Questões de Espanhol
11.733 Questões
Questão 80 6332755
UECE 1ª Fase 2020/2T E X T O
Un error positivo
Montero Glez
Hay errores que cuestan vidas. Lo
estamos viviendo. Pero no vamos a entrar
ahora a hacer juicios de valor sobre la manera
de manejar una crisis de dimensiones
[5]virulentas. Y no porque nuestros
representantes políticos no merezcan tales
juicios, sino porque hace falta un poco más de
aire entre tanta contaminación mediática. Con
tales principios, vamos a contar cómo un error
[10] de traducción dio lugar a un conjunto de libros
de astronomía popular que, a su vez,
inspirarían algunas de las novelas de ciencia
ficción más importantes de todos los tiempos.
Lowell aseguraba que en Marte existía
[15] vida inteligente pues, sin ella, no se habría
podido construir toda aquella red de acequias
para transportar agua.
Nos referimos a los episodios escritos
por Percival Lowell (1855-1916), un excéntrico
[20] millonario norteamericano con vicios de
astrónomo que afirmaba que existían canales
artificiales en Marte y, por lo tanto, vida
extraterrestre. Para demostrarlo, construyó un
observatorio privado en Arizona que hoy
[25] permanece en activo. Se trata del
Observatorio Lowell, desde el cual, en 1930 se
descubriría un planeta enano que recibió el
nombre de Plutón.
Pero volvamos a la Tierra donde, en vida
[30] de Lowell, el astrónomo italiano Giovanni
Virginio Schiaparelli observó con su telescopio
el planeta Marte. Tenía la intención de
estudiarlo a fondo y, detallando el planeta
rojo, pudo comprobar cómo una densa capa de
[35] líneas se extendía sobre la superficie.
Schiaparelli las denominó “canali” y con ello,
publicó el mapa del planeta Marte en 1888.
Fue un trabajo pionero de la astronomía que
despertó la curiosidad de muchos aficionados
[40] entre los que se encontraba el excéntrico
Percival Lowell.
Debido a un error en la traducción del
trabajo de Schiaparelli se inició, sin querer,
todo un género de novelas. Los “canali” que
[45] observó Schiaparelli fueron vertidos en inglés
como “canals” en vez de como “channels”, tal
y como hubiese sido lo correcto. De esta
manera, la palabra “canals” implica una
construcción artificial mientras que la palabra
[50] “channels” se refiere a un accidente natural.
A partir de este error, Percival Lowell se
dispuso a encontrar huellas extraterrestres en
el planeta rojo. Hay que recordar que un
planeta es una forma espontánea y lo que
[55] Lowell pretendía era encontrar formas vivas
que lo habitasen. Aunque no las encontró, las
imaginó hasta convertirlas en certezas
científicas. Ajustando su ojo al telescopio, echó
a volar su imaginación cuando observó los
[60] numerosos canales que cubrían la superficie
de Marte, llegando a afirmar que el planeta
estaba habitado por una antigua civilización.
Aseguraba que en Marte existía vida
inteligente pues, sin ella, no se habría podido
[65] construir toda aquella red de acequias para
transportar agua. Con estas cosas publicaría
Mars (1895), Mars and Its Canals (1906) y The
Genesis of the Planets (1916). Su serie sobre
el planeta rojo inspiraría a Herbert George
[70] Wells para escribir “La Guerra de los Mundos”
y, posteriormente, cuando ya se desveló que
los estudios de Percival carecían de rigor
científico, Ray Bradbury se sirvió de ellos para
sus “Crónicas Marcianas”. De esta manera,
[75] tratando las contradicciones a partir de un
error, se consiguió la coherencia en la ficción.
Montero Glez. Periódico El País, 26/03/2020.
De acuerdo con el texto, Percival Lowell apoya sus estudios con
Questão 79 6332753
UECE 1ª Fase 2020/2T E X T O
Un error positivo
Montero Glez
Hay errores que cuestan vidas. Lo
estamos viviendo. Pero no vamos a entrar
ahora a hacer juicios de valor sobre la manera
de manejar una crisis de dimensiones
[5]virulentas. Y no porque nuestros
representantes políticos no merezcan tales
juicios, sino porque hace falta un poco más de
aire entre tanta contaminación mediática. Con
tales principios, vamos a contar cómo un error
[10] de traducción dio lugar a un conjunto de libros
de astronomía popular que, a su vez,
inspirarían algunas de las novelas de ciencia
ficción más importantes de todos los tiempos.
Lowell aseguraba que en Marte existía
[15] vida inteligente pues, sin ella, no se habría
podido construir toda aquella red de acequias
para transportar agua.
Nos referimos a los episodios escritos
por Percival Lowell (1855-1916), un excéntrico
[20] millonario norteamericano con vicios de
astrónomo que afirmaba que existían canales
artificiales en Marte y, por lo tanto, vida
extraterrestre. Para demostrarlo, construyó un
observatorio privado en Arizona que hoy
[25] permanece en activo. Se trata del
Observatorio Lowell, desde el cual, en 1930 se
descubriría un planeta enano que recibió el
nombre de Plutón.
Pero volvamos a la Tierra donde, en vida
[30] de Lowell, el astrónomo italiano Giovanni
Virginio Schiaparelli observó con su telescopio
el planeta Marte. Tenía la intención de
estudiarlo a fondo y, detallando el planeta
rojo, pudo comprobar cómo una densa capa de
[35] líneas se extendía sobre la superficie.
Schiaparelli las denominó “canali” y con ello,
publicó el mapa del planeta Marte en 1888.
Fue un trabajo pionero de la astronomía que
despertó la curiosidad de muchos aficionados
[40] entre los que se encontraba el excéntrico
Percival Lowell.
Debido a un error en la traducción del
trabajo de Schiaparelli se inició, sin querer,
todo un género de novelas. Los “canali” que
[45] observó Schiaparelli fueron vertidos en inglés
como “canals” en vez de como “channels”, tal
y como hubiese sido lo correcto. De esta
manera, la palabra “canals” implica una
construcción artificial mientras que la palabra
[50] “channels” se refiere a un accidente natural.
A partir de este error, Percival Lowell se
dispuso a encontrar huellas extraterrestres en
el planeta rojo. Hay que recordar que un
planeta es una forma espontánea y lo que
[55] Lowell pretendía era encontrar formas vivas
que lo habitasen. Aunque no las encontró, las
imaginó hasta convertirlas en certezas
científicas. Ajustando su ojo al telescopio, echó
a volar su imaginación cuando observó los
[60] numerosos canales que cubrían la superficie
de Marte, llegando a afirmar que el planeta
estaba habitado por una antigua civilización.
Aseguraba que en Marte existía vida
inteligente pues, sin ella, no se habría podido
[65] construir toda aquella red de acequias para
transportar agua. Con estas cosas publicaría
Mars (1895), Mars and Its Canals (1906) y The
Genesis of the Planets (1916). Su serie sobre
el planeta rojo inspiraría a Herbert George
[70] Wells para escribir “La Guerra de los Mundos”
y, posteriormente, cuando ya se desveló que
los estudios de Percival carecían de rigor
científico, Ray Bradbury se sirvió de ellos para
sus “Crónicas Marcianas”. De esta manera,
[75] tratando las contradicciones a partir de un
error, se consiguió la coherencia en la ficción.
Montero Glez. Periódico El País, 26/03/2020.
Tras la lectura del texto, inferimos que su autor
Questão 78 6332671
UECE 1ª Fase 2020/2T E X T O
Un error positivo
Montero Glez
Hay errores que cuestan vidas. Lo
estamos viviendo. Pero no vamos a entrar
ahora a hacer juicios de valor sobre la manera
de manejar una crisis de dimensiones
[5]virulentas. Y no porque nuestros
representantes políticos no merezcan tales
juicios, sino porque hace falta un poco más de
aire entre tanta contaminación mediática. Con
tales principios, vamos a contar cómo un error
[10] de traducción dio lugar a un conjunto de libros
de astronomía popular que, a su vez,
inspirarían algunas de las novelas de ciencia
ficción más importantes de todos los tiempos.
Lowell aseguraba que en Marte existía
[15] vida inteligente pues, sin ella, no se habría
podido construir toda aquella red de acequias
para transportar agua.
Nos referimos a los episodios escritos
por Percival Lowell (1855-1916), un excéntrico
[20] millonario norteamericano con vicios de
astrónomo que afirmaba que existían canales
artificiales en Marte y, por lo tanto, vida
extraterrestre. Para demostrarlo, construyó un
observatorio privado en Arizona que hoy
[25] permanece en activo. Se trata del
Observatorio Lowell, desde el cual, en 1930 se
descubriría un planeta enano que recibió el
nombre de Plutón.
Pero volvamos a la Tierra donde, en vida
[30] de Lowell, el astrónomo italiano Giovanni
Virginio Schiaparelli observó con su telescopio
el planeta Marte. Tenía la intención de
estudiarlo a fondo y, detallando el planeta
rojo, pudo comprobar cómo una densa capa de
[35] líneas se extendía sobre la superficie.
Schiaparelli las denominó “canali” y con ello,
publicó el mapa del planeta Marte en 1888.
Fue un trabajo pionero de la astronomía que
despertó la curiosidad de muchos aficionados
[40] entre los que se encontraba el excéntrico
Percival Lowell.
Debido a un error en la traducción del
trabajo de Schiaparelli se inició, sin querer,
todo un género de novelas. Los “canali” que
[45] observó Schiaparelli fueron vertidos en inglés
como “canals” en vez de como “channels”, tal
y como hubiese sido lo correcto. De esta
manera, la palabra “canals” implica una
construcción artificial mientras que la palabra
[50] “channels” se refiere a un accidente natural.
A partir de este error, Percival Lowell se
dispuso a encontrar huellas extraterrestres en
el planeta rojo. Hay que recordar que un
planeta es una forma espontánea y lo que
[55] Lowell pretendía era encontrar formas vivas
que lo habitasen. Aunque no las encontró, las
imaginó hasta convertirlas en certezas
científicas. Ajustando su ojo al telescopio, echó
a volar su imaginación cuando observó los
[60] numerosos canales que cubrían la superficie
de Marte, llegando a afirmar que el planeta
estaba habitado por una antigua civilización.
Aseguraba que en Marte existía vida
inteligente pues, sin ella, no se habría podido
[65] construir toda aquella red de acequias para
transportar agua. Con estas cosas publicaría
Mars (1895), Mars and Its Canals (1906) y The
Genesis of the Planets (1916). Su serie sobre
el planeta rojo inspiraría a Herbert George
[70] Wells para escribir “La Guerra de los Mundos”
y, posteriormente, cuando ya se desveló que
los estudios de Percival carecían de rigor
científico, Ray Bradbury se sirvió de ellos para
sus “Crónicas Marcianas”. De esta manera,
[75] tratando las contradicciones a partir de un
error, se consiguió la coherencia en la ficción.
Montero Glez. Periódico El País, 26/03/2020.
La traducción correcta de la expresión “novelas de ciencia ficción” (líneas 12-13) es
Questão 76 6329947
UECE 1ª Fase 2020/1T E X T O
Hallan los restos de un continente perdido, enterrados bajo el sur de Europa.
José Manuel Nieves
Hasta ahora nadie se había dado
cuenta, pero justo bajo los pies de los
habitantes del sur de Europa, lo que incluye a
la Península Ibérica, duermen los restos de un
[5] antiguo continente. Uno que se hundió hace
mucho tiempo en las profundidades de la
Tierra y cuya historia, 250 millones de años
después, ha sido reconstruida paso a paso por
un equipo de geólogos de las universidades de
[10] Utrecht, Oslo y el Instituto de Geofísica ETH,
en Zürich.
Los únicos restos visibles de ese
continente perdido, conocido como Gran Adria,
son las rocas calizas que se pueden encontrar
[15] en las cadenas montañosas del sur de Europa.
Los investigadores, que acaban de publicar su
trabajo en la revista Gondwana Research,
creen que estas rocas comenzaron su
existencia como sedimentos marinos para más
[20] tarde ser “raspadas” de la superficie de la
corteza terrestre y elevadas a sus posiciones
actuales gracias a las colisiones de las placas
tectónicas. Por ese motivo, tanto el tamaño
original como la forma y la historia de esa
[25] masa terrestre desaparecida ha sido muy
difícil de reconstruir. En su artículo, los
geólogos explican que gran parte de ella
constituyó, durante millones de años, el fondo
de antiquísimos mares tropicales poco
[30] profundos.
Una historia violenta.
Para empezar, señala Douwe van
Hinsbergen, de la Universidad de Utrecht y
primer firmante del artículo, Gran Adria tuvo
[35] una historia “violenta y complicada”. De
hecho, se separó del sur del supercontinente
Gondwana, que comprendía lo que hoy es
África, América del Sur, Australia, la Antártida,
el subcontinente indio y la Península Arábiga,
[40] hace la friolera de 240 millones de años. Y a
partir de ese momento empezó a avanzar
hacia el norte.
Los investigadores creen que hace unos
140 millones de años Gran Adria era una masa
[45] de tierra del tamaño de Groenlandia, cubierta
en gran parte por un liviano mar tropical,
donde los sedimentos se acumulaban
lentamente hasta convertirse en rocas.
Más tarde, hace entre 100 y 120
[50] millones de años, colisionó con lo que hoy es
Europa, haciéndose añicos y siendo empujado
debajo de nuestro continente. Sólo una
pequeña parte de las rocas de Gran Adria,
arrancadas de la corteza terrestre durante la
[55] colisión, consiguieron permanecer en la
superficie de la Tierra para que los geólogos
tuvieran la ocasión de descubrirlas.
En 30 países.
El estudio, además, tuvo que hacer
[60] frente a una complicación adicional: las rocas
de Gran Adria están dispersas a lo largo de
más de 30 países, que van desde una franja
de la Península Ibérica hasta Irán. Y de la
misma forma que las rocas, también los datos
[65] sobre su historia se han dispersado y han
resultado, explica van Hinsbergen, muy
difíciles de recopilar.
Periódico ABC – España. Texto adaptado.
La revista Gondwana Research ha publicado un artículo sobre
Questão 79 6329914
UECE 1ª Fase 2020/1T E X T O
Hallan los restos de un continente perdido, enterrados bajo el sur de Europa.
José Manuel Nieves
Hasta ahora nadie se había dado
cuenta, pero justo bajo los pies de los
habitantes del sur de Europa, lo que incluye a
la Península Ibérica, duermen los restos de un
[5] antiguo continente. Uno que se hundió hace
mucho tiempo en las profundidades de la
Tierra y cuya historia, 250 millones de años
después, ha sido reconstruida paso a paso por
un equipo de geólogos de las universidades de
[10] Utrecht, Oslo y el Instituto de Geofísica ETH,
en Zürich.
Los únicos restos visibles de ese
continente perdido, conocido como Gran Adria,
son las rocas calizas que se pueden encontrar
[15] en las cadenas montañosas del sur de Europa.
Los investigadores, que acaban de publicar su
trabajo en la revista Gondwana Research,
creen que estas rocas comenzaron su
existencia como sedimentos marinos para más
[20] tarde ser “raspadas” de la superficie de la
corteza terrestre y elevadas a sus posiciones
actuales gracias a las colisiones de las placas
tectónicas. Por ese motivo, tanto el tamaño
original como la forma y la historia de esa
[25] masa terrestre desaparecida ha sido muy
difícil de reconstruir. En su artículo, los
geólogos explican que gran parte de ella
constituyó, durante millones de años, el fondo
de antiquísimos mares tropicales poco
[30] profundos.
Una historia violenta.
Para empezar, señala Douwe van
Hinsbergen, de la Universidad de Utrecht y
primer firmante del artículo, Gran Adria tuvo
[35] una historia “violenta y complicada”. De
hecho, se separó del sur del supercontinente
Gondwana, que comprendía lo que hoy es
África, América del Sur, Australia, la Antártida,
el subcontinente indio y la Península Arábiga,
[40] hace la friolera de 240 millones de años. Y a
partir de ese momento empezó a avanzar
hacia el norte.
Los investigadores creen que hace unos
140 millones de años Gran Adria era una masa
[45] de tierra del tamaño de Groenlandia, cubierta
en gran parte por un liviano mar tropical,
donde los sedimentos se acumulaban
lentamente hasta convertirse en rocas.
Más tarde, hace entre 100 y 120
[50] millones de años, colisionó con lo que hoy es
Europa, haciéndose añicos y siendo empujado
debajo de nuestro continente. Sólo una
pequeña parte de las rocas de Gran Adria,
arrancadas de la corteza terrestre durante la
[55] colisión, consiguieron permanecer en la
superficie de la Tierra para que los geólogos
tuvieran la ocasión de descubrirlas.
En 30 países.
El estudio, además, tuvo que hacer
[60] frente a una complicación adicional: las rocas
de Gran Adria están dispersas a lo largo de
más de 30 países, que van desde una franja
de la Península Ibérica hasta Irán. Y de la
misma forma que las rocas, también los datos
[65] sobre su historia se han dispersado y han
resultado, explica van Hinsbergen, muy
difíciles de recopilar.
Periódico ABC – España. Texto adaptado.
La palabra bajo (línea 02) tiene función de
Questão 78 6329911
UECE 1ª Fase 2020/1T E X T O
Hallan los restos de un continente perdido, enterrados bajo el sur de Europa.
José Manuel Nieves
Hasta ahora nadie se había dado
cuenta, pero justo bajo los pies de los
habitantes del sur de Europa, lo que incluye a
la Península Ibérica, duermen los restos de un
[5] antiguo continente. Uno que se hundió hace
mucho tiempo en las profundidades de la
Tierra y cuya historia, 250 millones de años
después, ha sido reconstruida paso a paso por
un equipo de geólogos de las universidades de
[10] Utrecht, Oslo y el Instituto de Geofísica ETH,
en Zürich.
Los únicos restos visibles de ese
continente perdido, conocido como Gran Adria,
son las rocas calizas que se pueden encontrar
[15] en las cadenas montañosas del sur de Europa.
Los investigadores, que acaban de publicar su
trabajo en la revista Gondwana Research,
creen que estas rocas comenzaron su
existencia como sedimentos marinos para más
[20] tarde ser “raspadas” de la superficie de la
corteza terrestre y elevadas a sus posiciones
actuales gracias a las colisiones de las placas
tectónicas. Por ese motivo, tanto el tamaño
original como la forma y la historia de esa
[25] masa terrestre desaparecida ha sido muy
difícil de reconstruir. En su artículo, los
geólogos explican que gran parte de ella
constituyó, durante millones de años, el fondo
de antiquísimos mares tropicales poco
[30] profundos.
Una historia violenta.
Para empezar, señala Douwe van
Hinsbergen, de la Universidad de Utrecht y
primer firmante del artículo, Gran Adria tuvo
[35] una historia “violenta y complicada”. De
hecho, se separó del sur del supercontinente
Gondwana, que comprendía lo que hoy es
África, América del Sur, Australia, la Antártida,
el subcontinente indio y la Península Arábiga,
[40] hace la friolera de 240 millones de años. Y a
partir de ese momento empezó a avanzar
hacia el norte.
Los investigadores creen que hace unos
140 millones de años Gran Adria era una masa
[45] de tierra del tamaño de Groenlandia, cubierta
en gran parte por un liviano mar tropical,
donde los sedimentos se acumulaban
lentamente hasta convertirse en rocas.
Más tarde, hace entre 100 y 120
[50] millones de años, colisionó con lo que hoy es
Europa, haciéndose añicos y siendo empujado
debajo de nuestro continente. Sólo una
pequeña parte de las rocas de Gran Adria,
arrancadas de la corteza terrestre durante la
[55] colisión, consiguieron permanecer en la
superficie de la Tierra para que los geólogos
tuvieran la ocasión de descubrirlas.
En 30 países.
El estudio, además, tuvo que hacer
[60] frente a una complicación adicional: las rocas
de Gran Adria están dispersas a lo largo de
más de 30 países, que van desde una franja
de la Península Ibérica hasta Irán. Y de la
misma forma que las rocas, también los datos
[65] sobre su historia se han dispersado y han
resultado, explica van Hinsbergen, muy
difíciles de recopilar.
Periódico ABC – España. Texto adaptado.
Al final del texto, inferimos que las pistas del Gran Adria
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