Questões de Espanhol
11.733 Questões
Questão 17 127238
FDF 2016Día Internacional para la Prevención de la Explotación del Medio Ambiente en la
Guerra y los Conflictos Armados
6 de noviembre
«Debemos utilizar todas las herramientas a nuestra disposición, desde el diálogo y la mediación hasta la diplomacia preventiva, para evitar que la explotación insostenible de los recursos naturales alimente y financie los conflictos armados y desestabilice los frágiles cimientos de la paz.»
Secretario General Ban Ki-moon
Aunque la humanidad siempre ha contado sus víctimas de guerra en términos de soldados y civiles muertos y heridos, ciudades y medios de vida destruidos, con frecuencia el medio ambiente ha sido la víctima olvidada. Los pozos de agua han sido contaminados, los cultivos quemados, los bosques talados, los suelos envenenados y los animales sacrificados para obtener una ventaja militar.
Para concienciar sobre este asunto, la Asamblea General declaró el Día Internacional para la prevención de la explotación del medio ambiente en la guerra y los conflictos armados, el cual se celebrará el 6 de noviembre de cada año (resolución 56/4).
Además, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) señala que en los últimos 60 años al menos el 40% de los conflictos internos han tenido alguna relación con la explotación de los recursos naturales, tanto por ser considerados de «mucho valor», como madera, diamantes, oro, minerales o petróleo, como por ser escasos, por ejemplo, la tierra fértil y el agua. Cuando se trata de conflictos relativos a los recursos naturales se duplica el riesgo de recaer en el conflicto.
Las Naciones Unidas conceden gran importancia a garantizar que la actuación sobre el medio ambiente es parte de la prevención de conflictos, del mantenimiento de la paz y de las estrategias de consolidación de la paz, porque no puede haber paz duradera si los recursos naturales que sostienen los medios de subsistencia y los ecosistemas son destruidos. Fuente:
http://www.un.org/es/events/environmentconflictday/ Acceso el 09/11/2015
A palavra “aunque”, que aparece no primeiro parágrafo depois da epígrafe, estabelece a ideia de
Questão 15 127236
FDF 2016Día Internacional para la Prevención de la Explotación del Medio Ambiente en la
Guerra y los Conflictos Armados
6 de noviembre
«Debemos utilizar todas las herramientas a nuestra disposición, desde el diálogo y la mediación hasta la diplomacia preventiva, para evitar que la explotación insostenible de los recursos naturales alimente y financie los conflictos armados y desestabilice los frágiles cimientos de la paz.»
Secretario General Ban Ki-moon
Aunque la humanidad siempre ha contado sus víctimas de guerra en términos de soldados y civiles muertos y heridos, ciudades y medios de vida destruidos, con frecuencia el medio ambiente ha sido la víctima olvidada. Los pozos de agua han sido contaminados, los cultivos quemados, los bosques talados, los suelos envenenados y los animales sacrificados para obtener una ventaja militar.
Para concienciar sobre este asunto, la Asamblea General declaró el Día Internacional para la prevención de la explotación del medio ambiente en la guerra y los conflictos armados, el cual se celebrará el 6 de noviembre de cada año (resolución 56/4).
Además, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) señala que en los últimos 60 años al menos el 40% de los conflictos internos han tenido alguna relación con la explotación de los recursos naturales, tanto por ser considerados de «mucho valor», como madera, diamantes, oro, minerales o petróleo, como por ser escasos, por ejemplo, la tierra fértil y el agua. Cuando se trata de conflictos relativos a los recursos naturales se duplica el riesgo de recaer en el conflicto.
Las Naciones Unidas conceden gran importancia a garantizar que la actuación sobre el medio ambiente es parte de la prevención de conflictos, del mantenimiento de la paz y de las estrategias de consolidación de la paz, porque no puede haber paz duradera si los recursos naturales que sostienen los medios de subsistencia y los ecosistemas son destruidos. Fuente:
http://www.un.org/es/events/environmentconflictday/ Acceso el 09/11/2015
De acordo com o texto, o dia 6 de novembro deverá
Questão 22 126828
UPF Inverno 2016Soledad, una nueva epidemia
Una de cada tres personas se siente sola en la sociedad de la hiperconexión y las redes sociales. ¿Qué está fallando?

John T. Cacioppo / Stephanie Cacioppo
Reflejo en una ventana de Altamira\' (Caracas), del fotógrafo Christopher Anderson. Magnum
Cualquiera puede padecer soledad crónica: un chico de 12 años que se traslada a un colegio nuevo; un joven que después de
crecer en un pueblo se siente perdido en la gran ciudad; una ejecutiva que está demasiado ocupada con su carrera para mantener
buenas relaciones con sus familiares y amigos; un anciano que ha sobrevivido a su cónyuge y cuya mala salud le dificulta ir
a visitar a nadie. La generalización del sentimiento de soledad es asombrosa. Varios estudios internacionales indican que más
de una de cada tres personas en los países occidentales se siente sola habitualmente o con frecuencia. Un estudio de 10 años
que iniciamos en 2002 en una gran área metropolitana indica que, en realidad, esa proporción se aproxima más a una de cada
cuatro personas en algunas zonas, una cifra que sigue siendo muy alta.
La mayoría de estas personas quizá no son solitarias por naturaleza, pero se sienten socialmente aisladas aunque estén rodeadas
de gente. El sentimiento de soledad, al principio, hace que una persona intente entablar relación con otras, pero con el tiempo
la soledad puede fomentar el retraimiento, porque parece una alternativa mejor que el dolor del rechazo, la traición o la
vergüenza. Cuando la soledad se vuelve crónica, las personas tienden a resignarse. Pueden tener familia, amigos o un gran
círculo de seguidores en las redes sociales, pero no se sienten verdaderamente en sintonía con nadie.
Una persona que se siente sola suele estar más angustiada, deprimida y hostil, y tiene menos probabilidades de llevar a cabo
actividades físicas. Como las personas solitarias tienden más a tener relaciones negativas con otros, el sentimiento puede ser
contagioso. Las pruebas biológicas realizadas muestran que la soledad tiene varias consecuencias físicas: se elevan los niveles
de cortisol —una hormona del estrés—, se incrementa la resistencia a la circulación de la sangre y disminuyen ciertos aspectos
de la inmunidad. Y los efectos dañinos de la soledad no se acaban cuando se apaga la luz: la soledad es una enfermedad que
no descansa, que aumenta la frecuencia de los microdespertares durante el sueño, por lo que la persona se levanta agotada. El
motivo es que, cuando el cerebro capta su entorno social como algo hostil y poco seguro, permanece constantemente en alerta.
Y las respuestas del cerebro solitario pueden servir para la supervivencia inmediata. Pero en la sociedad contemporánea, a
largo plazo, tiene costes para la salud.
Los familiares y amigos suelen ser los primeros en detectar los síntomas de soledad crónica. Cuando una persona está triste e
irritable, quizá está pidiendo en silencio que alguien la ayude y conecte con ella. La paciencia, la empatía, el apoyo de amigos
y familiares, compartir buenos momentos con ellos, todo eso puede hacer que sea más fácil recuperar la confianza y los
vínculos y, en definitiva, reducir la soledad crónica. Por desgracia, para muchos hablar con franqueza sobre la soledad sigue
siendo difícil, porque es una condición mal comprendida y estigmatizada. Sin embargo, dada su frecuencia y sus repercusiones
en la salud, tendría que estar reconocida como un problema de salud pública.
¿Las redes sociales pueden abrir nuevas vías para conectar con los demás? Depende de cómo se usen. Cuando la gente utiliza
las redes para enriquecer las interacciones personales, pueden ayudar a disminuir la soledad. Pero cuando sirven de sustitutas
de una auténtica relación humana, causan el resultado opuesto. Muchas personas solas tienden a considerar las redes sociales
como refugios relativamente seguros para relacionarse con los demás. Como en el ciberespacio resulta difícil juzgar si los
otros son dignos de confianza, la relación es superficial. Además, una conexión a través de Internet no sustituye a una real.
Cuando un niño se cae y se hace daño en la rodilla, una nota comprensiva o una llamada a través de Skype no sustituye al
abrazo consolador de sus padres.
(Disponible en: http://elpais.com/elpais/2016/04/06/ciencia/1459949778_182740.html. Adaptado. Accedido el 10/04/2016)
El verbo ‘soler’ aparece en las líneas 13 y 22, en ‘suele estar’ y ‘suelen ser’.
En esas construcciones, el uso del verbo soler está relacionado a:
Questão 21 126827
UPF Inverno 2016Soledad, una nueva epidemia
Una de cada tres personas se siente sola en la sociedad de la hiperconexión y las redes sociales. ¿Qué está fallando?

John T. Cacioppo / Stephanie Cacioppo
Reflejo en una ventana de Altamira\' (Caracas), del fotógrafo Christopher Anderson. Magnum
Cualquiera puede padecer soledad crónica: un chico de 12 años que se traslada a un colegio nuevo; un joven que después de
crecer en un pueblo se siente perdido en la gran ciudad; una ejecutiva que está demasiado ocupada con su carrera para mantener
buenas relaciones con sus familiares y amigos; un anciano que ha sobrevivido a su cónyuge y cuya mala salud le dificulta ir
a visitar a nadie. La generalización del sentimiento de soledad es asombrosa. Varios estudios internacionales indican que más
de una de cada tres personas en los países occidentales se siente sola habitualmente o con frecuencia. Un estudio de 10 años
que iniciamos en 2002 en una gran área metropolitana indica que, en realidad, esa proporción se aproxima más a una de cada
cuatro personas en algunas zonas, una cifra que sigue siendo muy alta.
La mayoría de estas personas quizá no son solitarias por naturaleza, pero se sienten socialmente aisladas aunque estén rodeadas
de gente. El sentimiento de soledad, al principio, hace que una persona intente entablar relación con otras, pero con el tiempo
la soledad puede fomentar el retraimiento, porque parece una alternativa mejor que el dolor del rechazo, la traición o la
vergüenza. Cuando la soledad se vuelve crónica, las personas tienden a resignarse. Pueden tener familia, amigos o un gran
círculo de seguidores en las redes sociales, pero no se sienten verdaderamente en sintonía con nadie.
Una persona que se siente sola suele estar más angustiada, deprimida y hostil, y tiene menos probabilidades de llevar a cabo
actividades físicas. Como las personas solitarias tienden más a tener relaciones negativas con otros, el sentimiento puede ser
contagioso. Las pruebas biológicas realizadas muestran que la soledad tiene varias consecuencias físicas: se elevan los niveles
de cortisol —una hormona del estrés—, se incrementa la resistencia a la circulación de la sangre y disminuyen ciertos aspectos
de la inmunidad. Y los efectos dañinos de la soledad no se acaban cuando se apaga la luz: la soledad es una enfermedad que
no descansa, que aumenta la frecuencia de los microdespertares durante el sueño, por lo que la persona se levanta agotada. El
motivo es que, cuando el cerebro capta su entorno social como algo hostil y poco seguro, permanece constantemente en alerta.
Y las respuestas del cerebro solitario pueden servir para la supervivencia inmediata. Pero en la sociedad contemporánea, a
largo plazo, tiene costes para la salud.
Los familiares y amigos suelen ser los primeros en detectar los síntomas de soledad crónica. Cuando una persona está triste e
irritable, quizá está pidiendo en silencio que alguien la ayude y conecte con ella. La paciencia, la empatía, el apoyo de amigos
y familiares, compartir buenos momentos con ellos, todo eso puede hacer que sea más fácil recuperar la confianza y los
vínculos y, en definitiva, reducir la soledad crónica. Por desgracia, para muchos hablar con franqueza sobre la soledad sigue
siendo difícil, porque es una condición mal comprendida y estigmatizada. Sin embargo, dada su frecuencia y sus repercusiones
en la salud, tendría que estar reconocida como un problema de salud pública.
¿Las redes sociales pueden abrir nuevas vías para conectar con los demás? Depende de cómo se usen. Cuando la gente utiliza
las redes para enriquecer las interacciones personales, pueden ayudar a disminuir la soledad. Pero cuando sirven de sustitutas
de una auténtica relación humana, causan el resultado opuesto. Muchas personas solas tienden a considerar las redes sociales
como refugios relativamente seguros para relacionarse con los demás. Como en el ciberespacio resulta difícil juzgar si los
otros son dignos de confianza, la relación es superficial. Además, una conexión a través de Internet no sustituye a una real.
Cuando un niño se cae y se hace daño en la rodilla, una nota comprensiva o una llamada a través de Skype no sustituye al
abrazo consolador de sus padres.
(Disponible en: http://elpais.com/elpais/2016/04/06/ciencia/1459949778_182740.html. Adaptado. Accedido el 10/04/2016)
Según el texto, la soledad:
Questão 19 126825
UPF Inverno 2016Soledad, una nueva epidemia
Una de cada tres personas se siente sola en la sociedad de la hiperconexión y las redes sociales. ¿Qué está fallando?

John T. Cacioppo / Stephanie Cacioppo
Reflejo en una ventana de Altamira\' (Caracas), del fotógrafo Christopher Anderson. Magnum
Cualquiera puede padecer soledad crónica: un chico de 12 años que se traslada a un colegio nuevo; un joven que después de
crecer en un pueblo se siente perdido en la gran ciudad; una ejecutiva que está demasiado ocupada con su carrera para mantener
buenas relaciones con sus familiares y amigos; un anciano que ha sobrevivido a su cónyuge y cuya mala salud le dificulta ir
a visitar a nadie. La generalización del sentimiento de soledad es asombrosa. Varios estudios internacionales indican que más
de una de cada tres personas en los países occidentales se siente sola habitualmente o con frecuencia. Un estudio de 10 años
que iniciamos en 2002 en una gran área metropolitana indica que, en realidad, esa proporción se aproxima más a una de cada
cuatro personas en algunas zonas, una cifra que sigue siendo muy alta.
La mayoría de estas personas quizá no son solitarias por naturaleza, pero se sienten socialmente aisladas aunque estén rodeadas
de gente. El sentimiento de soledad, al principio, hace que una persona intente entablar relación con otras, pero con el tiempo
la soledad puede fomentar el retraimiento, porque parece una alternativa mejor que el dolor del rechazo, la traición o la
vergüenza. Cuando la soledad se vuelve crónica, las personas tienden a resignarse. Pueden tener familia, amigos o un gran
círculo de seguidores en las redes sociales, pero no se sienten verdaderamente en sintonía con nadie.
Una persona que se siente sola suele estar más angustiada, deprimida y hostil, y tiene menos probabilidades de llevar a cabo
actividades físicas. Como las personas solitarias tienden más a tener relaciones negativas con otros, el sentimiento puede ser
contagioso. Las pruebas biológicas realizadas muestran que la soledad tiene varias consecuencias físicas: se elevan los niveles
de cortisol —una hormona del estrés—, se incrementa la resistencia a la circulación de la sangre y disminuyen ciertos aspectos
de la inmunidad. Y los efectos dañinos de la soledad no se acaban cuando se apaga la luz: la soledad es una enfermedad que
no descansa, que aumenta la frecuencia de los microdespertares durante el sueño, por lo que la persona se levanta agotada. El
motivo es que, cuando el cerebro capta su entorno social como algo hostil y poco seguro, permanece constantemente en alerta.
Y las respuestas del cerebro solitario pueden servir para la supervivencia inmediata. Pero en la sociedad contemporánea, a
largo plazo, tiene costes para la salud.
Los familiares y amigos suelen ser los primeros en detectar los síntomas de soledad crónica. Cuando una persona está triste e
irritable, quizá está pidiendo en silencio que alguien la ayude y conecte con ella. La paciencia, la empatía, el apoyo de amigos
y familiares, compartir buenos momentos con ellos, todo eso puede hacer que sea más fácil recuperar la confianza y los
vínculos y, en definitiva, reducir la soledad crónica. Por desgracia, para muchos hablar con franqueza sobre la soledad sigue
siendo difícil, porque es una condición mal comprendida y estigmatizada. Sin embargo, dada su frecuencia y sus repercusiones
en la salud, tendría que estar reconocida como un problema de salud pública.
¿Las redes sociales pueden abrir nuevas vías para conectar con los demás? Depende de cómo se usen. Cuando la gente utiliza
las redes para enriquecer las interacciones personales, pueden ayudar a disminuir la soledad. Pero cuando sirven de sustitutas
de una auténtica relación humana, causan el resultado opuesto. Muchas personas solas tienden a considerar las redes sociales
como refugios relativamente seguros para relacionarse con los demás. Como en el ciberespacio resulta difícil juzgar si los
otros son dignos de confianza, la relación es superficial. Además, una conexión a través de Internet no sustituye a una real.
Cuando un niño se cae y se hace daño en la rodilla, una nota comprensiva o una llamada a través de Skype no sustituye al
abrazo consolador de sus padres.
(Disponible en: http://elpais.com/elpais/2016/04/06/ciencia/1459949778_182740.html. Adaptado. Accedido el 10/04/2016)
La palabra ‘nadie’ (línea 12) tiene como su antónimo:
Questão 17 126823
UPF Inverno 2016Soledad, una nueva epidemia
Una de cada tres personas se siente sola en la sociedad de la hiperconexión y las redes sociales. ¿Qué está fallando?

John T. Cacioppo / Stephanie Cacioppo
Reflejo en una ventana de Altamira\' (Caracas), del fotógrafo Christopher Anderson. Magnum
Cualquiera puede padecer soledad crónica: un chico de 12 años que se traslada a un colegio nuevo; un joven que después de
crecer en un pueblo se siente perdido en la gran ciudad; una ejecutiva que está demasiado ocupada con su carrera para mantener
buenas relaciones con sus familiares y amigos; un anciano que ha sobrevivido a su cónyuge y cuya mala salud le dificulta ir
a visitar a nadie. La generalización del sentimiento de soledad es asombrosa. Varios estudios internacionales indican que más
de una de cada tres personas en los países occidentales se siente sola habitualmente o con frecuencia. Un estudio de 10 años
que iniciamos en 2002 en una gran área metropolitana indica que, en realidad, esa proporción se aproxima más a una de cada
cuatro personas en algunas zonas, una cifra que sigue siendo muy alta.
La mayoría de estas personas quizá no son solitarias por naturaleza, pero se sienten socialmente aisladas aunque estén rodeadas
de gente. El sentimiento de soledad, al principio, hace que una persona intente entablar relación con otras, pero con el tiempo
la soledad puede fomentar el retraimiento, porque parece una alternativa mejor que el dolor del rechazo, la traición o la
vergüenza. Cuando la soledad se vuelve crónica, las personas tienden a resignarse. Pueden tener familia, amigos o un gran
círculo de seguidores en las redes sociales, pero no se sienten verdaderamente en sintonía con nadie.
Una persona que se siente sola suele estar más angustiada, deprimida y hostil, y tiene menos probabilidades de llevar a cabo
actividades físicas. Como las personas solitarias tienden más a tener relaciones negativas con otros, el sentimiento puede ser
contagioso. Las pruebas biológicas realizadas muestran que la soledad tiene varias consecuencias físicas: se elevan los niveles
de cortisol —una hormona del estrés—, se incrementa la resistencia a la circulación de la sangre y disminuyen ciertos aspectos
de la inmunidad. Y los efectos dañinos de la soledad no se acaban cuando se apaga la luz: la soledad es una enfermedad que
no descansa, que aumenta la frecuencia de los microdespertares durante el sueño, por lo que la persona se levanta agotada. El
motivo es que, cuando el cerebro capta su entorno social como algo hostil y poco seguro, permanece constantemente en alerta.
Y las respuestas del cerebro solitario pueden servir para la supervivencia inmediata. Pero en la sociedad contemporánea, a
largo plazo, tiene costes para la salud.
Los familiares y amigos suelen ser los primeros en detectar los síntomas de soledad crónica. Cuando una persona está triste e
irritable, quizá está pidiendo en silencio que alguien la ayude y conecte con ella. La paciencia, la empatía, el apoyo de amigos
y familiares, compartir buenos momentos con ellos, todo eso puede hacer que sea más fácil recuperar la confianza y los
vínculos y, en definitiva, reducir la soledad crónica. Por desgracia, para muchos hablar con franqueza sobre la soledad sigue
siendo difícil, porque es una condición mal comprendida y estigmatizada. Sin embargo, dada su frecuencia y sus repercusiones
en la salud, tendría que estar reconocida como un problema de salud pública.
¿Las redes sociales pueden abrir nuevas vías para conectar con los demás? Depende de cómo se usen. Cuando la gente utiliza
las redes para enriquecer las interacciones personales, pueden ayudar a disminuir la soledad. Pero cuando sirven de sustitutas
de una auténtica relación humana, causan el resultado opuesto. Muchas personas solas tienden a considerar las redes sociales
como refugios relativamente seguros para relacionarse con los demás. Como en el ciberespacio resulta difícil juzgar si los
otros son dignos de confianza, la relación es superficial. Además, una conexión a través de Internet no sustituye a una real.
Cuando un niño se cae y se hace daño en la rodilla, una nota comprensiva o una llamada a través de Skype no sustituye al
abrazo consolador de sus padres.
(Disponible en: http://elpais.com/elpais/2016/04/06/ciencia/1459949778_182740.html. Adaptado. Accedido el 10/04/2016)
De acuerdo al texto, es correcto afirmar que:
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