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Questão 57 3538658
Campo Real Medicina 2019O texto a seguir é referência para a questão.
Tengo 34 años y hace tres me diagnosticaron autismo
Tengo 34 años y hace tres me diagnosticaron Trastorno del Espectro del Autismo (TEA). Llamar a alguien “autista” se convirtió, hace ya tiempo, en un insulto. Bien pensado, todo es susceptible de ser utilizado como insulto: ser alto, ser bajo, llevar gafas, tener mucho pelo, tener poco pelo, ser cojo, ser listo, ser tonto... en fin, la lista es larguísima. Por eso, cuando me enteré que estaba dentro de eso que llaman autismo, flipé. Por si no me habían rechazado poco en mi vida, encima ahora me llamarían “autista”...
Pero, a la larga, el diagnóstico ha sido literalmente mi salvación. Y la de mi familia. Tengo más paciencia conmigo; tienen más paciencia conmigo. Tomo una medicación adecuada para regular mis niveles de serotonina y me reconozco a mí misma en el espejo. Soy la misma persona que era antes, pero ha salido de la nada un aura que me rodea y me protege. Aunque los síntomas del autismo no siempre son los mismos, os contaré los que yo he conocido y cómo he tenido que esforzarme para desenvolverme en el día a día.
Aparentemente tenía las mismas habilidades que mis compañeros del colegio, pero siempre me costó enfrentarme a cuestiones prácticas. Ahora que los ordenadores se van metiendo en las aulas, no sé si en los colegios seguirán existiendo esos muñecos de cartón a los que se les ataba la ropa con lazadas. Siempre tuve pánico a que llegara mi turno de hacerlo... Pero claro, llegó mi turno y tuve que reconocer abiertamente que era incapaz. ¿Qué solución encontró la maestra? Castigarme y exigirme que hiciese los nudos en la media hora del recreo. ¿Acaso pensaba que bajaría el dios de los cordones y me susurraría cómo hacerlo? Al final aprendí a hacer un moñigo muy aparente que es el que vengo realizando desde entonces.
La anécdota de los cordones también sirve para explicar otros aspectos de mi vida. Para mí, lo mejor de mi etapa en el colegio es que ya quedó atrás. ¿Que no sabes hacer algo? Se te castiga. ¿Que eres lenta? Se te castiga. ¿Que eres muy buena en algunas cosas y dejas en evidencia al docente? Se te castiga. ¿Pero qué hay que hacer para aprender correctamente en este país? En el colegio yo no era la única paria de mi clase. Pero no conozco ningún otro caso en el que dos compañeros prohibiesen al resto que me dirigiesen la palabra. Para los profesores este tipo de actitudes o bien pasan desapercibidas o bien las entienden como algo normal.
Pero todavía debo seguir aprendiendo. Siempre me equivoco con la gente. Las personas con autismo solemos tener más problemas en la interacción, a la hora de interpretar los gestos, las palabras y las intenciones de los demás. En la mayoría de personas hay una campanita interior que te avisa de que, aunque te esté sonriendo, no caes bien a la persona que tienes delante; o de que te la puede armar; o incluso de que se aprovechará de ti. Pues bien, en mi caso esa campanita suena siempre que conozco a alguien. No puedo confiar en la gente, de modo que para no enloquecer, o para no quedarme encerrada en casa, me dejo manipular, ridiculizar y marginar hasta que me canso.
Hace unos días, al despedirse de mí, me dijo el psiquiatra: “Te hace falta un poco de pillería de la que les sobra a los demás”. El tío es buenísimo y siempre son acertadas sus palabras, pero en este caso me vi obligada a corregirle: “Tal vez sea a ellos a los que les hace falta un poco de la inocencia que me sobra a mí”. No pudo por menos que darme la razón, y cualquiera que conozca a alguien como yo entenderá a qué nos referimos.
(Texto adaptado. Disponível em: https://verne.elpais.com/verne/2015/11/11/articulo/1447244792_653269.html.)
A partir de las informaciones del texto, es correcto afirmar que entre las intenciones de publicarlo están:
Questão 56 3538645
Campo Real Medicina 2019O texto a seguir é referência para a questão.
La orfandad funcional de los adolescentes
Por Sergio Sinay
Tras un tiroteo en una escuela de Estocolmo, Maja, de 18 años, una chica como tantas, es acusada de asesinato. Para saber si ella es, o no, una asesina habrá que transitar los seis capítulos de la miniserie sueca Arenas movedizas, en Netflix.
Algo similar ocurrirá si se pretende seguir las peripecias de Otis Milburn, un adolescente tímido y virgen que vive con su madre. Esto ocurre en Sex Education, otra serie que se ve en streaming.
Aunque muchas personas creen hoy que la vida pasa por Netflix y otras plataformas digitales que ofrecen contenido audiovisual y dedican preciosas horas de su vida a doparse con series, lo que muestran estas historias de ficción es un pálido reflejo del mundo verdadero.
En ese mundo, hay una epidemia de orfandad funcional traducida en legiones de adolescentes que andan a la deriva por la vida, sin brújulas orientadoras y sin un faro que guíe su navegación cuando arrecian las tormentas existenciales.
Orfandad funcional significa que sus padres y madres están vivos, que conviven con ellos, que incluso los atiborran de bienes materiales, que acuden prestos a todos sus deseos, pero que están ausentes de las funciones parentales cuya responsabilidad es ineludible e indelegable. Estas son: transmisión de valores a través de conductas y actitudes, fijación de límites orientadores, presencia real y encarnada (no digital, vía celular y redes sociales), contención afectiva, diálogo y escucha, preparación y entrenamiento para un crecimiento psíquico, no solamente físico y cronológico, que les permita en el futuro cercano abandonar el nido y funcionar en el mundo como seres autónomos.
¿Parece demasiado? En verdad, no es ni mucho ni poco. Se trata de la tarea de criar, guiar y educar, que es inherente a la función materna y paterna. Este trabajo no puede ser tercerizado, aunque con frecuencia se pretende hacerlo recargando sobre la escuela y otros ámbitos lo que solo padres y madres pueden y deben hacer.
Un hijo o hija se presentan en nuestra vida de padres como una pregunta que nadie podrá responder por nosotros. La pregunta es: ¿a qué vine a la vida, para qué estoy aquí, hacia dónde y con qué recursos debo ir?
Ya que ustedes me convocaron, de ustedes espero la respuesta. En su raíz latina esta palabra significa capacidad de responder. Y no de hacerlo con palabras y formalmente, sino con actitudes, con acciones.
Cuando esto se combina con algunas creencias disfuncionales, como la de creer que los padres deben ser “amigos” de sus hijos, o que deben mantenerlos eternamente satisfechos para no lidiar con sus malas caras (y para dejarlos desprovistos de sistema inmunológico frente a la frustración o a los obstáculos de la vida), el panorama oscurece. Más aun cuando aflora el miedo a los hijos, lo que termina por convertir al vínculo con ellos en una transacción casi comercial (te doy a cambio de que me quieras, no me discutas, no me cuestiones o te portes bien) y no en una relación de amor.
Nunca fue fácil ser adolescente ni ser padre o madre. En cada época por diferentes razones. Pero en todas es esencial mantener la asimetría necesaria, fecundante y orientadora de un vínculo que no es entre pares, sino que se gestó por la decisión y elección de unos de sus miembros (los padres). Y son ellos quienes tienen las respuestas que los adolescentes buscan como pueden y a través de conductas a menudo riesgosas y trágicas. Esas respuestas se esperan en la vida, no en Netflix.
(Texto adaptado. Disponible en: https://www.sophiaonline.com.ar/la-orfandad-funcional-de-los-adolescentes/)
Considera las siguientes conductas:
1. Dejar que los hijos tracen su propia trayectoria de modo a entrenar su autonomía.
2. Saber dialogar y a escuchar tantas veces sea necesario.
3. Acompañar el desarrollo emotivo de los hijos.
4. Estar constantemente disponibles en los medios virtuales.
De acuerdo con el texto, es/son conducta(s) que los padres pueden tomar para mejor educar a sus hijos:
Questão 55 3538623
Campo Real Medicina 2019O texto a seguir é referência para a questão.
La orfandad funcional de los adolescentes
Por Sergio Sinay
Tras un tiroteo en una escuela de Estocolmo, Maja, de 18 años, una chica como tantas, es acusada de asesinato. Para saber si ella es, o no, una asesina habrá que transitar los seis capítulos de la miniserie sueca Arenas movedizas, en Netflix.
Algo similar ocurrirá si se pretende seguir las peripecias de Otis Milburn, un adolescente tímido y virgen que vive con su madre. Esto ocurre en Sex Education, otra serie que se ve en streaming.
Aunque muchas personas creen hoy que la vida pasa por Netflix y otras plataformas digitales que ofrecen contenido audiovisual y dedican preciosas horas de su vida a doparse con series, lo que muestran estas historias de ficción es un pálido reflejo del mundo verdadero.
En ese mundo, hay una epidemia de orfandad funcional traducida en legiones de adolescentes que andan a la deriva por la vida, sin brújulas orientadoras y sin un faro que guíe su navegación cuando arrecian las tormentas existenciales.
Orfandad funcional significa que sus padres y madres están vivos, que conviven con ellos, que incluso los atiborran de bienes materiales, que acuden prestos a todos sus deseos, pero que están ausentes de las funciones parentales cuya responsabilidad es ineludible e indelegable. Estas son: transmisión de valores a través de conductas y actitudes, fijación de límites orientadores, presencia real y encarnada (no digital, vía celular y redes sociales), contención afectiva, diálogo y escucha, preparación y entrenamiento para un crecimiento psíquico, no solamente físico y cronológico, que les permita en el futuro cercano abandonar el nido y funcionar en el mundo como seres autónomos.
¿Parece demasiado? En verdad, no es ni mucho ni poco. Se trata de la tarea de criar, guiar y educar, que es inherente a la función materna y paterna. Este trabajo no puede ser tercerizado, aunque con frecuencia se pretende hacerlo recargando sobre la escuela y otros ámbitos lo que solo padres y madres pueden y deben hacer.
Un hijo o hija se presentan en nuestra vida de padres como una pregunta que nadie podrá responder por nosotros. La pregunta es: ¿a qué vine a la vida, para qué estoy aquí, hacia dónde y con qué recursos debo ir?
Ya que ustedes me convocaron, de ustedes espero la respuesta. En su raíz latina esta palabra significa capacidad de responder. Y no de hacerlo con palabras y formalmente, sino con actitudes, con acciones.
Cuando esto se combina con algunas creencias disfuncionales, como la de creer que los padres deben ser “amigos” de sus hijos, o que deben mantenerlos eternamente satisfechos para no lidiar con sus malas caras (y para dejarlos desprovistos de sistema inmunológico frente a la frustración o a los obstáculos de la vida), el panorama oscurece. Más aun cuando aflora el miedo a los hijos, lo que termina por convertir al vínculo con ellos en una transacción casi comercial (te doy a cambio de que me quieras, no me discutas, no me cuestiones o te portes bien) y no en una relación de amor.
Nunca fue fácil ser adolescente ni ser padre o madre. En cada época por diferentes razones. Pero en todas es esencial mantener la asimetría necesaria, fecundante y orientadora de un vínculo que no es entre pares, sino que se gestó por la decisión y elección de unos de sus miembros (los padres). Y son ellos quienes tienen las respuestas que los adolescentes buscan como pueden y a través de conductas a menudo riesgosas y trágicas. Esas respuestas se esperan en la vida, no en Netflix.
(Texto adaptado. Disponible en: https://www.sophiaonline.com.ar/la-orfandad-funcional-de-los-adolescentes/)
Se entiende por orfandad funcional:
Questão 54 3538610
Campo Real Medicina 2019O texto a seguir é referência para a questão.
La orfandad funcional de los adolescentes
Por Sergio Sinay
Tras un tiroteo en una escuela de Estocolmo, Maja, de 18 años, una chica como tantas, es acusada de asesinato. Para saber si ella es, o no, una asesina habrá que transitar los seis capítulos de la miniserie sueca Arenas movedizas, en Netflix.
Algo similar ocurrirá si se pretende seguir las peripecias de Otis Milburn, un adolescente tímido y virgen que vive con su madre. Esto ocurre en Sex Education, otra serie que se ve en streaming.
Aunque muchas personas creen hoy que la vida pasa por Netflix y otras plataformas digitales que ofrecen contenido audiovisual y dedican preciosas horas de su vida a doparse con series, lo que muestran estas historias de ficción es un pálido reflejo del mundo verdadero.
En ese mundo, hay una epidemia de orfandad funcional traducida en legiones de adolescentes que andan a la deriva por la vida, sin brújulas orientadoras y sin un faro que guíe su navegación cuando arrecian las tormentas existenciales.
Orfandad funcional significa que sus padres y madres están vivos, que conviven con ellos, que incluso los atiborran de bienes materiales, que acuden prestos a todos sus deseos, pero que están ausentes de las funciones parentales cuya responsabilidad es ineludible e indelegable. Estas son: transmisión de valores a través de conductas y actitudes, fijación de límites orientadores, presencia real y encarnada (no digital, vía celular y redes sociales), contención afectiva, diálogo y escucha, preparación y entrenamiento para un crecimiento psíquico, no solamente físico y cronológico, que les permita en el futuro cercano abandonar el nido y funcionar en el mundo como seres autónomos.
¿Parece demasiado? En verdad, no es ni mucho ni poco. Se trata de la tarea de criar, guiar y educar, que es inherente a la función materna y paterna. Este trabajo no puede ser tercerizado, aunque con frecuencia se pretende hacerlo recargando sobre la escuela y otros ámbitos lo que solo padres y madres pueden y deben hacer.
Un hijo o hija se presentan en nuestra vida de padres como una pregunta que nadie podrá responder por nosotros. La pregunta es: ¿a qué vine a la vida, para qué estoy aquí, hacia dónde y con qué recursos debo ir?
Ya que ustedes me convocaron, de ustedes espero la respuesta. En su raíz latina esta palabra significa capacidad de responder. Y no de hacerlo con palabras y formalmente, sino con actitudes, con acciones.
Cuando esto se combina con algunas creencias disfuncionales, como la de creer que los padres deben ser “amigos” de sus hijos, o que deben mantenerlos eternamente satisfechos para no lidiar con sus malas caras (y para dejarlos desprovistos de sistema inmunológico frente a la frustración o a los obstáculos de la vida), el panorama oscurece. Más aun cuando aflora el miedo a los hijos, lo que termina por convertir al vínculo con ellos en una transacción casi comercial (te doy a cambio de que me quieras, no me discutas, no me cuestiones o te portes bien) y no en una relación de amor.
Nunca fue fácil ser adolescente ni ser padre o madre. En cada época por diferentes razones. Pero en todas es esencial mantener la asimetría necesaria, fecundante y orientadora de un vínculo que no es entre pares, sino que se gestó por la decisión y elección de unos de sus miembros (los padres). Y son ellos quienes tienen las respuestas que los adolescentes buscan como pueden y a través de conductas a menudo riesgosas y trágicas. Esas respuestas se esperan en la vida, no en Netflix.
(Texto adaptado. Disponible en: https://www.sophiaonline.com.ar/la-orfandad-funcional-de-los-adolescentes/)
Los padres y madres no están cumpliendo con su tarea parental porque:
Questão 4 3375628
UFMS PASSE - 1ª Etapa 2019-2021Leia atentamente o texto a seguir.
No puedo más con Luis. No trabaja, está todo el santo día fuera de casa vendiendo humo: que va a ganar mucho dinero, que me va a llevar a Perú de vacaciones. Es un mentiroso y un vago.
(VRANIC, Gordana. Hablar por los codos: frases para un español cotidiano. Madrid: Edelsa, 2009. p. 80).
O significado da expressão idiomática “vendiendo humo” em português é:
Questão 2 3375600
UFMS PASSE - 1ª Etapa 2019-2021Leia o texto a seguir.
Soy italiano y llevo un año viviendo en Barcelona. En general la gente me parecía amable, excepto la señora del quiosco donde todas las mañanas voy a comprar el periódico. Es una señora mayor que no conozco, así que le hablo siempre de usted. Ella siempre me habla de tú y me parecía de mala educación, de poco respeto y me hacía sentir muy mal. Hasta que supe que era normal en España tutear a una persona más joven [...]. En Italia sería imposible una situación parecida. Allí si no conoces a alguien, siempre tienes que hablarle de usted.
(OLIVERAS VILASECA, Àngels. Hacia la competencia intercultural en el aprendizaje de una lengua extranjera. Estudio del choque cultural y los malentendidos. Madrid: Edinumen, 2000. p. 78).
As formas verbais “soy”, “parecía”, “voy”, “supe”, “sería” no infinitivo, respectivamente, são:
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