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Questão 20 7051579
UPF Inverno 2019Texto
Un día de estos
Un día de estos
El lunes amaneció tibio y sin lluvia. Don Aurelio Escovar, dentista sin título y buen madrugador, abrió su gabinete a las seis.
Sacó de la vidriera una dentadura postiza montada aún en el molde de yeso y puso sobre la mesa un puñado de instrumentos
que ordenó de mayor a menor, como en una exposición. Llevaba una camisa a rayas, sin cuello, cerrada arriba con un botón
dorado, y los pantalones sostenidos por cargadores elásticos. Era rígido, enjuto, con una mirada que raras veces correspondía
[05] a la situación, como la mirada de los sordos.
Cuando tuvo las cosas dispuestas sobre la mesa, rodó la fresa hacia el sillón de resortes y se sentó a pulir la dentadura postiza.
Parecía no pensar en lo que hacía, pero trabajaba con obstinación, pedaleando en la fresa incluso cuando no se servía de ella.
Después de las ocho hizo una pausa para mirar el cielo por la ventana y vio dos gallinazos pensativos que se secaban al sol en
el caballete de la casa vecina. Siguió trabajando con la idea de que antes del almuerzo volvería a llover. La voz destemplada de
[10] su hijo de once años le sacó de su abstracción.
-Papá.
-Qué.
-Dice el alcalde que si le sacas una muela.
-Dile que no estoy aquí.
[15] Estaba puliendo un diente de oro. Lo retiró a la distancia del brazo y lo examinó con los ojos a medio cerrar. En la salita de
espera volvió a gritar su hijo.
-Dice que sí estás porque te está oyendo.
El dentista siguió examinando el diente. Sólo cuando lo puso en la mesa con los trabajos terminados, dijo:
-Mejor.
[20] Volvió a operar la fresa. De una cajita de cartón donde guardaba las cosas por hacer, sacó un puente de varias piezas y empezó
a pulir el oro.
-Papá.
-Qué.
Aún no había cambiado de expresión.
[25] -Dice que si no le sacas la muela te pega un tiro.
Sin apresurarse, con un movimiento extremamente tranquilo, dejó de pedalear en la fresa, la retiró del sillón y abrió por completo
la gaveta interior de la mesa. Allí estaba el revólver.
-Bueno -dijo-. Dile que venga a pegármelo.
Hizo girar el sillón hasta quedar de frente a la puerta, la mano apoyada en el borde de la gaveta. El alcalde apareció en el
[30] umbral. Se había afeitado la mejilla izquierda, pero en la otra, hinchada y dolorida, tenía una barba de cinco días. El dentista
vio en sus ojos marchitos muchas noches de desesperación. Cerró la gaveta con la punta de los dedos y dijo suavemente:
-Siéntese.
-Buenos días -dijo el alcalde.
-Buenos -dijo el dentista.
[35] Mientras hervían los instrumentos, el alcalde apoyó el cráneo en el cabezal de la silla y se sintió mejor. Respiraba un olor glacial.
Era un gabinete pobre: una vieja silla de madera, la fresa de pedal y una vidriera con pomos de loza. Frente a la silla, una
ventana con un cancel de tela hasta la altura de un hombre. Cuando sintió que el dentista se acercaba, el alcalde afirmó los
talones y abrió la boca [...].
El uso del término ‘hasta’ en la expresión “hasta quedar” (línea 29) indica:
Questão 19 7051574
UPF Inverno 2019Texto
Un día de estos
Un día de estos
El lunes amaneció tibio y sin lluvia. Don Aurelio Escovar, dentista sin título y buen madrugador, abrió su gabinete a las seis.
Sacó de la vidriera una dentadura postiza montada aún en el molde de yeso y puso sobre la mesa un puñado de instrumentos
que ordenó de mayor a menor, como en una exposición. Llevaba una camisa a rayas, sin cuello, cerrada arriba con un botón
dorado, y los pantalones sostenidos por cargadores elásticos. Era rígido, enjuto, con una mirada que raras veces correspondía
[05] a la situación, como la mirada de los sordos.
Cuando tuvo las cosas dispuestas sobre la mesa, rodó la fresa hacia el sillón de resortes y se sentó a pulir la dentadura postiza.
Parecía no pensar en lo que hacía, pero trabajaba con obstinación, pedaleando en la fresa incluso cuando no se servía de ella.
Después de las ocho hizo una pausa para mirar el cielo por la ventana y vio dos gallinazos pensativos que se secaban al sol en
el caballete de la casa vecina. Siguió trabajando con la idea de que antes del almuerzo volvería a llover. La voz destemplada de
[10] su hijo de once años le sacó de su abstracción.
-Papá.
-Qué.
-Dice el alcalde que si le sacas una muela.
-Dile que no estoy aquí.
[15] Estaba puliendo un diente de oro. Lo retiró a la distancia del brazo y lo examinó con los ojos a medio cerrar. En la salita de
espera volvió a gritar su hijo.
-Dice que sí estás porque te está oyendo.
El dentista siguió examinando el diente. Sólo cuando lo puso en la mesa con los trabajos terminados, dijo:
-Mejor.
[20] Volvió a operar la fresa. De una cajita de cartón donde guardaba las cosas por hacer, sacó un puente de varias piezas y empezó
a pulir el oro.
-Papá.
-Qué.
Aún no había cambiado de expresión.
[25] -Dice que si no le sacas la muela te pega un tiro.
Sin apresurarse, con un movimiento extremamente tranquilo, dejó de pedalear en la fresa, la retiró del sillón y abrió por completo
la gaveta interior de la mesa. Allí estaba el revólver.
-Bueno -dijo-. Dile que venga a pegármelo.
Hizo girar el sillón hasta quedar de frente a la puerta, la mano apoyada en el borde de la gaveta. El alcalde apareció en el
[30] umbral. Se había afeitado la mejilla izquierda, pero en la otra, hinchada y dolorida, tenía una barba de cinco días. El dentista
vio en sus ojos marchitos muchas noches de desesperación. Cerró la gaveta con la punta de los dedos y dijo suavemente:
-Siéntese.
-Buenos días -dijo el alcalde.
-Buenos -dijo el dentista.
[35] Mientras hervían los instrumentos, el alcalde apoyó el cráneo en el cabezal de la silla y se sintió mejor. Respiraba un olor glacial.
Era un gabinete pobre: una vieja silla de madera, la fresa de pedal y una vidriera con pomos de loza. Frente a la silla, una
ventana con un cancel de tela hasta la altura de un hombre. Cuando sintió que el dentista se acercaba, el alcalde afirmó los
talones y abrió la boca [...].
Según el texto, la expresión “pegármelo” (línea 28) se refiere a:
Questão 18 7051569
UPF Inverno 2019Texto
Un día de estos
Un día de estos
El lunes amaneció tibio y sin lluvia. Don Aurelio Escovar, dentista sin título y buen madrugador, abrió su gabinete a las seis.
Sacó de la vidriera una dentadura postiza montada aún en el molde de yeso y puso sobre la mesa un puñado de instrumentos
que ordenó de mayor a menor, como en una exposición. Llevaba una camisa a rayas, sin cuello, cerrada arriba con un botón
dorado, y los pantalones sostenidos por cargadores elásticos. Era rígido, enjuto, con una mirada que raras veces correspondía
[05] a la situación, como la mirada de los sordos.
Cuando tuvo las cosas dispuestas sobre la mesa, rodó la fresa hacia el sillón de resortes y se sentó a pulir la dentadura postiza.
Parecía no pensar en lo que hacía, pero trabajaba con obstinación, pedaleando en la fresa incluso cuando no se servía de ella.
Después de las ocho hizo una pausa para mirar el cielo por la ventana y vio dos gallinazos pensativos que se secaban al sol en
el caballete de la casa vecina. Siguió trabajando con la idea de que antes del almuerzo volvería a llover. La voz destemplada de
[10] su hijo de once años le sacó de su abstracción.
-Papá.
-Qué.
-Dice el alcalde que si le sacas una muela.
-Dile que no estoy aquí.
[15] Estaba puliendo un diente de oro. Lo retiró a la distancia del brazo y lo examinó con los ojos a medio cerrar. En la salita de
espera volvió a gritar su hijo.
-Dice que sí estás porque te está oyendo.
El dentista siguió examinando el diente. Sólo cuando lo puso en la mesa con los trabajos terminados, dijo:
-Mejor.
[20] Volvió a operar la fresa. De una cajita de cartón donde guardaba las cosas por hacer, sacó un puente de varias piezas y empezó
a pulir el oro.
-Papá.
-Qué.
Aún no había cambiado de expresión.
[25] -Dice que si no le sacas la muela te pega un tiro.
Sin apresurarse, con un movimiento extremamente tranquilo, dejó de pedalear en la fresa, la retiró del sillón y abrió por completo
la gaveta interior de la mesa. Allí estaba el revólver.
-Bueno -dijo-. Dile que venga a pegármelo.
Hizo girar el sillón hasta quedar de frente a la puerta, la mano apoyada en el borde de la gaveta. El alcalde apareció en el
[30] umbral. Se había afeitado la mejilla izquierda, pero en la otra, hinchada y dolorida, tenía una barba de cinco días. El dentista
vio en sus ojos marchitos muchas noches de desesperación. Cerró la gaveta con la punta de los dedos y dijo suavemente:
-Siéntese.
-Buenos días -dijo el alcalde.
-Buenos -dijo el dentista.
[35] Mientras hervían los instrumentos, el alcalde apoyó el cráneo en el cabezal de la silla y se sintió mejor. Respiraba un olor glacial.
Era un gabinete pobre: una vieja silla de madera, la fresa de pedal y una vidriera con pomos de loza. Frente a la silla, una
ventana con un cancel de tela hasta la altura de un hombre. Cuando sintió que el dentista se acercaba, el alcalde afirmó los
talones y abrió la boca [...].
¿A qué término mencionado antes en el texto hace referencia el pronombre “lo” del enunciado “lo examinó con los ojos a medio cerrar” (línea 15)?
Questão 17 7051538
UPF Inverno 2019Texto
Un día de estos
Un día de estos
El lunes amaneció tibio y sin lluvia. Don Aurelio Escovar, dentista sin título y buen madrugador, abrió su gabinete a las seis.
Sacó de la vidriera una dentadura postiza montada aún en el molde de yeso y puso sobre la mesa un puñado de instrumentos
que ordenó de mayor a menor, como en una exposición. Llevaba una camisa a rayas, sin cuello, cerrada arriba con un botón
dorado, y los pantalones sostenidos por cargadores elásticos. Era rígido, enjuto, con una mirada que raras veces correspondía
[05] a la situación, como la mirada de los sordos.
Cuando tuvo las cosas dispuestas sobre la mesa, rodó la fresa hacia el sillón de resortes y se sentó a pulir la dentadura postiza.
Parecía no pensar en lo que hacía, pero trabajaba con obstinación, pedaleando en la fresa incluso cuando no se servía de ella.
Después de las ocho hizo una pausa para mirar el cielo por la ventana y vio dos gallinazos pensativos que se secaban al sol en
el caballete de la casa vecina. Siguió trabajando con la idea de que antes del almuerzo volvería a llover. La voz destemplada de
[10] su hijo de once años le sacó de su abstracción.
-Papá.
-Qué.
-Dice el alcalde que si le sacas una muela.
-Dile que no estoy aquí.
[15] Estaba puliendo un diente de oro. Lo retiró a la distancia del brazo y lo examinó con los ojos a medio cerrar. En la salita de
espera volvió a gritar su hijo.
-Dice que sí estás porque te está oyendo.
El dentista siguió examinando el diente. Sólo cuando lo puso en la mesa con los trabajos terminados, dijo:
-Mejor.
[20] Volvió a operar la fresa. De una cajita de cartón donde guardaba las cosas por hacer, sacó un puente de varias piezas y empezó
a pulir el oro.
-Papá.
-Qué.
Aún no había cambiado de expresión.
[25] -Dice que si no le sacas la muela te pega un tiro.
Sin apresurarse, con un movimiento extremamente tranquilo, dejó de pedalear en la fresa, la retiró del sillón y abrió por completo
la gaveta interior de la mesa. Allí estaba el revólver.
-Bueno -dijo-. Dile que venga a pegármelo.
Hizo girar el sillón hasta quedar de frente a la puerta, la mano apoyada en el borde de la gaveta. El alcalde apareció en el
[30] umbral. Se había afeitado la mejilla izquierda, pero en la otra, hinchada y dolorida, tenía una barba de cinco días. El dentista
vio en sus ojos marchitos muchas noches de desesperación. Cerró la gaveta con la punta de los dedos y dijo suavemente:
-Siéntese.
-Buenos días -dijo el alcalde.
-Buenos -dijo el dentista.
[35] Mientras hervían los instrumentos, el alcalde apoyó el cráneo en el cabezal de la silla y se sintió mejor. Respiraba un olor glacial.
Era un gabinete pobre: una vieja silla de madera, la fresa de pedal y una vidriera con pomos de loza. Frente a la silla, una
ventana con un cancel de tela hasta la altura de un hombre. Cuando sintió que el dentista se acercaba, el alcalde afirmó los
talones y abrió la boca [...].
De acuerdo al texto, se puede afirmar que:
Questão 21 7043666
UPF Verão 2019¿Conoces qué es el ‘phubbing’ y cómo afecta las relaciones?

Quizá esta no sea una palabra que se encuentre en tu vocabulario, pero de lo que estamos seguros es de que en más de una ocasión la
has empleado, pero no verbalmente. El término phubbing – es desairar a alguien con quien estás hablando para mirar un teléfono celular
– se está convirtiendo en parte del vocabulario cotidiano de la sociedad y en un problema para las relaciones.
Solo piense en la frecuencia con la que se detiene una conversación porque tus amigos, pareja e inclusive tú sacas el teléfono celular
para estar checando tus redes sociales. Si no lo sabes, para la próxima reunión cuéntalas.
El fenómeno puede parecer una parte relativamente inofensiva, aunque molesta, de la vida moderna, pero un grupo de psicólogos
advierten que puede estar perjudicando tu relación. “Irónicamente, el phubbing está destinado a conectarte, presumiblemente, con alguien
a través de las redes sociales o mensajes de texto”. “Pero en realidad puede interrumpir gravemente las relaciones en el presente”,
comentó Emma Seppälä, psicóloga de las universidades de Stanford y Yale.
Varios estudios han demostrado que el phubbing hace que las interacciones cara a cara sean menos significativas. Un artículo, publicado
en el Journal of Applied Social Psychology, descubrió que enviar mensajes de texto durante una conversación hace que la conversación
sea menos satisfactoria para las personas que la tienen, en comparación con aquellos que interactúan sin teléfonos.
Otro estudio en 2016, encontró que la mera presencia de un teléfono celular durante una conversación, incluso si nadie lo usaba, era
suficiente para hacer que las personas se sintieran menos conectadas entre sí.
En otro estudio sobre el tema, se descubrió que esta práctica amenaza cuatro necesidades: pertenencia, autoestima, existencia y control,
al hacer que las personas afectadas se sintieran excluidas y condenadas al ostracismo – aislamiento voluntario o forzoso –. Esto puede
ser particularmente dañino porque el phubbing ocurre todo el tiempo, dicen los investigadores.
Una investigación más, demostró que el phubbing puede afectar las relaciones de pareja. En el estudio se encontró que: “Si tu compañero
de vida habla más por teléfono contigo, que de manera presencial, eso significa que está priorizando algo más que un momento de
convivencia”, agregó Seppälä.
(Disponible en: www.muyinteresante.mx. Accedido el 02 de septiembre de 2018)
Además de la amistad, ¿qué otra relación el phubbing puede dañar?
Questão 20 7043655
UPF Verão 2019¿Conoces qué es el ‘phubbing’ y cómo afecta las relaciones?

Quizá esta no sea una palabra que se encuentre en tu vocabulario, pero de lo que estamos seguros es de que en más de una ocasión la
has empleado, pero no verbalmente. El término phubbing – es desairar a alguien con quien estás hablando para mirar un teléfono celular
– se está convirtiendo en parte del vocabulario cotidiano de la sociedad y en un problema para las relaciones.
Solo piense en la frecuencia con la que se detiene una conversación porque tus amigos, pareja e inclusive tú sacas el teléfono celular
para estar checando tus redes sociales. Si no lo sabes, para la próxima reunión cuéntalas.
El fenómeno puede parecer una parte relativamente inofensiva, aunque molesta, de la vida moderna, pero un grupo de psicólogos
advierten que puede estar perjudicando tu relación. “Irónicamente, el phubbing está destinado a conectarte, presumiblemente, con alguien
a través de las redes sociales o mensajes de texto”. “Pero en realidad puede interrumpir gravemente las relaciones en el presente”,
comentó Emma Seppälä, psicóloga de las universidades de Stanford y Yale.
Varios estudios han demostrado que el phubbing hace que las interacciones cara a cara sean menos significativas. Un artículo, publicado
en el Journal of Applied Social Psychology, descubrió que enviar mensajes de texto durante una conversación hace que la conversación
sea menos satisfactoria para las personas que la tienen, en comparación con aquellos que interactúan sin teléfonos.
Otro estudio en 2016, encontró que la mera presencia de un teléfono celular durante una conversación, incluso si nadie lo usaba, era
suficiente para hacer que las personas se sintieran menos conectadas entre sí.
En otro estudio sobre el tema, se descubrió que esta práctica amenaza cuatro necesidades: pertenencia, autoestima, existencia y control,
al hacer que las personas afectadas se sintieran excluidas y condenadas al ostracismo – aislamiento voluntario o forzoso –. Esto puede
ser particularmente dañino porque el phubbing ocurre todo el tiempo, dicen los investigadores.
Una investigación más, demostró que el phubbing puede afectar las relaciones de pareja. En el estudio se encontró que: “Si tu compañero
de vida habla más por teléfono contigo, que de manera presencial, eso significa que está priorizando algo más que un momento de
convivencia”, agregó Seppälä.
(Disponible en: www.muyinteresante.mx. Accedido el 02 de septiembre de 2018)
La palabra “nadie” (línea 13) puede ser traducida al portugués como
06
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