Questões de Espanhol
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Questão 22 6886564
UPF Verão 2021De acuerdo al texto contesta la pregunta.
Texto
Mi lucha con los tiburones por un pescado
La idea de que en lugar de acercarme a la costa me había estado internando en el mar durante siete días me
derrumbó la resolución de seguir luchando. Pero cuando uno se siente al borde de la muerte se afianza el instinto
de conservación. Por varias razones aquel día –mi séptimo día- era muy distinto de los anteriores: el mar estaba
calmado y oscuro; el sol me abrazaba la piel; era tibio y sedante y una brisa tenue empujaba la balsa con suavidad
[5] y me aliviaba un poco de las quemaduras.
También los peces eran diferentes. Desde muy temprano escoltaban la balsa. Nadaban superficialmente. Yo los
veía con claridad: peces azules, pardos y rojos. Los había de todos los colores, de todas las formas y tamaños.
Navegando junto a ellos, la balsa parecía deslizarse sobre un acuario.
No sé si después de siete días sin comer, a la deriva en el mar, uno llega a acostumbrarse a esa vida. Me parece
[10] que sí. La desesperación del día anterior fue sustituida por una resignación pastosa y sin sentido. Yo estaba
seguro de que todo era distinto, de que el mar y el cielo habían dejado de ser hostiles, y de que los peces que me
acompañaban en el viaje eran peces amigos. Mis viejos conocidos de siete días.
Esta mañana no pensé arribar a ninguna parte. Estaba seguro de que la balsa había llegado a una región sin
barcos, en la que se extraviaban hasta las gaviotas.
[15] Pensaba, sin embargo, que después de haber estado siete días a la deriva, llegaría a acostumbrarme al mar, a
mi angustioso método de vida, sin necesidad de agudizar el ingenio para subsistir. Después de todo había
subsistido una semana contra viento y marea. ¿Por qué no podía seguir viviendo indefinidamente en una balsa?
Los peces nadaban en la superficie, el mar estaba limpio y sereno. Había tantos animales hermosos y provocativos
en torno a la embarcación que me parecía que podría agarrarlos a puñados. No había ningún tiburón a la vista.
[20] Confiadamente, metí la mano en el agua y traté de agarrar un pez redondo, de un azul brillante, de no más de
veinte centímetros. Fue como si hubiera tirado una piedra. Todos los peces se hundieron precipitadamente.
Desaparecieron en el agua, momentáneamente revuelta. Luego, poco a poco, volvieron a la superficie [...].
GARCÍA MÁRQUEZ, Gabriel. Relato de un náufrago. Buenos Aires: Debolsillo, 2012. p. 89-91.
El fragmento “me había estado internando en el mar” (línea 1) expresa la idea de que:
Questão 21 6886556
UPF Verão 2021De acuerdo al texto contesta la pregunta.
Texto
Mi lucha con los tiburones por un pescado
La idea de que en lugar de acercarme a la costa me había estado internando en el mar durante siete días me
derrumbó la resolución de seguir luchando. Pero cuando uno se siente al borde de la muerte se afianza el instinto
de conservación. Por varias razones aquel día –mi séptimo día- era muy distinto de los anteriores: el mar estaba
calmado y oscuro; el sol me abrazaba la piel; era tibio y sedante y una brisa tenue empujaba la balsa con suavidad
[5] y me aliviaba un poco de las quemaduras.
También los peces eran diferentes. Desde muy temprano escoltaban la balsa. Nadaban superficialmente. Yo los
veía con claridad: peces azules, pardos y rojos. Los había de todos los colores, de todas las formas y tamaños.
Navegando junto a ellos, la balsa parecía deslizarse sobre un acuario.
No sé si después de siete días sin comer, a la deriva en el mar, uno llega a acostumbrarse a esa vida. Me parece
[10] que sí. La desesperación del día anterior fue sustituida por una resignación pastosa y sin sentido. Yo estaba
seguro de que todo era distinto, de que el mar y el cielo habían dejado de ser hostiles, y de que los peces que me
acompañaban en el viaje eran peces amigos. Mis viejos conocidos de siete días.
Esta mañana no pensé arribar a ninguna parte. Estaba seguro de que la balsa había llegado a una región sin
barcos, en la que se extraviaban hasta las gaviotas.
[15] Pensaba, sin embargo, que después de haber estado siete días a la deriva, llegaría a acostumbrarme al mar, a
mi angustioso método de vida, sin necesidad de agudizar el ingenio para subsistir. Después de todo había
subsistido una semana contra viento y marea. ¿Por qué no podía seguir viviendo indefinidamente en una balsa?
Los peces nadaban en la superficie, el mar estaba limpio y sereno. Había tantos animales hermosos y provocativos
en torno a la embarcación que me parecía que podría agarrarlos a puñados. No había ningún tiburón a la vista.
[20] Confiadamente, metí la mano en el agua y traté de agarrar un pez redondo, de un azul brillante, de no más de
veinte centímetros. Fue como si hubiera tirado una piedra. Todos los peces se hundieron precipitadamente.
Desaparecieron en el agua, momentáneamente revuelta. Luego, poco a poco, volvieron a la superficie [...].
GARCÍA MÁRQUEZ, Gabriel. Relato de un náufrago. Buenos Aires: Debolsillo, 2012. p. 89-91.
En las líneas 3 y 6 tenemos el uso de “muy”. La frase en que el uso del intensificador no está correcto es:
Questão 20 6886446
UPF Verão 2021De acuerdo al texto contesta la pregunta.
Texto
Mi lucha con los tiburones por un pescado
La idea de que en lugar de acercarme a la costa me había estado internando en el mar durante siete días me
derrumbó la resolución de seguir luchando. Pero cuando uno se siente al borde de la muerte se afianza el instinto
de conservación. Por varias razones aquel día –mi séptimo día- era muy distinto de los anteriores: el mar estaba
calmado y oscuro; el sol me abrazaba la piel; era tibio y sedante y una brisa tenue empujaba la balsa con suavidad
[5] y me aliviaba un poco de las quemaduras.
También los peces eran diferentes. Desde muy temprano escoltaban la balsa. Nadaban superficialmente. Yo los
veía con claridad: peces azules, pardos y rojos. Los había de todos los colores, de todas las formas y tamaños.
Navegando junto a ellos, la balsa parecía deslizarse sobre un acuario.
No sé si después de siete días sin comer, a la deriva en el mar, uno llega a acostumbrarse a esa vida. Me parece
[10] que sí. La desesperación del día anterior fue sustituida por una resignación pastosa y sin sentido. Yo estaba
seguro de que todo era distinto, de que el mar y el cielo habían dejado de ser hostiles, y de que los peces que me
acompañaban en el viaje eran peces amigos. Mis viejos conocidos de siete días.
Esta mañana no pensé arribar a ninguna parte. Estaba seguro de que la balsa había llegado a una región sin
barcos, en la que se extraviaban hasta las gaviotas.
[15] Pensaba, sin embargo, que después de haber estado siete días a la deriva, llegaría a acostumbrarme al mar, a
mi angustioso método de vida, sin necesidad de agudizar el ingenio para subsistir. Después de todo había
subsistido una semana contra viento y marea. ¿Por qué no podía seguir viviendo indefinidamente en una balsa?
Los peces nadaban en la superficie, el mar estaba limpio y sereno. Había tantos animales hermosos y provocativos
en torno a la embarcación que me parecía que podría agarrarlos a puñados. No había ningún tiburón a la vista.
[20] Confiadamente, metí la mano en el agua y traté de agarrar un pez redondo, de un azul brillante, de no más de
veinte centímetros. Fue como si hubiera tirado una piedra. Todos los peces se hundieron precipitadamente.
Desaparecieron en el agua, momentáneamente revuelta. Luego, poco a poco, volvieron a la superficie [...].
GARCÍA MÁRQUEZ, Gabriel. Relato de un náufrago. Buenos Aires: Debolsillo, 2012. p. 89-91.
Según el texto, la afirmación correcta es:
Questão 18 6886416
UPF Verão 2021De acuerdo al texto contesta la pregunta.
Texto
El Asno y El Cochino
Envidiando la suerte del Cochino, un Asno maldecía su destino. -Yo – decía – trabajo y como paja; él come harina
y berza y no trabaja: A mí me dan de palos cada día; a él le rascan y halagan a porfía. Así se lamentaba de su
suerte; pero luego que advierte que a la pocilga alguna gente avanza en guisa de matanza, armada de un cuchillo
y de caldera, y que con maña fiera dan al gordo Cochino fin sangriento, dijo entre sí el Jumento:
[5] - Si en esto para el ocio y los regalos, al trabajo me atengo y a los palos.
http://contenidos.educarex.es/mci/2004/30/WebQuest/koko/asnocochino.html Accedido el 3 de octubre de 2020.
Cochino en español es un tipo de:
Questão 17 6886401
UPF Verão 2021De acuerdo al texto contesta la pregunta.
Texto
El Asno y El Cochino
Envidiando la suerte del Cochino, un Asno maldecía su destino. -Yo – decía – trabajo y como paja; él come harina
y berza y no trabaja: A mí me dan de palos cada día; a él le rascan y halagan a porfía. Así se lamentaba de su
suerte; pero luego que advierte que a la pocilga alguna gente avanza en guisa de matanza, armada de un cuchillo
y de caldera, y que con maña fiera dan al gordo Cochino fin sangriento, dijo entre sí el Jumento:
[5] - Si en esto para el ocio y los regalos, al trabajo me atengo y a los palos.
http://contenidos.educarex.es/mci/2004/30/WebQuest/koko/asnocochino.html Accedido el 3 de octubre de 2020.
¿Cuál es la posible moraleja para la fábula?
Questão 7 6878887
Unioeste Manhã 2021¡Favor lavarse las manos!
Serie “Sciense Stories” – BBC – 22 de septiembre de 2019
Semmelweis trabajaba en el Hospital General de Viena, donde la muerte acechaba las salas tan regularmente como en cualquier otro hospital de la época. Antes del triunfo de la teoría de los gérmenes en la segunda mitad del siglo XIX, la idea de que las condiciones miserables en los hospitales desempeñaran un papel en la propagación de la infección no pasaba por la mente de muchos. (…)
“A mediados del siglo XIX, se pensaba que las enfermedades se propagaban a través de nubes de un vapor venenoso en el que estaban suspendidas partículas de materia en descomposición llamadas ‘miasmas’”, le dijo a la BBC el doctor Barron H. Lerner, de la Universidad de Nueva York. Entre las personas con mayor riesgo estaban las mujeres embarazadas, particularmente las que sufrían desgarros vaginales durante el parto, pues las heridas abiertas eran el hábitat ideal para las bacterias que médicos y cirujanos llevaban de un lado a otro.
Lo primero que notó Semmelweis fue una discrepancia interesante entre las dos salas obstétricas del Hospital General de Viena, cuyas instalaciones eran idénticas. Una era atendida por estudiantes de medicina masculinos, mientras que la otra estaba bajo el cuidado de parteras. La que era supervisada por los estudiantes de medicina tenía una tasa de mortalidad 3 veces más alta. Quienes se habían dado cuenta de ese desequilibrio antes lo habían atribuido a que los estudiantes varones eran más rudos en su trato con las pacientes que las comadronas. Creían que eso comprometía la vitalidad de las madres, haciéndolas más susceptibles a desarrollar fiebre puerperal. Pero a Semmelweis no le convencía esa explicación.
Poco después, notó que cada vez que una mujer moría de fiebre infantil, un sacerdote caminaba lentamente por la sala de médicos con un asistente tocando una campana. Semmelweis teorizó que ese ritual aterrorizaba tanto a las mujeres que, después de dar a luz, desarrollaban una fiebre, se enfermaban y morían. Después de hacer que el sacerdote tomara otra ruta y abandonara la campana, comprobó, frustrado, que el cambio no había surtido ningún efecto. Pero en 1847, la muerte de uno de sus colegas por una cortada que se había hecho en la mano durante un examen post mortem, le dio la pista que necesitaba. Cortar cadáveres abiertos en ese tiempo conllevaba riesgos físicos, muchos de ellos fatales (…).
Mientras su colega moría, Semmelweis notó que sus síntomas eran muy similares a los de mujeres con fiebre puerperal. ¿Sería que los médicos que trabajan en la sala de disección llevaban “partículas cadavéricas” con ellos a las salas de parto? Semmelweis observó que muchos de los jóvenes iban directamente de una autopsia a atender a las mujeres. Como no se usaban guantes ni otras formas de equipo de protección en la sala de disección, no era raro ver estudiantes de medicina con trozos de carne, tripas o cerebros pegados a su ropa después de que las clases hubieran terminado.
La gran diferencia entre la sala de médicos y la de parteras era que los médicos realizaban autopsias y las parteras, no. Y, antes de que se entendiera bien el asunto de los gérmenes, era difícil encontrar un remedio para la miseria en los hospitales. (…)
Tras concluir que la fiebre puerperal era causada por “material infeccioso” de un cadáver, instaló una cuenca llena de solución de cal clorada en el hospital y comenzó a salvar vidas de mujeres con tres simples palabras: “LÁVESE LAS MANOS”.
Aquellos que pasaban de la sala de disección a las salas de parto tenían que usar la solución antiséptica antes de atender a pacientes vivos. Las tasas de mortalidad en la sala de estudiantes de medicina se desplomaron. En abril de 1847, la tasa era del 18,3%. Inmediatamente después de un mes de instituido el lavado de manos, las tasas cayeron a poco más del 2% en mayo.
Una de las últimas cosas que Semmelweis escribió son inquietantes: “Cuando reviso el pasado, sólo puedo disipar la tristeza que me invade imaginando ese futuro feliz en el que la infección será desterrada... La convicción de que ese momento tiene que llegar inevitable-mente, tarde o temprano, alegrará mi hora de morir”.
Adaptado de https://www.bbc.com/mundo/ Accedido el 31/01/21.
En el último párrafo, el mensaje de Semmelweis revela, principalmente,
06
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