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Questão 24 88725
UNCISAL 1° Dia 2009Entrevista a Woody Allen
NUEVA YORK – Es más serio, más oscuro, más pesimista de lo que cualquiera podría imaginar. Woody Allen, uno de los más grandes cineastas de todos los tiempos, el creador de varias decenas de obras maestras, cree que la vida se divide entre lo miserable y lo horrible, que es una tragedia y que con la muerte todo acaba. Nada hay más allá, cree saber. Y eso lo fastidia.
Es el mismo Woody Allen, el de las gafas que son su marca registrada, el obsesivo e hipocondríaco, el admirador de Ingmar Bergman y el lector confieso de Jorge Luis Borges. Pero está distinto, más viejo.
– La crítica coincide en que con “Melinda y Melinda” ha retornado a la senda de sus mejores obras. ¿Usted se siente satisfecho con la película?
– Siempre he tenido una confianza extrema mientras escribo. Luego, cuando filmo, me siento más o menos cómodo, y después, cuando edito y veo lo que he hecho [chasquea sus dedos] toda mi confianza se desvanece. “¡Mi Dios! ¿Qué hice? ¡Tenía una percepción maravillosa... y grabé esto!”, pienso, pero no puedo tirar todo a la basura. Hago lo mejor que puedo cuando edito la película y me la saco de encima. Entonces entra la audiencia y a veces les gusta la película y a veces no, pero nunca saben lo que yo tenía en mente. A veces me gustaría decirles: “¡Ustedes no se dan cuenta de las ideas maravillosas que tenía y de cómo las arruiné! ¡Sólo han visto el 50 por ciento, el 20 por ciento de mi idea!” Si sólo pudiera rehacer mis películas, realmente podría hacerlas mejor. Así que, volviendo a su pregunta, no, nunca quedo feliz. Sólo una o dos películas me dejaron satisfecho en toda mi vida y no pienso decirle cuáles son.
– ¿Pensó en filmarla otra vez?
– No es tan fácil. Trabajo con un presupuesto muy bajo para los estándares de la industria. En Estados Unidos el costo medio de una película ronda los 50 ó los 60 millones de dólares, y ahora películas de cien millones de dólares son bastantes comunes, mientras que yo nunca consigo hacer películas de más de 12 ó 13 millones de dólares, por lo que no tengo el margen para rehacerlas. Filmar se ha convertido en algo prohibitivamente caro, en particular para quienes carecemos del dinero suficiente para armar algo parecido a “El aviador” [de Martin Scorsese, con Leonardo DiCaprio]. Recaudar semejante dinero es algo impensable para mí.
(www.adncultura.lanacion.com.ar/nota.asp? nota_id=939615&origen=relacionadas )
Acerca de la palabra mientras, destacada en el cuarto párrafo, se puede decir que establece entre las oraciones que enlaza una relación de
Questão 23 88724
UNCISAL 1° Dia 2009Entrevista a Woody Allen
NUEVA YORK – Es más serio, más oscuro, más pesimista de lo que cualquiera podría imaginar. Woody Allen, uno de los más grandes cineastas de todos los tiempos, el creador de varias decenas de obras maestras, cree que la vida se divide entre lo miserable y lo horrible, que es una tragedia y que con la muerte todo acaba. Nada hay más allá, cree saber. Y eso lo fastidia.
Es el mismo Woody Allen, el de las gafas que son su marca registrada, el obsesivo e hipocondríaco, el admirador de Ingmar Bergman y el lector confieso de Jorge Luis Borges. Pero está distinto, más viejo.
– La crítica coincide en que con “Melinda y Melinda” ha retornado a la senda de sus mejores obras. ¿Usted se siente satisfecho con la película?
– Siempre he tenido una confianza extrema mientras escribo. Luego, cuando filmo, me siento más o menos cómodo, y después, cuando edito y veo lo que he hecho [chasquea sus dedos] toda mi confianza se desvanece. “¡Mi Dios! ¿Qué hice? ¡Tenía una percepción maravillosa... y grabé esto!”, pienso, pero no puedo tirar todo a la basura. Hago lo mejor que puedo cuando edito la película y me la saco de encima. Entonces entra la audiencia y a veces les gusta la película y a veces no, pero nunca saben lo que yo tenía en mente. A veces me gustaría decirles: “¡Ustedes no se dan cuenta de las ideas maravillosas que tenía y de cómo las arruiné! ¡Sólo han visto el 50 por ciento, el 20 por ciento de mi idea!” Si sólo pudiera rehacer mis películas, realmente podría hacerlas mejor. Así que, volviendo a su pregunta, no, nunca quedo feliz. Sólo una o dos películas me dejaron satisfecho en toda mi vida y no pienso decirle cuáles son.
– ¿Pensó en filmarla otra vez?
– No es tan fácil. Trabajo con un presupuesto muy bajo para los estándares de la industria. En Estados Unidos el costo medio de una película ronda los 50 ó los 60 millones de dólares, y ahora películas de cien millones de dólares son bastantes comunes, mientras que yo nunca consigo hacer películas de más de 12 ó 13 millones de dólares, por lo que no tengo el margen para rehacerlas. Filmar se ha convertido en algo prohibitivamente caro, en particular para quienes carecemos del dinero suficiente para armar algo parecido a “El aviador” [de Martin Scorsese, con Leonardo DiCaprio]. Recaudar semejante dinero es algo impensable para mí.
(www.adncultura.lanacion.com.ar/nota.asp?
nota_id=939615&origen=relacionadas )
Si en la pregunta ¿Usted se siente satisfecho con la película? el entrevistador hubiese tratado informalmente a Woody Allen, le habría preguntado:
Questão 22 88722
UNCISAL 1° Dia 2009Entrevista a Woody Allen
NUEVA YORK – Es más serio, más oscuro, más pesimista de lo que cualquiera podría imaginar. Woody Allen, uno de los más grandes cineastas de todos los tiempos, el creador de varias decenas de obras maestras, cree que la vida se divide entre lo miserable y lo horrible, que es una tragedia y que con la muerte todo acaba. Nada hay más allá, cree saber. Y eso lo fastidia.
Es el mismo Woody Allen, el de las gafas que son su marca registrada, el obsesivo e hipocondríaco, el admirador de Ingmar Bergman y el lector confieso de Jorge Luis Borges. Pero está distinto, más viejo.
– La crítica coincide en que con “Melinda y Melinda” ha retornado a la senda de sus mejores obras. ¿Usted se siente satisfecho con la película?
– Siempre he tenido una confianza extrema mientras escribo. Luego, cuando filmo, me siento más o menos cómodo, y después, cuando edito y veo lo que he hecho [chasquea sus dedos] toda mi confianza se desvanece. “¡Mi Dios! ¿Qué hice? ¡Tenía una percepción maravillosa... y grabé esto!”, pienso, pero no puedo tirar todo a la basura. Hago lo mejor que puedo cuando edito la película y me la saco de encima. Entonces entra la audiencia y a veces les gusta la película y a veces no, pero nunca saben lo que yo tenía en mente. A veces me gustaría decirles: “¡Ustedes no se dan cuenta de las ideas maravillosas que tenía y de cómo las arruiné! ¡Sólo han visto el 50 por ciento, el 20 por ciento de mi idea!” Si sólo pudiera rehacer mis películas, realmente podría hacerlas mejor. Así que, volviendo a su pregunta, no, nunca quedo feliz. Sólo una o dos películas me dejaron satisfecho en toda mi vida y no pienso decirle cuáles son.
– ¿Pensó en filmarla otra vez?
– No es tan fácil. Trabajo con un presupuesto muy bajo para los estándares de la industria. En Estados Unidos el costo medio de una película ronda los 50 ó los 60 millones de dólares, y ahora películas de cien millones de dólares son bastantes comunes, mientras que yo nunca consigo hacer películas de más de 12 ó 13 millones de dólares, por lo que no tengo el margen para rehacerlas. Filmar se ha convertido en algo prohibitivamente caro, en particular para quienes carecemos del dinero suficiente para armar algo parecido a “El aviador” [de Martin Scorsese, con Leonardo DiCaprio]. Recaudar semejante dinero es algo impensable para mí.
(www.adncultura.lanacion.com.ar/nota.asp?
nota_id=939615&origen=relacionadas )
De acordo com o segundo parágrafo,
Questão 21 88721
UNCISAL 1° Dia 2009Entrevista a Woody Allen
NUEVA YORK – Es más serio, más oscuro, más pesimista de lo que cualquiera podría imaginar. Woody Allen, uno de los más grandes cineastas de todos los tiempos, el creador de varias decenas de obras maestras, cree que la vida se divide entre lo miserable y lo horrible, que es una tragedia y que con la muerte todo acaba. Nada hay más allá, cree saber. Y eso lo fastidia.
Es el mismo Woody Allen, el de las gafas que son su marca registrada, el obsesivo e hipocondríaco, el admirador de Ingmar Bergman y el lector confieso de Jorge Luis Borges. Pero está distinto, más viejo.
– La crítica coincide en que con “Melinda y Melinda” ha retornado a la senda de sus mejores obras. ¿Usted se siente satisfecho con la película?
– Siempre he tenido una confianza extrema mientras escribo. Luego, cuando filmo, me siento más o menos cómodo, y después, cuando edito y veo lo que he hecho [chasquea sus dedos] toda mi confianza se desvanece. “¡Mi Dios! ¿Qué hice? ¡Tenía una percepción maravillosa... y grabé esto!”, pienso, pero no puedo tirar todo a la basura. Hago lo mejor que puedo cuando edito la película y me la saco de encima. Entonces entra la audiencia y a veces les gusta la película y a veces no, pero nunca saben lo que yo tenía en mente. A veces me gustaría decirles: “¡Ustedes no se dan cuenta de las ideas maravillosas que tenía y de cómo las arruiné! ¡Sólo han visto el 50 por ciento, el 20 por ciento de mi idea!” Si sólo pudiera rehacer mis películas, realmente podría hacerlas mejor. Así que, volviendo a su pregunta, no, nunca quedo feliz. Sólo una o dos películas me dejaron satisfecho en toda mi vida y no pienso decirle cuáles son.
– ¿Pensó en filmarla otra vez?
– No es tan fácil. Trabajo con un presupuesto muy bajo para los estándares de la industria. En Estados Unidos el costo medio de una película ronda los 50 ó los 60 millones de dólares, y ahora películas de cien millones de dólares son bastantes comunes, mientras que yo nunca consigo hacer películas de más de 12 ó 13 millones de dólares, por lo que no tengo el margen para rehacerlas. Filmar se ha convertido en algo prohibitivamente caro, en particular para quienes carecemos del dinero suficiente para armar algo parecido a “El aviador” [de Martin Scorsese, con Leonardo DiCaprio]. Recaudar semejante dinero es algo impensable para mí.
(www.adncultura.lanacion.com.ar/nota.asp?
nota_id=939615&origen=relacionadas )
En el primer párrafo, se puede sustituir, sin cambio de sentido, lo fastidia por
Questão 54 87348
UEMG 2009EL CORONEL NO TIENE QUIEN LE ESCRIBA
(Fragmento)

“Ya no quedaba en la casa nada que vender, salvo el reloj y el cuadro. El jueves en la noche, en el último extremo de los recursos, la mujer manifestó su inquietud ante la situación.
– No te preocupes – la consoló el coronel –.
Mañana viene el correo.
Al día siguiente esperó las lanchas frente al consultorio del médico...
El administrador postal abrió el saco.
Entregó al médico el paquete de los periódicos.
Luego desgarró el sobre de la correspondencia privada, verificó la exactitud de la remesa y leyó en las cartas los nombres de los destinatarios...
El médico se dispuso a leer dos cartas personales. Pero antes de romper los sobres miró al coronel. Luego miró al administrador.
– ¿Nada para el coronel?
El coronel sintió el terror. El administrador se echó el saco al hombro, bajó el andén y respondió sin volver la cabeza:
– El coronel no tiene quien le escriba.
Contrariando su costumbre no se dirigió directamente a la casa. Tomó café en la sastrería mientras los compañeros de Agustín hojeaban los periódicos. Se sentía defraudado. Habría preferido permanecer allí hasta el viernes siguiente para no presentarse esa noche ante su mujer con las manos vacías. Pero cuando cerraron la sastrería tuvo que hacerle frente a la realidad. La mujer lo esperaba.
– ¿Nada?– preguntó.
– Nada – respondió el coronel.
El viernes siguiente volvió a las lanchas. Y como todos los viernes regresó a su casa sin la carta esperada. Ya hemos cumplido con esperar, le dijo esa noche su mujer. Se necesita tener esa paciencia de buey que tú tienes para esperar una carta durante quince años.
El coronel se metió en la hamaca a leer los periódicos.
– Hay que esperar el turno – dijo –. Nuestro número es el mil ochocientos veintitrés.
– Desde que estamos esperando, ese número ha salido dos veces en la lotería – replicó la mujer.
El coronel leyó, como siempre, desde la primera página hasta la última, incluso los avisos. Pero esta vez no se concentró. Durante la lectura pensó en su pensión de veterano. Diecinueve años antes, cuando el congreso promulgó la ley, se inició un proceso de justificación que duró ocho años. Luego necesitó seis años más para hacerse incluir en el escalafón. Ésa fue la última carta que recibió el coronel”.
Gabriel García Márquez, El coronel no tiene quien le escriba, Alianza Editorial, S.A., Madrid, 1995.
De acuerdo con el texto, se puede inferir que la situación precaria en la que se encuentra el coronel retirado es consecuencia
Questão 53 87347
UEMG 2009EL CORONEL NO TIENE QUIEN LE ESCRIBA
(Fragmento)

“Ya no quedaba en la casa nada que vender, salvo el reloj y el cuadro. El jueves en la noche, en el último extremo de los recursos, la mujer manifestó su inquietud ante la situación.
– No te preocupes – la consoló el coronel –.
Mañana viene el correo.
Al día siguiente esperó las lanchas frente al consultorio del médico...
El administrador postal abrió el saco.
Entregó al médico el paquete de los periódicos.
Luego desgarró el sobre de la correspondencia privada, verificó la exactitud de la remesa y leyó en las cartas los nombres de los destinatarios...
El médico se dispuso a leer dos cartas personales. Pero antes de romper los sobres miró al coronel. Luego miró al administrador.
– ¿Nada para el coronel?
El coronel sintió el terror. El administrador se echó el saco al hombro, bajó el andén y respondió sin volver la cabeza:
– El coronel no tiene quien le escriba.
Contrariando su costumbre no se dirigió directamente a la casa. Tomó café en la sastrería mientras los compañeros de Agustín hojeaban los periódicos. Se sentía defraudado. Habría preferido permanecer allí hasta el viernes siguiente para no presentarse esa noche ante su mujer con las manos vacías. Pero cuando cerraron la sastrería tuvo que hacerle frente a la realidad. La mujer lo esperaba.
– ¿Nada?– preguntó.
– Nada – respondió el coronel.
El viernes siguiente volvió a las lanchas. Y como todos los viernes regresó a su casa sin la carta esperada. Ya hemos cumplido con esperar, le dijo esa noche su mujer. Se necesita tener esa paciencia de buey que tú tienes para esperar una carta durante quince años.
El coronel se metió en la hamaca a leer los periódicos.
– Hay que esperar el turno – dijo –. Nuestro número es el mil ochocientos veintitrés.
– Desde que estamos esperando, ese número ha salido dos veces en la lotería – replicó la mujer.
El coronel leyó, como siempre, desde la primera página hasta la última, incluso los avisos. Pero esta vez no se concentró. Durante la lectura pensó en su pensión de veterano. Diecinueve años antes, cuando el congreso promulgó la ley, se inició un proceso de justificación que duró ocho años. Luego necesitó seis años más para hacerse incluir en el escalafón. Ésa fue la última carta que recibió el coronel”.
Gabriel García Márquez, El coronel no tiene quien le escriba, Alianza Editorial, S.A., Madrid, 1995.
Observe, abajo, el orden presentado para los hechos en el texto y, a continuación, señale la alternativa que trae la secuencia correcta de esos hechos.
1- Como todos los viernes, el coronel regresó a su casa sin la carta esperada.
2- Su mujer cascarrabias manifestó inquietud con su extrema miseria económica.
3- El coronel leyó, en silenciosa zozobra, todos los periódicos de cabo a rabo.
4- El administrador postal dijo al médico: el coronel no tiene quien le escriba.
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