Questões de Espanhol
11.733 Questões
Questão 70 6307769
PUC-MG Medicina 2019/2SOLUCION BASICA UNIVERSAL
¿Qué tienen en común filósofos renacentistas como Tomás Moro o Juan Luis Vives, billonarios futuristas como Mark Zuckerberg y Elon Musk, trasnochados izquierdistas como Jeremy Corbyn y Bernie Sanders, y paradigmáticos derechistas como el expresidente Nixon o Charles Murray? Todos han defendido algún tipo de renta básica universal. Cobrar por vivir. Una idea hermosa que se está probando en distintos puntos del planeta.
Y una idea lógica en una era de zozobra laboral. Si en la próxima década la automatización destruirá un tercio de los empleos en economías como la española, deberíamos adoptar nuevas medidas de protección social. La renta básica universal ayudaría también a simplificar los complejos esquemas de subsidios y ayudas condicionales que enmarañan nuestros Estados de bienestar.
Además, la introducción de la renta básica se está haciendo de forma cautelosa. En pequeñas dosis, como el programa de dos años recientemente finalizado en Finlandia. Y para grupos concretos, como los desempleados. Pero, al mismo tiempo, será difícil extraer conclusiones de estas tímidas aplicaciones. Con la excepción de contextos como Kenia, donde se están llevando a cabo experimentos controlados de renta básica universal, no es fácil transformar una sociedad moderna en un laboratorio en el que la mitad de los ciudadanos reciben una ayuda sustanciosa y la otra mitad no.
Y poner en marcha una renta básica a escala nacional es arriesgado. Los liberales críticos argumentan que, con un sueldo asegurado, muchos individuos elegirían no trabajar. Y los socialdemócratas escépticos creen que la renta básica universal rompería el contrato social, creando resentimiento entre quienes se sentirían contribuyentes y quienes se verían como receptores. Amén de los costes de oportunidad de su implementación. Pues el dinero público que iría al bolsillo de los ciudadanos no se podría destinar a educación, sanidad o I+D.
Y es que, si ninguna sociedad a lo largo de la historia ha podido consolidar una política en teoría tan justa como la renta básica, quizás es porque, en la práctica, no es una solución tan universal. Por Victor Lapuente
(in https://elpais.com/elpais/2018/08/13/opinion/1534161672_232068.html, accesado en 13 de agosto de 2018. Adaptado.)
En el último párrafo, en la frase “[…] quizás es porque, en la práctica, no es una solución tan universal.”, el vocábulo marcado puede ser sustituido por
Questão 17 6307177
UNITINS Tarde 2019/1¿Cuándo admitió la RAE las palabras “chutar” y “centrocampista”?
Ocurrió en 1979. Ambas incorporaciones aparecieron en el boletín del primer cuatrimestre de aquel año, junto con palabras como élite, petanca o revanchismo. Así lo contó EL PAÍS
Otros70
Después de una ardua, y no precisamente sorda batalla por imponerla, los críticos deportivos de carácter futbolístico han conseguido ver en el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua la palabra chutar.El origen del verbo está, corno el fútbol mismo, en Inglaterra, y procede de la palabra shoot (to shoot), cuyo significado es disparar, tirar. Chutar se viene usando en España prácticamente desde que comenzó a practicarse el fútbol. Siempre tuvo el mismo significado. Contrariamente a lo que ocurre con otros términos del argot futbolístico, jamás tuvo otro significado que el estricto de tirar a gol o disparar el los críticos deportivos de carácter futbolístico han conseguido ver en el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua la palabra chutar.
El origen del verbo está, como el fútbol mismo, en Inglaterra, y procede de la palabra shoot (to shoot), cuyo significado es disparar el balón para alejarlo del área. Algunos locutores de radio y de televisión, llevados por la internacionalización del deporte balompédico, han llegado a decir que los futbolistas propinaban a la pelota un chut impresionante, cuando las circunstancias aconsejaban el citado calificativo. Los críticos futbolísticos han visto también con satisfacción que ya no se transgrederán la normas académicas al nombrar a los centrocampistas. La palabra centrocampista también ha sido académicamente aceptada.
Estos dos vocablos aparecen, entre otros, en el boletín de la Real Academia correspondiente al primer cuatrimestre de este año. Este boletín lleva el número 216.
Aparte del fútbol, es la ropa interior el campo semántico en el que se ha fijado más la atención de los inmortales. Por una parte han ampliado la definición de calzoncillo, que deja de ser la clásica de “calzones interiores de punto o de tela, de lana, algodón, etcétera”, para incluir también un concepto nuevo. Los calzoncillos, dice la Academia, pueden tener las perneras “de longitud variable”.
Otro vocablo cuyo concepto se ha ampliado es la palabra camisón, que deja de ser aquella modesta y académica “camisa larga”, para ver su significado ampliado de este modo: “Camisa larga que cubre total o parcialmente las piernas y se emplea para permanecer en la cama”.
Las incursiones de la Real Academia se han dirigido también hacia otros procelosos senderos de la palabra y ha convenido en aceptar los términos élite, esteta (esteticista), revanchismo, petanca y rebeca.
El boletín de la Real Academia publica 68 nuevas voces adoptadas y 234 enmiendas ya aceptadas, según el resumen que hace la agencia Efe, así como dos notas necrológicas, una sobre Vicente García de Diego, firmada por Rafael Lapesa, y otra de Salvador de Madariaga, escrita por Julián Marías.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 14 de agosto de 1979 Disponible en Acceso el 27 de sep. 2018.
La palabra BALÓN puede ser sustituida en el texto, sin cambio de significado, por
Questão 11 6006449
Unilago 2019/2Leia a notícia a seguir e responda a questão.
Diez datos de la OMS sobre salud mental
En vísperas del Día Mundial de la Salud Mental, aquí tienes una infografía con diez datos ofrecidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS):

Sobre as informações apresentadas pela OMS no infográfico, relacione os trechos do texto, na coluna da esquerda, com os temas aos quais estão relacionados, na coluna da direita.
(I) Aproximadamente el 20% de los niños y adolescentes del mundo tienen trastornos o problemas mentais.
(II) El 75% de los suicidios tienen lugar en países de ingresos bajos y medios.
(III) Los trastornos mentales aumentan el riesgo de contraer otras enfermedades como enfermedades cardiovasculares o diabetes.
(IV) La estigmatización y la discriminación de la que son víctimas los enfermos disuaden a los pacienten a recurrir a los servicios de salud mental.
(V) Son frecuentes las denuncias de violaciones de los derechos humanos de las personas con discapacidad mental o psicológica.
(A) enfermedades asociadas
(B) vulnerabilidad
(C) prejuicios
(D) edad temprana
(E) recursos financieros
Assinale a alternativa que contém a associação correta.
Questão 9 6006390
Unilago 2019/2Leia a notícia a seguir e responda a questão.
Diez datos de la OMS sobre salud mental
En vísperas del Día Mundial de la Salud Mental, aquí tienes una infografía con diez datos ofrecidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS):

Sobre as informações contidas no infográfico, assinale a alternativa correta.
Questão 8 5774147
PUC- RJ Verão 2019Por qué olvidamos los libros que leemos
Recordamos dónde leímos aquella obra, o cómo era la portada. Pero nos suele costar más evocar el argumento.
Es bastante frecuente recordar los lugares en
los que se ha leído: sobre la toalla en la playa y
cerca de unos pinos; en unas gradas en un parque
de atracciones; en un apartamento mínimo; en la
[5] habitación desde la que se oía el tren; en la mesa
de la cocina de la casa familiar. Sin embargo, cuesta
un poco más recordar qué libro se leyó en qué lugar,
quién era el autor, o el argumento. Aunque a veces
se recuerda que tenía la portada roja o que era una
[10] edición de bolsillo.
Es decir, conservamos recuerdos de la sensación
física de leer, pero menos de lo que se ha leído. “Casi
siempre me acuerdo de dónde estaba y me acuerdo
del libro. Me acuerdo del objeto físico”, le dijo Pamela
[15] Paul, editora de The New York Times Book Review,
a Julie Beck en un reportaje en The Atlantic. Sigue:
“Me acuerdo de la edición, me acuerdo de la portada,
suelo recordar dónde lo compré o quién me lo dio. Lo
que no recuerdo —y es terrible— es todo lo demás”.
[20] “Lo que más recuerdo de la colección de cuentos
de Malamud El barril mágico es la cálida luz del sol
en la cafetería los viernes en los que la leí antes del
instituto. Le faltan los puntos más importantes, pero
es algo. La lectura tiene muchas facetas, una puede
[25] ser la mezcla indescriptible, y naturalmente fugaz,
de pensamiento y emoción, y las manipulaciones
sensoriales que ocurren en el momento y luego se
desvanecen. ¿Cuánto de la lectura es entonces una
especie de narcisismo, un marcador de quién eras y
[30] de qué estabas pensando cuando te encontraste con
un texto?”, escribe Ian Crouch en The New Yorker a
propósito de leer y olvidar lo leído.
Hay afortunados que son capaces de recordar
las tramas de películas, series y libros, pero para la
[35] mayoría, como escribe Beck, es “como llenar una
bañera, sumergirse en ella y luego ver cómo el agua
se va por el desagüe: puede dejar una fina película
en la bañera, pero el resto ya no está”. Hay algunas
razones científicas para explicar esto, y tienen que
[40] ver con lo que se llama “curva del olvido”, que es la
velocidad con la que olvidamos algo, y que es más
intensa durante las primeras 24 horas después de
haber aprendido algo, a no ser que se repase. Eso
explicaría que los libros que se leen de un tirón, o
[45] las series que se devoran de una sentada, se olviden
más fácilmente: no se ha hecho trabajar a la memoria
de recuperación.
De hecho, se sabe que quienes consumen
una serie viendo un capítulo a la semana o al día la
[50] recuerdan mejor que quienes la ven entera en un día.
Leer un libro de un tirón a veces supone olvidarlo antes
porque solo está funcionando la memoria de trabajo,
no hay repaso. En parte siempre ha sido así, pero
según Jared Horvath, investigador de la Universidad
[55] de Melbourne, al que cita Beck, “la forma en que
ahora se consume información y entretenimiento
ha cambiado el tipo de memoria que valoramos”. La
memoria de recuperación es ahora menos necesaria,
en parte gracias a Internet, y en cambio, para Horvath,
[60] la memoria de reconocimiento es más importante. La
posibilidad de tener el acceso a la información hace
que no haga falta memorizarla. Eso lo da Internet, la
gran biblioteca global, pero también algunos de sus
antecesores, como los libros, los casetes o los VHS.
[65] De hecho, Sócrates ya se mostró en contra del “uso
de las letras”, como una suerte de memoria externa
que iba a hacer que no se memorizara. Hoy sabemos
de esa reticencia del filósofo frente a la letra escrita,
y de todo su pensamiento, gracias a los diálogos de
[70] Platón, que quedaron recogidos por escrito.
En Contra la lectura, la profesora y ensayista
Mikita Brottman recupera este fragmento de El
tiempo recobrado, de Proust, un gran explorador de
la confluencia entre lectura y memoria: “Un libro que
[75] leímos no permanece unido para siempre solo a lo que
había en torno a nosotros; sigue estándolo fielmente
también a lo que nosotros éramos entonces, y ya solo
puede volver a ser sentido, concebido, mediante la
sensibilidad, mediante el pensamiento, por la persona
[80] que éramos entonces”. Brottman también cita las
memorias de Azar Nafisi, Leer Lolita en Teherán,
donde escribe: “Si un sonido pudiera guardarse entre
las páginas del mismo modo que una hoja o una
mariposa, diría que entre las de mi Orgullo y prejuicio,
[85] la novela más polifónica de todas…, está escondido,
como una hoja de otoño, el sonido de aquella sirena
[antiaérea]”. Esa relación con los libros leídos y a
veces olvidados explica la existencia de las memorias
bibliófilas. El libro de Brottman pertenece en parte a
[90] ese género, Leer Lolita en Teherán, completamente.
Es un género que tiene su propio acrónimo: Bob,
book of books.
Pamela Paul lleva el suyo desde los 17 años.
Sobre ese diario de lecturas ha escrito My Life with
[95] Bob: Flawed Heroine Keeps Book of Books, Plot
Ensues [Mi vida con Bob: la heroína defectuosa
guarda el libro de los libros, sigue la trama]. Según
recogía un artículo en el Financial Times, estamos en
un buen momento para las bibliomemorias. […]
Texto adaptado de Aloma Rodríguez, publicado en El País, el 24/07/2018.
En el texto, la expresión “Leer un libro de un tirón” (línea 51) significa leer
Questão 3 5774074
PUC- RJ Verão 2019Por qué olvidamos los libros que leemos
Recordamos dónde leímos aquella obra, o cómo era la portada. Pero nos suele costar más evocar el argumento.
Es bastante frecuente recordar los lugares en
los que se ha leído: sobre la toalla en la playa y
cerca de unos pinos; en unas gradas en un parque
de atracciones; en un apartamento mínimo; en la
[5] habitación desde la que se oía el tren; en la mesa
de la cocina de la casa familiar. Sin embargo, cuesta
un poco más recordar qué libro se leyó en qué lugar,
quién era el autor, o el argumento. Aunque a veces
se recuerda que tenía la portada roja o que era una
[10] edición de bolsillo.
Es decir, conservamos recuerdos de la sensación
física de leer, pero menos de lo que se ha leído. “Casi
siempre me acuerdo de dónde estaba y me acuerdo
del libro. Me acuerdo del objeto físico”, le dijo Pamela
[15] Paul, editora de The New York Times Book Review,
a Julie Beck en un reportaje en The Atlantic. Sigue:
“Me acuerdo de la edición, me acuerdo de la portada,
suelo recordar dónde lo compré o quién me lo dio. Lo
que no recuerdo —y es terrible— es todo lo demás”.
[20] “Lo que más recuerdo de la colección de cuentos
de Malamud El barril mágico es la cálida luz del sol
en la cafetería los viernes en los que la leí antes del
instituto. Le faltan los puntos más importantes, pero
es algo. La lectura tiene muchas facetas, una puede
[25] ser la mezcla indescriptible, y naturalmente fugaz,
de pensamiento y emoción, y las manipulaciones
sensoriales que ocurren en el momento y luego se
desvanecen. ¿Cuánto de la lectura es entonces una
especie de narcisismo, un marcador de quién eras y
[30] de qué estabas pensando cuando te encontraste con
un texto?”, escribe Ian Crouch en The New Yorker a
propósito de leer y olvidar lo leído.
Hay afortunados que son capaces de recordar
las tramas de películas, series y libros, pero para la
[35] mayoría, como escribe Beck, es “como llenar una
bañera, sumergirse en ella y luego ver cómo el agua
se va por el desagüe: puede dejar una fina película
en la bañera, pero el resto ya no está”. Hay algunas
razones científicas para explicar esto, y tienen que
[40] ver con lo que se llama “curva del olvido”, que es la
velocidad con la que olvidamos algo, y que es más
intensa durante las primeras 24 horas después de
haber aprendido algo, a no ser que se repase. Eso
explicaría que los libros que se leen de un tirón, o
[45] las series que se devoran de una sentada, se olviden
más fácilmente: no se ha hecho trabajar a la memoria
de recuperación.
De hecho, se sabe que quienes consumen
una serie viendo un capítulo a la semana o al día la
[50] recuerdan mejor que quienes la ven entera en un día.
Leer un libro de un tirón a veces supone olvidarlo antes
porque solo está funcionando la memoria de trabajo,
no hay repaso. En parte siempre ha sido así, pero
según Jared Horvath, investigador de la Universidad
[55] de Melbourne, al que cita Beck, “la forma en que
ahora se consume información y entretenimiento
ha cambiado el tipo de memoria que valoramos”. La
memoria de recuperación es ahora menos necesaria,
en parte gracias a Internet, y en cambio, para Horvath,
[60] la memoria de reconocimiento es más importante. La
posibilidad de tener el acceso a la información hace
que no haga falta memorizarla. Eso lo da Internet, la
gran biblioteca global, pero también algunos de sus
antecesores, como los libros, los casetes o los VHS.
[65] De hecho, Sócrates ya se mostró en contra del “uso
de las letras”, como una suerte de memoria externa
que iba a hacer que no se memorizara. Hoy sabemos
de esa reticencia del filósofo frente a la letra escrita,
y de todo su pensamiento, gracias a los diálogos de
[70] Platón, que quedaron recogidos por escrito.
En Contra la lectura, la profesora y ensayista
Mikita Brottman recupera este fragmento de El
tiempo recobrado, de Proust, un gran explorador de
la confluencia entre lectura y memoria: “Un libro que
[75] leímos no permanece unido para siempre solo a lo que
había en torno a nosotros; sigue estándolo fielmente
también a lo que nosotros éramos entonces, y ya solo
puede volver a ser sentido, concebido, mediante la
sensibilidad, mediante el pensamiento, por la persona
[80] que éramos entonces”. Brottman también cita las
memorias de Azar Nafisi, Leer Lolita en Teherán,
donde escribe: “Si un sonido pudiera guardarse entre
las páginas del mismo modo que una hoja o una
mariposa, diría que entre las de mi Orgullo y prejuicio,
[85] la novela más polifónica de todas…, está escondido,
como una hoja de otoño, el sonido de aquella sirena
[antiaérea]”. Esa relación con los libros leídos y a
veces olvidados explica la existencia de las memorias
bibliófilas. El libro de Brottman pertenece en parte a
[90] ese género, Leer Lolita en Teherán, completamente.
Es un género que tiene su propio acrónimo: Bob,
book of books.
Pamela Paul lleva el suyo desde los 17 años.
Sobre ese diario de lecturas ha escrito My Life with
[95] Bob: Flawed Heroine Keeps Book of Books, Plot
Ensues [Mi vida con Bob: la heroína defectuosa
guarda el libro de los libros, sigue la trama]. Según
recogía un artículo en el Financial Times, estamos en
un buen momento para las bibliomemorias. […]
Texto adaptado de Aloma Rodríguez, publicado en El País, el 24/07/2018.
En la oración “Aunque a veces se recuerda que…” (líneas 8-9), la conjunción en negrita establece respecto a lo dicho anteriormente una relación de
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