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Questão 12 92554
PUC- RJ 1° Dia - Tarde - G(1 - 3 - 4) 2012La “terapia del tren”: un insólito método para
intentar curar enfermedades
Es practicada en Indonesia por personas aquejadas
de reumatismo, escoliosis y artritis, entre
otros males.
Por Paula Regueira Leal, EFE
02 de agosto de 2011.
[1] YAKARTA.- Oleadas de indonesios persiguen su
cura con la “terapia del tren”, método peligroso que
consiste en sentarse entre las vías del ferrocarril y
agarrar con las manos los rieles para que el cuerpo
[5] reciba la corriente eléctrica que creen saludable. Estos
indonesios aquejados de reumatismo, escoliosis,
artritis, hipertensión, insomnio y otras dolencias,
creen que la supuesta energía eléctrica que aseguran
transcurre por las vías, tiene efectos curativos.
[10] Nadie sabe con certeza quién fue el promotor e
impulsor de esta extraña manera de arriesgar la vida,
pero lo cierto es que a diario antes del atardecer y
desde hace más de un año, decenas de personas
se sientan entre los rieles próximos a la estación
[15] de Cengkaren, en el arrabal metropolitano de Rawa
Buaya, para probar si mejoran de sus males. Las
habladurías han hecho tan popular la estación que
hasta ésta viajan enfermos procedentes de muchos
rincones de la isla de Java, incluso desde los más
[20] apartados. Uno de los practicantes habituales de
este método que se identifica como Subiarsa, de 43
años, asegura que la “terapia del tren” le ha curado
los dolores que sufría en una de sus piernas.
“La gente viene aquí a aliviar muchos males:
[25] diabetes, dolores musculares, migraña...”, apunta
convencido Subiarsa, quien cree que “las descargas
de electricidad mejoran cualquier achaque”.
Aquellos que confían en el supuesto poder
curativo del método ferroviario tampoco saben explicar
[30] el motivo por el que la estación de Cengkareng se ha
convertido en centro de peregrinaje, aunque alguno
apunta que no ha sido escogida por sus propiedades
únicas, sino por el hecho de que por ésta pasan pocos
trenes. Los incrédulos atribuyen este fenómeno a la
[35] desesperación y culpan a las autoridades de que los
indonesios más pobres recurran a estos métodos
sin base científica para buscar algún alivio a sus
dolencias. Dwinanto Negroho, un profesor oriundo de
Yakarta, considera que “estos métodos son absurdos,
[40] en realidad, una bofetada para el Gobierno”. “La
sanidad es tan cara que la gente tiene que ingeniar
nuevas fórmulas con las que intentar curarse”, señala
Negroho.
Mientras aumenta el flujo de personas que se
[45] aferran a los rieles de Cengkareng, las autoridades
claman que han advertido hasta la saciedad y sin
ningún éxito de que sentarse en las vías es peligroso
y de que además no es una terapia curativa. El
jefe de estación de Cengkareng, Suari, afirma que
[50] la afluencia hasta esos tramos de la vía férrea de
personas que han oído hablar de sus propiedades,
tiene prácticamente desbordados a los empleados.
“Cada día varios funcionarios se acercan a las vías del
tren para explicar a la gente los peligros que afrontan
[55] y advertir de que, además, lo que hacen contraviene
la ley”, explica el jefe de la estación. La última
normativa de la red estatal de ferrocarriles indonesios
y aprobada hace unos cuatro años establece que
nadie puede utilizar las vías del tren para fines que
[60] no sean de transporte. Pero la gente hace oídos
sordos a los avisos y regresa, algunos casi a diario,
para pasar el rato o para sentarse entre los raíles a su
paso por esta barriada, que a raíz del fenómeno dicen
que se ha tornado mucho más animada.
[65] La Policía, ocupada con otros menesteres,
alega que se trata de un problema social que nada
tiene que ver con la seguridad pública, aunque los
agentes de patrulla observan sin alterarse como
algunas personas se tumban entre las vías para
[70]probar la terapia. En un improvisado ambulatorio
que sirve también de almacén, han amontonado
almohadas que emplean para seguir una terapia de
una forma algo más confortable, paraguas con los
que resguardarse de la lluvia o de los ardientes rayos
[75] de sol y cubos con agua, utilizados por aquellos que
creen que mojando el espacio elegido conseguirán
que por su cuerpo pase más corriente eléctrica.
La “terapia del tren” es uno de los absurdos
métodos para aliviar dolores a los que recurre
[80] la sociedad indonesia más desfavorecida, por lo
general con alto nivel de ignorancia. Unos practican
el “kerokan”, que consiste en frotar monedas en la
espalda para combatir la gripe, o el “jamu”, pócimas
que dicen sanan las dolencias físicas. Indonesia,
[85] donde no toda la población puede acceder al sistema
público sanitario, gasta el 2,5 de su Producto Interior
Bruto en Sanidad, con lo que es uno de los países
del mundo que menos invierte en la salud de su
población, según datos de la Organización Mundial
[90] de la Salud (OMS).
Señale la alternativa en que la palabra entre paréntesis NO define correctamente la palabra subrayada.
Questão 11 92553
PUC- RJ 1° Dia - Tarde - G(1 - 3 - 4) 2012La “terapia del tren”: un insólito método para
intentar curar enfermedades
Es practicada en Indonesia por personas aquejadas
de reumatismo, escoliosis y artritis, entre
otros males.
Por Paula Regueira Leal, EFE
02 de agosto de 2011.
[1] YAKARTA.- Oleadas de indonesios persiguen su
cura con la “terapia del tren”, método peligroso que
consiste en sentarse entre las vías del ferrocarril y
agarrar con las manos los rieles para que el cuerpo
[5] reciba la corriente eléctrica que creen saludable. Estos
indonesios aquejados de reumatismo, escoliosis,
artritis, hipertensión, insomnio y otras dolencias,
creen que la supuesta energía eléctrica que aseguran
transcurre por las vías, tiene efectos curativos.
[10] Nadie sabe con certeza quién fue el promotor e
impulsor de esta extraña manera de arriesgar la vida,
pero lo cierto es que a diario antes del atardecer y
desde hace más de un año, decenas de personas
se sientan entre los rieles próximos a la estación
[15] de Cengkaren, en el arrabal metropolitano de Rawa
Buaya, para probar si mejoran de sus males. Las
habladurías han hecho tan popular la estación que
hasta ésta viajan enfermos procedentes de muchos
rincones de la isla de Java, incluso desde los más
[20] apartados. Uno de los practicantes habituales de
este método que se identifica como Subiarsa, de 43
años, asegura que la “terapia del tren” le ha curado
los dolores que sufría en una de sus piernas.
“La gente viene aquí a aliviar muchos males:
[25] diabetes, dolores musculares, migraña...”, apunta
convencido Subiarsa, quien cree que “las descargas
de electricidad mejoran cualquier achaque”.
Aquellos que confían en el supuesto poder
curativo del método ferroviario tampoco saben explicar
[30] el motivo por el que la estación de Cengkareng se ha
convertido en centro de peregrinaje, aunque alguno
apunta que no ha sido escogida por sus propiedades
únicas, sino por el hecho de que por ésta pasan pocos
trenes. Los incrédulos atribuyen este fenómeno a la
[35] desesperación y culpan a las autoridades de que los
indonesios más pobres recurran a estos métodos
sin base científica para buscar algún alivio a sus
dolencias. Dwinanto Negroho, un profesor oriundo de
Yakarta, considera que “estos métodos son absurdos,
[40] en realidad, una bofetada para el Gobierno”. “La
sanidad es tan cara que la gente tiene que ingeniar
nuevas fórmulas con las que intentar curarse”, señala
Negroho.
Mientras aumenta el flujo de personas que se
[45] aferran a los rieles de Cengkareng, las autoridades
claman que han advertido hasta la saciedad y sin
ningún éxito de que sentarse en las vías es peligroso
y de que además no es una terapia curativa. El
jefe de estación de Cengkareng, Suari, afirma que
[50] la afluencia hasta esos tramos de la vía férrea de
personas que han oído hablar de sus propiedades,
tiene prácticamente desbordados a los empleados.
“Cada día varios funcionarios se acercan a las vías del
tren para explicar a la gente los peligros que afrontan
[55] y advertir de que, además, lo que hacen contraviene
la ley”, explica el jefe de la estación. La última
normativa de la red estatal de ferrocarriles indonesios
y aprobada hace unos cuatro años establece que
nadie puede utilizar las vías del tren para fines que
[60] no sean de transporte. Pero la gente hace oídos
sordos a los avisos y regresa, algunos casi a diario,
para pasar el rato o para sentarse entre los raíles a su
paso por esta barriada, que a raíz del fenómeno dicen
que se ha tornado mucho más animada.
[65] La Policía, ocupada con otros menesteres,
alega que se trata de un problema social que nada
tiene que ver con la seguridad pública, aunque los
agentes de patrulla observan sin alterarse como
algunas personas se tumban entre las vías para
[70]probar la terapia. En un improvisado ambulatorio
que sirve también de almacén, han amontonado
almohadas que emplean para seguir una terapia de
una forma algo más confortable, paraguas con los
que resguardarse de la lluvia o de los ardientes rayos
[75] de sol y cubos con agua, utilizados por aquellos que
creen que mojando el espacio elegido conseguirán
que por su cuerpo pase más corriente eléctrica.
La “terapia del tren” es uno de los absurdos
métodos para aliviar dolores a los que recurre
[80] la sociedad indonesia más desfavorecida, por lo
general con alto nivel de ignorancia. Unos practican
el “kerokan”, que consiste en frotar monedas en la
espalda para combatir la gripe, o el “jamu”, pócimas
que dicen sanan las dolencias físicas. Indonesia,
[85] donde no toda la población puede acceder al sistema
público sanitario, gasta el 2,5 de su Producto Interior
Bruto en Sanidad, con lo que es uno de los países
del mundo que menos invierte en la salud de su
población, según datos de la Organización Mundial
[90] de la Salud (OMS).
Señala el apartado que sintetiza el tema del artículo:
Questão 9 92491
PUC- RJ Inverno - Manhã 2012Cómo el "discurso materno" condiciona nuestra vida adulta sin que nos demos cuenta
Emol
22 de abril de 2012.
[1] "Rosario es muy buena, llora muy poco y prácticamente nunca hace pataletas". "Pablo es terrible, es
atarantado y no piensa antes de actuar". Es común que los padres se refieran a sus hijos con frases
parecidas a éstas, pensando que es sólo una opinión y que no le hacen mal a nadie. Pero, ¡cuidado!,
porque se trata de dichos que a la larga pueden condicionar la vida adulta de una persona.
[5] Así l o plantea la terapeuta familiar argentina Laura Gutman en su libro "El poder del discurso materno"
(Del Nuevo Extremo), cuyo objetivo es ayudar a las personas a comprenderse más. Según la autora,
apenas nacemos e incluso antes, los adultos determinan "cómo somos" al ponernos un "título":
caprichoso, llorón, tímido, divertido, etc. Sin embargo, esto suele ser una proyección del propio adulto
que se va quedando con el tiempo y que, en definitiva, hace que pensemos, sintamos e interpretemos la
[10] vida desde un punto de vista "prestado".
"De ese 'discurso' dependerá si nos consideramos buenos o muy malos, si creemos que somos
generosos, inteligentes o tontos, si somos astutos, débiles o perezosos", explica Gutman. La especialista
agrega que en la mayoría de los casos el "discurso" que se instala pertenece a la madre, pero es posible
que también opere el del padre o incluso el de la abuela, si ésta ha sido una figura muy importante en la
[15] historia familiar.
La terapeuta familiar acompaña procesos de indagación personal de quienes acuden a ella para saber
quiénes son y relata que en estos casos el primer paso es hacer preguntas puntuales sobre su infancia,
para determinar el nivel de "maternaje" que ha recibido. En este sentido, afirma que si la persona recibió
suficiente amparo, los recuerdos fluirán con sencillez. Sí no fue así, los recuerdos estarán teñidos de aquello
[20] que haya sido nombrado durante su infancia "y casi siempre va a aparecer el discurso de la madre".
Tras pasar por su adolescencia, sus relaciones con mujeres (en el caso de que se trate de un hombre), su
relación actual con su madre, etc., Gutman o alguno de los profesionales que trabajan con ella están en
condiciones de ponerle a la persona "las cartas sobre la mesa", de manera que pueda mirar el panorama
completo. En el fondo, lo que se hace es comparar el discurso materno con la vivencia de la persona,
[25] para que así ésta pueda tomar decisiones en su vida.
"Cada individuo trae un universo de relaciones, específico y original. El arte está en ser capaces de
descubrir la 'trama interna' en lugar de fascinarse y elaborar interpretaciones dentro de las historias
aprendidas que todo individuo carga en la mochila de la 'historia oficial'", postula la especialista.
¿Cómo lograr no imponer un "discurso" sobre los hijos?
[30] Aunque la autora asegura que su libro no se trata de la crianza de los niños, sí dedica un espacio para
ayudar a los padres a no imponerles a sus hijos sus propias proyecciones. En este sentido, sostiene que
si lo que se busca es "criarlos libres", esto no significa permitirles elegir sus juguetes o su ropa, sino que
lo que realmente importa es que los hijos puedan contar con "el apoyo y la mirada suficientemente limpia
de sus padres".
[35] Un primer paso para lograr esto -dice Laura Gutman- es que los padres indaguen sobre su historia, es
decir, que reconozcan su "sombra". "Estar dispuestos a ingresar en los territorios dolorosos y olvidados
de la conciencia. Confrontar con los hechos acaecidos durante nuestra infancia, sabiendo que ahora -
siendo adultos- tenemos los recursos suficientes, y que nada demasiado malo nos puede suceder",
explica. Según la terapeuta familiar, esto puede resultar doloroso, pero les ayudará a los padres a tomar
[40] decisiones más saludables.
Asimismo, la especialista recomienda a los padres que se cuestionen a sí mismos, que dejen de actuar de
manera automática, que reconozcan sus personajes y los guiones que siguen, lo que les permitirá decidir
no funcionar así e intentar otros modos más creativos y ricos. "Sólo entonces seremos capaces de mirar a
nuestros hijos con mayor apertura y sin tantos prejuicios, es decir, sin prejuzgarlos antes de observarlos
[45] y acompañarlos. En lugar de interpretar cada cosa que hacen y que no nos gusta, en lugar de encerrarlos
en personajes que nos calman porque los tenemos rápidamente ubicados... podremos simplemente
nombrar cuidadosamente aquello que les sucede, dándoles todo el valor real de eso que les sucede",
sostiene Gutman.
La terapeuta familiar ilustra lo que plantea con un ejemplo: "Si a un niño pequeño en lugar de decirle
[50] 'qué perezoso que eres, igual a tu padre', le preguntamos: '¿No tienes ganas de ir a la escuela? ¿Es
porque te molestan los niños?', las cosas cambian radicalmente. El niño no se calza el traje de 'perezoso
que no le hace caso a sus padres', ni ningún otro traje".
Laura Gutman advierte que lograr no imponer un discurso sobre los hijos requiere un entrenamiento
cotidiano y un permanente cuestionamiento personal; es trabajoso y comprometido; puede llevar años
[55] implementarlo de manera automática. Sin embargo, la especialista recalca que a su juicio "es el único
trabajo que nos va a ayudar a salir de los fundamentalismos (crianza con apego, crianza natural,
naturismo, co-lecho, lactancia prolongada, etc.) que son muy bonitos y políticamente correctos, pero que
funcionan también como refugios para los personajes más diversos".
En definitiva, lo que la terapeuta propone a los padres es que sean "libres", que tomen las riendas de su
[60] vida. "A partir de ese momento, seremos totalmente responsables de las decisiones que tomemos en
nuestra vida, en todas las áreas, incluida la capacidad de no encerrar a nuestros hijos -si los tenemos- en
los personajes que nos resulten funcionales", concluye.
Señale la alternativa en que la palabra entre paréntesis NO define correctamente la palabra subrayada.
Questão 8 92490
PUC- RJ Inverno - Manhã 2012Cómo el "discurso materno" condiciona nuestra vida adulta sin que nos demos cuenta
Emol
22 de abril de 2012.
[1] "Rosario es muy buena, llora muy poco y prácticamente nunca hace pataletas". "Pablo es terrible, es
atarantado y no piensa antes de actuar". Es común que los padres se refieran a sus hijos con frases
parecidas a éstas, pensando que es sólo una opinión y que no le hacen mal a nadie. Pero, ¡cuidado!,
porque se trata de dichos que a la larga pueden condicionar la vida adulta de una persona.
[5] Así l o plantea la terapeuta familiar argentina Laura Gutman en su libro "El poder del discurso materno"
(Del Nuevo Extremo), cuyo objetivo es ayudar a las personas a comprenderse más. Según la autora,
apenas nacemos e incluso antes, los adultos determinan "cómo somos" al ponernos un "título":
caprichoso, llorón, tímido, divertido, etc. Sin embargo, esto suele ser una proyección del propio adulto
que se va quedando con el tiempo y que, en definitiva, hace que pensemos, sintamos e interpretemos la
[10] vida desde un punto de vista "prestado".
"De ese 'discurso' dependerá si nos consideramos buenos o muy malos, si creemos que somos
generosos, inteligentes o tontos, si somos astutos, débiles o perezosos", explica Gutman. La especialista
agrega que en la mayoría de los casos el "discurso" que se instala pertenece a la madre, pero es posible
que también opere el del padre o incluso el de la abuela, si ésta ha sido una figura muy importante en la
[15] historia familiar.
La terapeuta familiar acompaña procesos de indagación personal de quienes acuden a ella para saber
quiénes son y relata que en estos casos el primer paso es hacer preguntas puntuales sobre su infancia,
para determinar el nivel de "maternaje" que ha recibido. En este sentido, afirma que si la persona recibió
suficiente amparo, los recuerdos fluirán con sencillez. Sí no fue así, los recuerdos estarán teñidos de aquello
[20] que haya sido nombrado durante su infancia "y casi siempre va a aparecer el discurso de la madre".
Tras pasar por su adolescencia, sus relaciones con mujeres (en el caso de que se trate de un hombre), su
relación actual con su madre, etc., Gutman o alguno de los profesionales que trabajan con ella están en
condiciones de ponerle a la persona "las cartas sobre la mesa", de manera que pueda mirar el panorama
completo. En el fondo, lo que se hace es comparar el discurso materno con la vivencia de la persona,
[25] para que así ésta pueda tomar decisiones en su vida.
"Cada individuo trae un universo de relaciones, específico y original. El arte está en ser capaces de
descubrir la 'trama interna' en lugar de fascinarse y elaborar interpretaciones dentro de las historias
aprendidas que todo individuo carga en la mochila de la 'historia oficial'", postula la especialista.
¿Cómo lograr no imponer un "discurso" sobre los hijos?
[30] Aunque la autora asegura que su libro no se trata de la crianza de los niños, sí dedica un espacio para
ayudar a los padres a no imponerles a sus hijos sus propias proyecciones. En este sentido, sostiene que
si lo que se busca es "criarlos libres", esto no significa permitirles elegir sus juguetes o su ropa, sino que
lo que realmente importa es que los hijos puedan contar con "el apoyo y la mirada suficientemente limpia
de sus padres".
[35] Un primer paso para lograr esto -dice Laura Gutman- es que los padres indaguen sobre su historia, es
decir, que reconozcan su "sombra". "Estar dispuestos a ingresar en los territorios dolorosos y olvidados
de la conciencia. Confrontar con los hechos acaecidos durante nuestra infancia, sabiendo que ahora -
siendo adultos- tenemos los recursos suficientes, y que nada demasiado malo nos puede suceder",
explica. Según la terapeuta familiar, esto puede resultar doloroso, pero les ayudará a los padres a tomar
[40] decisiones más saludables.
Asimismo, la especialista recomienda a los padres que se cuestionen a sí mismos, que dejen de actuar de
manera automática, que reconozcan sus personajes y los guiones que siguen, lo que les permitirá decidir
no funcionar así e intentar otros modos más creativos y ricos. "Sólo entonces seremos capaces de mirar a
nuestros hijos con mayor apertura y sin tantos prejuicios, es decir, sin prejuzgarlos antes de observarlos
[45] y acompañarlos. En lugar de interpretar cada cosa que hacen y que no nos gusta, en lugar de encerrarlos
en personajes que nos calman porque los tenemos rápidamente ubicados... podremos simplemente
nombrar cuidadosamente aquello que les sucede, dándoles todo el valor real de eso que les sucede",
sostiene Gutman.
La terapeuta familiar ilustra lo que plantea con un ejemplo: "Si a un niño pequeño en lugar de decirle
[50] 'qué perezoso que eres, igual a tu padre', le preguntamos: '¿No tienes ganas de ir a la escuela? ¿Es
porque te molestan los niños?', las cosas cambian radicalmente. El niño no se calza el traje de 'perezoso
que no le hace caso a sus padres', ni ningún otro traje".
Laura Gutman advierte que lograr no imponer un discurso sobre los hijos requiere un entrenamiento
cotidiano y un permanente cuestionamiento personal; es trabajoso y comprometido; puede llevar años
[55] implementarlo de manera automática. Sin embargo, la especialista recalca que a su juicio "es el único
trabajo que nos va a ayudar a salir de los fundamentalismos (crianza con apego, crianza natural,
naturismo, co-lecho, lactancia prolongada, etc.) que son muy bonitos y políticamente correctos, pero que
funcionan también como refugios para los personajes más diversos".
En definitiva, lo que la terapeuta propone a los padres es que sean "libres", que tomen las riendas de su
[60] vida. "A partir de ese momento, seremos totalmente responsables de las decisiones que tomemos en
nuestra vida, en todas las áreas, incluida la capacidad de no encerrar a nuestros hijos -si los tenemos- en
los personajes que nos resulten funcionales", concluye.
Cuando la autora dice que “lo que realmente importa es que los hijos puedan contar con el apoyo y la mirada suficientemente limpia de sus padres” la metáfora “mirada limpia” se refiere a una mirada
Questão 6 92488
PUC- RJ Inverno - Manhã 2012Cómo el "discurso materno" condiciona nuestra vida adulta sin que nos demos cuenta
Emol
22 de abril de 2012.
[1] "Rosario es muy buena, llora muy poco y prácticamente nunca hace pataletas". "Pablo es terrible, es
atarantado y no piensa antes de actuar". Es común que los padres se refieran a sus hijos con frases
parecidas a éstas, pensando que es sólo una opinión y que no le hacen mal a nadie. Pero, ¡cuidado!,
porque se trata de dichos que a la larga pueden condicionar la vida adulta de una persona.
[5] Así l o plantea la terapeuta familiar argentina Laura Gutman en su libro "El poder del discurso materno"
(Del Nuevo Extremo), cuyo objetivo es ayudar a las personas a comprenderse más. Según la autora,
apenas nacemos e incluso antes, los adultos determinan "cómo somos" al ponernos un "título":
caprichoso, llorón, tímido, divertido, etc. Sin embargo, esto suele ser una proyección del propio adulto
que se va quedando con el tiempo y que, en definitiva, hace que pensemos, sintamos e interpretemos la
[10] vida desde un punto de vista "prestado".
"De ese 'discurso' dependerá si nos consideramos buenos o muy malos, si creemos que somos
generosos, inteligentes o tontos, si somos astutos, débiles o perezosos", explica Gutman. La especialista
agrega que en la mayoría de los casos el "discurso" que se instala pertenece a la madre, pero es posible
que también opere el del padre o incluso el de la abuela, si ésta ha sido una figura muy importante en la
[15] historia familiar.
La terapeuta familiar acompaña procesos de indagación personal de quienes acuden a ella para saber
quiénes son y relata que en estos casos el primer paso es hacer preguntas puntuales sobre su infancia,
para determinar el nivel de "maternaje" que ha recibido. En este sentido, afirma que si la persona recibió
suficiente amparo, los recuerdos fluirán con sencillez. Sí no fue así, los recuerdos estarán teñidos de aquello
[20] que haya sido nombrado durante su infancia "y casi siempre va a aparecer el discurso de la madre".
Tras pasar por su adolescencia, sus relaciones con mujeres (en el caso de que se trate de un hombre), su
relación actual con su madre, etc., Gutman o alguno de los profesionales que trabajan con ella están en
condiciones de ponerle a la persona "las cartas sobre la mesa", de manera que pueda mirar el panorama
completo. En el fondo, lo que se hace es comparar el discurso materno con la vivencia de la persona,
[25] para que así ésta pueda tomar decisiones en su vida.
"Cada individuo trae un universo de relaciones, específico y original. El arte está en ser capaces de
descubrir la 'trama interna' en lugar de fascinarse y elaborar interpretaciones dentro de las historias
aprendidas que todo individuo carga en la mochila de la 'historia oficial'", postula la especialista.
¿Cómo lograr no imponer un "discurso" sobre los hijos?
[30] Aunque la autora asegura que su libro no se trata de la crianza de los niños, sí dedica un espacio para
ayudar a los padres a no imponerles a sus hijos sus propias proyecciones. En este sentido, sostiene que
si lo que se busca es "criarlos libres", esto no significa permitirles elegir sus juguetes o su ropa, sino que
lo que realmente importa es que los hijos puedan contar con "el apoyo y la mirada suficientemente limpia
de sus padres".
[35] Un primer paso para lograr esto -dice Laura Gutman- es que los padres indaguen sobre su historia, es
decir, que reconozcan su "sombra". "Estar dispuestos a ingresar en los territorios dolorosos y olvidados
de la conciencia. Confrontar con los hechos acaecidos durante nuestra infancia, sabiendo que ahora -
siendo adultos- tenemos los recursos suficientes, y que nada demasiado malo nos puede suceder",
explica. Según la terapeuta familiar, esto puede resultar doloroso, pero les ayudará a los padres a tomar
[40] decisiones más saludables.
Asimismo, la especialista recomienda a los padres que se cuestionen a sí mismos, que dejen de actuar de
manera automática, que reconozcan sus personajes y los guiones que siguen, lo que les permitirá decidir
no funcionar así e intentar otros modos más creativos y ricos. "Sólo entonces seremos capaces de mirar a
nuestros hijos con mayor apertura y sin tantos prejuicios, es decir, sin prejuzgarlos antes de observarlos
[45] y acompañarlos. En lugar de interpretar cada cosa que hacen y que no nos gusta, en lugar de encerrarlos
en personajes que nos calman porque los tenemos rápidamente ubicados... podremos simplemente
nombrar cuidadosamente aquello que les sucede, dándoles todo el valor real de eso que les sucede",
sostiene Gutman.
La terapeuta familiar ilustra lo que plantea con un ejemplo: "Si a un niño pequeño en lugar de decirle
[50] 'qué perezoso que eres, igual a tu padre', le preguntamos: '¿No tienes ganas de ir a la escuela? ¿Es
porque te molestan los niños?', las cosas cambian radicalmente. El niño no se calza el traje de 'perezoso
que no le hace caso a sus padres', ni ningún otro traje".
Laura Gutman advierte que lograr no imponer un discurso sobre los hijos requiere un entrenamiento
cotidiano y un permanente cuestionamiento personal; es trabajoso y comprometido; puede llevar años
[55] implementarlo de manera automática. Sin embargo, la especialista recalca que a su juicio "es el único
trabajo que nos va a ayudar a salir de los fundamentalismos (crianza con apego, crianza natural,
naturismo, co-lecho, lactancia prolongada, etc.) que son muy bonitos y políticamente correctos, pero que
funcionan también como refugios para los personajes más diversos".
En definitiva, lo que la terapeuta propone a los padres es que sean "libres", que tomen las riendas de su
[60] vida. "A partir de ese momento, seremos totalmente responsables de las decisiones que tomemos en
nuestra vida, en todas las áreas, incluida la capacidad de no encerrar a nuestros hijos -si los tenemos- en
los personajes que nos resulten funcionales", concluye.
En la oración “Asimismo, la especialista recomienda a los padres que se cuestionen a sí mismos, que dejen de actuar de manera automática, que reconozcan sus personajes y los guiones que siguen, lo que les permitirá decidir no funcionar así e intentar otros modos más creativos y ricos”, lo que hace referencia a
Questão 5 92487
PUC- RJ Inverno - Manhã 2012Cómo el "discurso materno" condiciona nuestra vida adulta sin que nos demos cuenta
Emol
22 de abril de 2012.
[1] "Rosario es muy buena, llora muy poco y prácticamente nunca hace pataletas". "Pablo es terrible, es
atarantado y no piensa antes de actuar". Es común que los padres se refieran a sus hijos con frases
parecidas a éstas, pensando que es sólo una opinión y que no le hacen mal a nadie. Pero, ¡cuidado!,
porque se trata de dichos que a la larga pueden condicionar la vida adulta de una persona.
[5] Así l o plantea la terapeuta familiar argentina Laura Gutman en su libro "El poder del discurso materno"
(Del Nuevo Extremo), cuyo objetivo es ayudar a las personas a comprenderse más. Según la autora,
apenas nacemos e incluso antes, los adultos determinan "cómo somos" al ponernos un "título":
caprichoso, llorón, tímido, divertido, etc. Sin embargo, esto suele ser una proyección del propio adulto
que se va quedando con el tiempo y que, en definitiva, hace que pensemos, sintamos e interpretemos la
[10] vida desde un punto de vista "prestado".
"De ese 'discurso' dependerá si nos consideramos buenos o muy malos, si creemos que somos
generosos, inteligentes o tontos, si somos astutos, débiles o perezosos", explica Gutman. La especialista
agrega que en la mayoría de los casos el "discurso" que se instala pertenece a la madre, pero es posible
que también opere el del padre o incluso el de la abuela, si ésta ha sido una figura muy importante en la
[15] historia familiar.
La terapeuta familiar acompaña procesos de indagación personal de quienes acuden a ella para saber
quiénes son y relata que en estos casos el primer paso es hacer preguntas puntuales sobre su infancia,
para determinar el nivel de "maternaje" que ha recibido. En este sentido, afirma que si la persona recibió
suficiente amparo, los recuerdos fluirán con sencillez. Sí no fue así, los recuerdos estarán teñidos de aquello
[20] que haya sido nombrado durante su infancia "y casi siempre va a aparecer el discurso de la madre".
Tras pasar por su adolescencia, sus relaciones con mujeres (en el caso de que se trate de un hombre), su
relación actual con su madre, etc., Gutman o alguno de los profesionales que trabajan con ella están en
condiciones de ponerle a la persona "las cartas sobre la mesa", de manera que pueda mirar el panorama
completo. En el fondo, lo que se hace es comparar el discurso materno con la vivencia de la persona,
[25] para que así ésta pueda tomar decisiones en su vida.
"Cada individuo trae un universo de relaciones, específico y original. El arte está en ser capaces de
descubrir la 'trama interna' en lugar de fascinarse y elaborar interpretaciones dentro de las historias
aprendidas que todo individuo carga en la mochila de la 'historia oficial'", postula la especialista.
¿Cómo lograr no imponer un "discurso" sobre los hijos?
[30] Aunque la autora asegura que su libro no se trata de la crianza de los niños, sí dedica un espacio para
ayudar a los padres a no imponerles a sus hijos sus propias proyecciones. En este sentido, sostiene que
si lo que se busca es "criarlos libres", esto no significa permitirles elegir sus juguetes o su ropa, sino que
lo que realmente importa es que los hijos puedan contar con "el apoyo y la mirada suficientemente limpia
de sus padres".
[35] Un primer paso para lograr esto -dice Laura Gutman- es que los padres indaguen sobre su historia, es
decir, que reconozcan su "sombra". "Estar dispuestos a ingresar en los territorios dolorosos y olvidados
de la conciencia. Confrontar con los hechos acaecidos durante nuestra infancia, sabiendo que ahora -
siendo adultos- tenemos los recursos suficientes, y que nada demasiado malo nos puede suceder",
explica. Según la terapeuta familiar, esto puede resultar doloroso, pero les ayudará a los padres a tomar
[40] decisiones más saludables.
Asimismo, la especialista recomienda a los padres que se cuestionen a sí mismos, que dejen de actuar de
manera automática, que reconozcan sus personajes y los guiones que siguen, lo que les permitirá decidir
no funcionar así e intentar otros modos más creativos y ricos. "Sólo entonces seremos capaces de mirar a
nuestros hijos con mayor apertura y sin tantos prejuicios, es decir, sin prejuzgarlos antes de observarlos
[45] y acompañarlos. En lugar de interpretar cada cosa que hacen y que no nos gusta, en lugar de encerrarlos
en personajes que nos calman porque los tenemos rápidamente ubicados... podremos simplemente
nombrar cuidadosamente aquello que les sucede, dándoles todo el valor real de eso que les sucede",
sostiene Gutman.
La terapeuta familiar ilustra lo que plantea con un ejemplo: "Si a un niño pequeño en lugar de decirle
[50] 'qué perezoso que eres, igual a tu padre', le preguntamos: '¿No tienes ganas de ir a la escuela? ¿Es
porque te molestan los niños?', las cosas cambian radicalmente. El niño no se calza el traje de 'perezoso
que no le hace caso a sus padres', ni ningún otro traje".
Laura Gutman advierte que lograr no imponer un discurso sobre los hijos requiere un entrenamiento
cotidiano y un permanente cuestionamiento personal; es trabajoso y comprometido; puede llevar años
[55] implementarlo de manera automática. Sin embargo, la especialista recalca que a su juicio "es el único
trabajo que nos va a ayudar a salir de los fundamentalismos (crianza con apego, crianza natural,
naturismo, co-lecho, lactancia prolongada, etc.) que son muy bonitos y políticamente correctos, pero que
funcionan también como refugios para los personajes más diversos".
En definitiva, lo que la terapeuta propone a los padres es que sean "libres", que tomen las riendas de su
[60] vida. "A partir de ese momento, seremos totalmente responsables de las decisiones que tomemos en
nuestra vida, en todas las áreas, incluida la capacidad de no encerrar a nuestros hijos -si los tenemos- en
los personajes que nos resulten funcionales", concluye.
En la oración “Sin embargo, esto suele ser una proyección del propio adulto que se va quedando con el tiempo y que, en definitiva, hace que pensemos, sintamos e interpretemos la vida desde un punto de vista `prestado´”, la conjunción sin embargo establece respecto a la oración anterior una relación de
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