finanzas. Personas hedonistas y egoístas, que ven la novedad como una buena noticia, la precariedad como un valor, la inestabilidad como un ímpetu y lo híbrido como una riqueza.
En esta sociedad, el nuevo modelo de héroe es el triunfador que aspira a la fama, al poder y al dinero, por encima de todo, sin importarle a quién se lleva por delante.
Esto coincide con la definición de “hombre light” de Enrique Rojas, definido con cuatro características: hedonismo, entronización del placer; consumismo, acumulación de bienes: se es por lo que se tiene y no por lo que se es; permisividad, todo vale; y por último, relativismo, donde nada es bueno ni malo y, en última instancia, todo depende del pensamiento de cada uno.
La vida líquida asigna al mundo y a las cosas, animales y personas la categoría de objetos de consumo, objetos que pierden su utilidad en el mismo momento de ser usados. Esos objetos de consumo tienen una esperanza limitada y, cuando sobrepasan este límite, dejan de ser aptos para el consumo, se convierten en objetos inútiles. Las personas, también somos objetos de consumo: pensemos en el trato que nuestra sociedad da a nuestros mayores o en las industrias del sexo. En una sociedad así, la lealtad y el compromiso son motivos de vergüenza más que de orgullo porque son valores duraderos.
Entonces, ¿cómo es el individuo que vive en esta sociedad de vida líquida? Zygmunt Bauman nos dice que es un individuo asediado porque busca su individualidad, singularidad y aquí viene la gran contradicción.
La autenticidad, la individualidad, la singularidad en una sociedad moderna líquida es ser como todos los del grupo, ¡una auténtica y gran contradicción! Es decir, los individuos han de ser asombrosamente parecidos, deben seguir una misma estrategia vital y usar señas compartidas, reconocibles e inteligibles por el resto del grupo (las marcas de consumo, el comportamiento, las modas, el gusto por el arte…).
La sociedad obliga a ser únicos, pero ella misma da las pautas para conseguirlo. Para satisfacer esa necesidad de individualidad, nada de buscar en nuestro interior: la autenticidad se encuentra bebiendo un determinado producto, llevando una marca de ropa interior, hablando con un determinado móvil, conduciendo un determinado coche… Todos llevan o quieren llevar las mismas marcas, van o quieren ir de vacaciones a los sitios que se han puesto de moda, leen los mismos best sellers… y todos se creen singulares. ¡Increíble!
Como dice Bauman, la lucha por la singularidad se ha convertido en el principal motor, tanto de la producción en masa como del consumo en masa. Todos son singulares utilizando las mismas marcas y aparatos, y serán más o menos singulares dependiendo de la capacidad de compra y actualización de los objetos, y ésto, evidentemente, requiere dinero.
La búsqueda de esta singularidad se ha convertido en una carrera de consumo donde hay unos pocos ganadores y muchos perdedores. Esto ha provocado la consiguiente polarización no tan solo de las sociedades, sino del planeta. Está claro que cuánto más grande es la calidad de vida de una ciudad mayor es su huella ecológica.
Esta modernidad líquida hace surgir el individuo asediado, que Bauman lo define como homo eligens, hombre elector (que no hemos de confundir con el ser humano que realmente elige). El homo eligens es un yo completamente incompleto, definidamente indefinido, auténticamente inauténtico. El homo eligens y el mercado de consumo conviven en perfecta simbiosis. El mercado no sobreviviría si el homo eligens o consumidor no se apegara a las cosas.
La sociedad moderna líquida es artificial, poco tiene de humana porque precisamente no mantiene los valores humanos atemporales, sino los materiales. Nos hace creer que nos lo da todo a cambio de nada, cosa que no es cierta. El precio que se paga por ello es convertirse en ese humano asediado o ese hombre “light” que simplemente escoge egoístamente lo que más le conviene o gusta en cada momento.
(Adaptado de: http://www.revistaesfinge.com.)
De acuerdo con Bauman, la sociedad líquida
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