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Questão 51 102393
UnP Medicina 2° Dia 2014/1El alumno perfecto: No faltó nunca, sacó 9,8 de promedio y es el mejor compañero. Martín
Colbaciuk cursa en un colegio de La Plata. Su papá es colectivero y su mamá administrativa.
CON EL PERGAMINO, MARTÍN MUESTRA AYER SU DIPLOMA DE HONOR AL MEJOR PROMEDIO. PERO DICE QUE SU MAYOR ORGULLO ES EL TÍTULO DE MEJOR COMPAÑERO DE SU CURSO.

El chico lo asume con cierta naturalidad. Pero sus padres explotan de orgullo: Martín Colbaciuk (13) es el alumno perfecto.
Completó su octavo año consecutivo sin inasistencias al aula, cerró el año con 9,88 de promedio –el más alto de la escuela– y coronó este 2011 con un premio más preciado que las notas: fue elegido el mejor compañero por sus pares .
Martín vive en Villa Elvira y terminó el segundo año de la secundaria en un colegio parroquial de ese barrio de las afueras de La Plata. En el colegio Santa María de los Ángeles, este viernes se hizo el acto de fin de curso y los Colbaciuk fueron las “estrellas” de la ceremonia. Porque su hermana Belén,
que está en cuarto año, también obtuvo la medalla por las notas más altas de ese curso.
Fanático de la pesca y del fútbol, Martín recorre páginas de diarios y sitios Web con información sobre Estudiantes, para compartir con sus amigos las novedades del club que enciende su pasión. “Todas las materias son atractivas. No tengo problemas para preparar trabajos o exámenes”, contó mientras su mamá, Andrea, despliega sobre la mesa del comedor los títulos y las cartulinas obtenidas por su hijo en la escuela.
“En realidad –admite– Educación Física fue la que me bajó el promedio este año”. En las clases enseñaron vóley y no pudo dominar esa disciplina. Por eso, el boletín promedió 9,88. Todas las asignaturas con 10, menos el último trimestre en Educación Física.
Desde que comenzó primer grado en el “Santa María” nunca faltó. “Esa situación se dio naturalmente. Por suerte, tiene una salud de hierro y ni siquiera una gripe le impidió ir a la escuela”, recordó Andrea.
Espera que su papá Fernando –quien trabaja en una línea de colectivos platense– defina las vacaciones para programar unos días en Chasicó, donde toda la familia disfruta de intensas jornadas de pesca. “Desde chiquitos nos compró cañas a todos y cuando vienen los fines de semana largos o los francos de papá nos vamos hasta Punta Lara o las lagunas de la zona a pescar desde la costa”, se entusiasma Martín.
http://www.clarin.com/educacion/alumno-perfecto-promedio-mejor-companero_0_611338995.html
Se puede afirmar que Martín
Questão 60 102291
UnP Medicina 2° Dia 2014/2‘Cien años de soledad’: la génesis
Él, que durante 67 años, seis meses y cuatro días, sembró de sus recuerdos los recuerdos de medio mundo, murió olvidando los suyos. Pero su fallecimiento el 17 de abril desató, al contrario de la peste del olvido que asoló Macondo, la peste de los recuerdos. Sobre él, Gabriel García Márquez, sobre sus libros y, en sus lectores, sobre su obra más famosa, Cien años de soledad: que si Macondo, que si Aureliano, que si Úrsula, que si Remedios la Bella; que si ¿mejor los aurelianos que los arcadios?, y qué decir de Amaranta, Petra Cotes, y, claro, Melquiades, y, y, y… Pero pocos saben la intrahistoria de la génesis y escritura de una de las novelas más universales y leídas por más de 60 o 70 millones de personas.
Los Buendía estarán riéndose por el boroló que se ha creado al no ser esta una peste como la vivida por ellos, sino una cuya mutación sentimental hace querer recordar más y averiguar más para recordar más aún. Una prueba es que usted vaya en esta línea y quiera saber lo que sigue sobre algunos de los secretos de gestación de la obra prometidos palabras arriba. Y será así por cortesía de dos de los principales memoriosos: Dasso Saldívar y Gerald Martin gracias a sus biografías, Viaje a la semilla (Alfaguara) y Una vida (Debate), además del propio libro de García Márquez Vivir para contarla, cuyo asomo a ellas permite un paseo con las siguientes estaciones en su universo, muchos años después de su creación:
Génesis
La vida en Aracataca durante sus primeros diez años en la casa de sus abuelos maternos, el coronel Nicolás Ricardo Márquez y Tranquilina Iguarán Cotes. Es su Edén literario: la travesía por la Guerra de los Mil Días en palabras de su abuelo, el duelo de este, la explotación americana de las bananeras y las perpetuas procesiones de historias de difuntos y ánimas de su abuela, y la manera como contaba ella las cosas con cara de palo que hacía verosímil cualquier cosa. Los esquemas económico, social y cultural de la aristocracia cataquera en que se movían los Márquez Iguarán serán llevados a la obra.
Hielo
Un día, cuando tenía cinco años, el niño llegó a casa asombrado diciendo que había visto unos pargos durísimos como piedras. El abuelo Nicolás le explicó que eran así porque estaban congelados. El niño le preguntó qué era eso y el abuelo respondió que metidos en hielo. “¿Qué es hielo?”. Entonces lo tomó de la mano y lo llevó donde estaban los pargos para enseñarle el hielo.
Cambio
A su vuelta a Cartagena, a mediados de 1948, empezó la que pretendía ser su primera novela: La casa. Su acercamiento había sido de temas kafkianos, pero el descubrimiento de los escritores anglosajones lo reorientó (Faulkner, Woolf, Dos Passos, Steinbeck...). Supo que lo vivido con sus abuelos merecía ser contado. Así es que no paraba de escribir esa novela.
Borrador
Para entonces ya manejaba diversas fuentes ___ inspiraciones, además de sus abuelos: las figuras casi míticas de los generales Uribe Uribe ___ Benjamín Herrera, las leyendas de los coroneles Aureliano Naudín, Francisco Buendía ___ Ramón Buendía. Empezó a reencontrarse con su infancia ___ su cultura caribe. Ahora el problema no era sobre qué escribir, sino cómo hacerlo, ___, como él mismo reconocería, iba a necesitar 15 años para descubrirlo.
Vallenato-novela
Los ritmos vallenatos interpretados por acordeoneros y cantado por juglares costeños eran la música de su entorno. En 1953 terminó de recorrer con uno de ellos, su amigo Rafael Escalona, la región caribe. Su interés surgió en 1948 al descubrir que esta música, además de ritmo pegadizo guardaba sabiduría en sus historias y contaba pasajes de la vida, sobre todo amorosos. No era solo un repertorio artístico sino cultural y moral de las regiones de Valledupar y la Guajira, las mismas de sus abuelos y sus padres. Ritmo y baile esenciales para concebir sus libros, sobre todo Cien años de soledad, que debía ser, como lo confesaría, un vallenato en versión novela.
Preludio
En 1965 mientras conducía su Opel blanco con su familia desde Ciudad de México hacia Acapulco, vio claro cómo debía escribir La casa, embrión de su obra más famosa. Un día se sentó "frente a la máquina de escribir, como todos los días, pero esta vez no volví a levantarme sino al cabo de 18 meses”.
Apuros
5.000 dólares le entregó a su esposa para el sostenimiento del hogar y así poder encerrarse tranquilo a escribir la novela “durante seis meses”. Ella se las ingenió para alargarlos en ese periodo pero cuando se acabaron, y vio que la novela apenas iba por la mitad, le dijo que no había nada que hacer. Gabo tomó su Opel blanco, comprado con el premio de La mala hora, se fue al Monte de Piedad y lo empeñó. Ese dinero tampoco duró. Después, Mercedes empezó a empeñar algunas joyas, el televisor, la radio, hasta quedarse solo con las “tres últimas posiciones militares”: su secador de pelo, la batidora con la que le preparaba el alimento a los niños y el calentador que le servía a su marido para escribir en las frías mañanas y noches de la ciudad.
Muerte
Había aplazado la muerte del coronel Aureliano Buendía, hasta que optó por la más sencilla: orinando al pie del castaño. Puso el punto y aparte, subió al dormitorio de su esposa, se lo contó, se acostó a su lado y se puso a llorar. Era el personaje inspirado en su abuelo Nicolás Ricardo Márquez.
Fin
Según Dasso Saldívar, el momento de mayor desconcierto lo (padecer) __________ cuando la novela (tocar) __________ a su fin. Un día de septiembre de 1966 (sentir) __________ que la historia de Macondo y los Buendía llegaba a su fin. “Las cosas se precipitaron a las 11 de la mañana. Estaba solo en la casa, no encontró a ninguno de sus cómplices para contárselo y no (saber) __________ qué hacer con el tiempo libre. Después diría que tras la escritura del libro se había sentido vacío ‘como si hubieran muerto mis amigos”.
Adaptado de: http://cultura.elpais.com/cultura/2014/04/20/actualidad/1397951177_520783.html
Las formas de los verbos presentados entre paréntesis en infinitivo en el último párrafo, bajo el título “Fin”, que completan correctamente el texto son
Questão 59 102290
UnP Medicina 2° Dia 2014/2‘Cien años de soledad’: la génesis
Él, que durante 67 años, seis meses y cuatro días, sembró de sus recuerdos los recuerdos de medio mundo, murió olvidando los suyos. Pero su fallecimiento el 17 de abril desató, al contrario de la peste del olvido que asoló Macondo, la peste de los recuerdos. Sobre él, Gabriel García Márquez, sobre sus libros y, en sus lectores, sobre su obra más famosa, Cien años de soledad: que si Macondo, que si Aureliano, que si Úrsula, que si Remedios la Bella; que si ¿mejor los aurelianos que los arcadios?, y qué decir de Amaranta, Petra Cotes, y, claro, Melquiades, y, y, y… Pero pocos saben la intrahistoria de la génesis y escritura de una de las novelas más universales y leídas por más de 60 o 70 millones de personas.
Los Buendía estarán riéndose por el boroló que se ha creado al no ser esta una peste como la vivida por ellos, sino una cuya mutación sentimental hace querer recordar más y averiguar más para recordar más aún. Una prueba es que usted vaya en esta línea y quiera saber lo que sigue sobre algunos de los secretos de gestación de la obra prometidos palabras arriba. Y será así por cortesía de dos de los principales memoriosos: Dasso Saldívar y Gerald Martin gracias a sus biografías, Viaje a la semilla (Alfaguara) y Una vida (Debate), además del propio libro de García Márquez Vivir para contarla, cuyo asomo a ellas permite un paseo con las siguientes estaciones en su universo, muchos años después de su creación:
Génesis
La vida en Aracataca durante sus primeros diez años en la casa de sus abuelos maternos, el coronel Nicolás Ricardo Márquez y Tranquilina Iguarán Cotes. Es su Edén literario: la travesía por la Guerra de los Mil Días en palabras de su abuelo, el duelo de este, la explotación americana de las bananeras y las perpetuas procesiones de historias de difuntos y ánimas de su abuela, y la manera como contaba ella las cosas con cara de palo que hacía verosímil cualquier cosa. Los esquemas económico, social y cultural de la aristocracia cataquera en que se movían los Márquez Iguarán serán llevados a la obra.
Hielo
Un día, cuando tenía cinco años, el niño llegó a casa asombrado diciendo que había visto unos pargos durísimos como piedras. El abuelo Nicolás le explicó que eran así porque estaban congelados. El niño le preguntó qué era eso y el abuelo respondió que metidos en hielo. “¿Qué es hielo?”. Entonces lo tomó de la mano y lo llevó donde estaban los pargos para enseñarle el hielo.
Cambio
A su vuelta a Cartagena, a mediados de 1948, empezó la que pretendía ser su primera novela: La casa. Su acercamiento había sido de temas kafkianos, pero el descubrimiento de los escritores anglosajones lo reorientó (Faulkner, Woolf, Dos Passos, Steinbeck...). Supo que lo vivido con sus abuelos merecía ser contado. Así es que no paraba de escribir esa novela.
Borrador
Para entonces ya manejaba diversas fuentes ___ inspiraciones, además de sus abuelos: las figuras casi míticas de los generales Uribe Uribe ___ Benjamín Herrera, las leyendas de los coroneles Aureliano Naudín, Francisco Buendía ___ Ramón Buendía. Empezó a reencontrarse con su infancia ___ su cultura caribe. Ahora el problema no era sobre qué escribir, sino cómo hacerlo, ___, como él mismo reconocería, iba a necesitar 15 años para descubrirlo.
Vallenato-novela
Los ritmos vallenatos interpretados por acordeoneros y cantado por juglares costeños eran la música de su entorno. En 1953 terminó de recorrer con uno de ellos, su amigo Rafael Escalona, la región caribe. Su interés surgió en 1948 al descubrir que esta música, además de ritmo pegadizo guardaba sabiduría en sus historias y contaba pasajes de la vida, sobre todo amorosos. No era solo un repertorio artístico sino cultural y moral de las regiones de Valledupar y la Guajira, las mismas de sus abuelos y sus padres. Ritmo y baile esenciales para concebir sus libros, sobre todo Cien años de soledad, que debía ser, como lo confesaría, un vallenato en versión novela.
Preludio
En 1965 mientras conducía su Opel blanco con su familia desde Ciudad de México hacia Acapulco, vio claro cómo debía escribir La casa, embrión de su obra más famosa. Un día se sentó "frente a la máquina de escribir, como todos los días, pero esta vez no volví a levantarme sino al cabo de 18 meses”.
Apuros
5.000 dólares le entregó a su esposa para el sostenimiento del hogar y así poder encerrarse tranquilo a escribir la novela “durante seis meses”. Ella se las ingenió para alargarlos en ese periodo pero cuando se acabaron, y vio que la novela apenas iba por la mitad, le dijo que no había nada que hacer. Gabo tomó su Opel blanco, comprado con el premio de La mala hora, se fue al Monte de Piedad y lo empeñó. Ese dinero tampoco duró. Después, Mercedes empezó a empeñar algunas joyas, el televisor, la radio, hasta quedarse solo con las “tres últimas posiciones militares”: su secador de pelo, la batidora con la que le preparaba el alimento a los niños y el calentador que le servía a su marido para escribir en las frías mañanas y noches de la ciudad.
Muerte
Había aplazado la muerte del coronel Aureliano Buendía, hasta que optó por la más sencilla: orinando al pie del castaño. Puso el punto y aparte, subió al dormitorio de su esposa, se lo contó, se acostó a su lado y se puso a llorar. Era el personaje inspirado en su abuelo Nicolás Ricardo Márquez.
Fin
Según Dasso Saldívar, el momento de mayor desconcierto lo (padecer) __________ cuando la novela (tocar) __________ a su fin. Un día de septiembre de 1966 (sentir) __________ que la historia de Macondo y los Buendía llegaba a su fin. “Las cosas se precipitaron a las 11 de la mañana. Estaba solo en la casa, no encontró a ninguno de sus cómplices para contárselo y no (saber) __________ qué hacer con el tiempo libre. Después diría que tras la escritura del libro se había sentido vacío ‘como si hubieran muerto mis amigos”.
Adaptado de: http://cultura.elpais.com/cultura/2014/04/20/actualidad/1397951177_520783.html
Los sustantivos equivalentes a los verbos “optó (optar) – subió (subir) – contó (contar)” destacados en el décimo párrafo, bajo el título “Muerte”, son respectivamente
Questão 58 102289
UnP Medicina 2° Dia 2014/2‘Cien años de soledad’: la génesis
Él, que durante 67 años, seis meses y cuatro días, sembró de sus recuerdos los recuerdos de medio mundo, murió olvidando los suyos. Pero su fallecimiento el 17 de abril desató, al contrario de la peste del olvido que asoló Macondo, la peste de los recuerdos. Sobre él, Gabriel García Márquez, sobre sus libros y, en sus lectores, sobre su obra más famosa, Cien años de soledad: que si Macondo, que si Aureliano, que si Úrsula, que si Remedios la Bella; que si ¿mejor los aurelianos que los arcadios?, y qué decir de Amaranta, Petra Cotes, y, claro, Melquiades, y, y, y… Pero pocos saben la intrahistoria de la génesis y escritura de una de las novelas más universales y leídas por más de 60 o 70 millones de personas.
Los Buendía estarán riéndose por el boroló que se ha creado al no ser esta una peste como la vivida por ellos, sino una cuya mutación sentimental hace querer recordar más y averiguar más para recordar más aún. Una prueba es que usted vaya en esta línea y quiera saber lo que sigue sobre algunos de los secretos de gestación de la obra prometidos palabras arriba. Y será así por cortesía de dos de los principales memoriosos: Dasso Saldívar y Gerald Martin gracias a sus biografías, Viaje a la semilla (Alfaguara) y Una vida (Debate), además del propio libro de García Márquez Vivir para contarla, cuyo asomo a ellas permite un paseo con las siguientes estaciones en su universo, muchos años después de su creación:
Génesis
La vida en Aracataca durante sus primeros diez años en la casa de sus abuelos maternos, el coronel Nicolás Ricardo Márquez y Tranquilina Iguarán Cotes. Es su Edén literario: la travesía por la Guerra de los Mil Días en palabras de su abuelo, el duelo de este, la explotación americana de las bananeras y las perpetuas procesiones de historias de difuntos y ánimas de su abuela, y la manera como contaba ella las cosas con cara de palo que hacía verosímil cualquier cosa. Los esquemas económico, social y cultural de la aristocracia cataquera en que se movían los Márquez Iguarán serán llevados a la obra.
Hielo
Un día, cuando tenía cinco años, el niño llegó a casa asombrado diciendo que había visto unos pargos durísimos como piedras. El abuelo Nicolás le explicó que eran así porque estaban congelados. El niño le preguntó qué era eso y el abuelo respondió que metidos en hielo. “¿Qué es hielo?”. Entonces lo tomó de la mano y lo llevó donde estaban los pargos para enseñarle el hielo.
Cambio
A su vuelta a Cartagena, a mediados de 1948, empezó la que pretendía ser su primera novela: La casa. Su acercamiento había sido de temas kafkianos, pero el descubrimiento de los escritores anglosajones lo reorientó (Faulkner, Woolf, Dos Passos, Steinbeck...). Supo que lo vivido con sus abuelos merecía ser contado. Así es que no paraba de escribir esa novela.
Borrador
Para entonces ya manejaba diversas fuentes ___ inspiraciones, además de sus abuelos: las figuras casi míticas de los generales Uribe Uribe ___ Benjamín Herrera, las leyendas de los coroneles Aureliano Naudín, Francisco Buendía ___ Ramón Buendía. Empezó a reencontrarse con su infancia ___ su cultura caribe. Ahora el problema no era sobre qué escribir, sino cómo hacerlo, ___, como él mismo reconocería, iba a necesitar 15 años para descubrirlo.
Vallenato-novela
Los ritmos vallenatos interpretados por acordeoneros y cantado por juglares costeños eran la música de su entorno. En 1953 terminó de recorrer con uno de ellos, su amigo Rafael Escalona, la región caribe. Su interés surgió en 1948 al descubrir que esta música, además de ritmo pegadizo guardaba sabiduría en sus historias y contaba pasajes de la vida, sobre todo amorosos. No era solo un repertorio artístico sino cultural y moral de las regiones de Valledupar y la Guajira, las mismas de sus abuelos y sus padres. Ritmo y baile esenciales para concebir sus libros, sobre todo Cien años de soledad, que debía ser, como lo confesaría, un vallenato en versión novela.
Preludio
En 1965 mientras conducía su Opel blanco con su familia desde Ciudad de México hacia Acapulco, vio claro cómo debía escribir La casa, embrión de su obra más famosa. Un día se sentó "frente a la máquina de escribir, como todos los días, pero esta vez no volví a levantarme sino al cabo de 18 meses”.
Apuros
5.000 dólares le entregó a su esposa para el sostenimiento del hogar y así poder encerrarse tranquilo a escribir la novela “durante seis meses”. Ella se las ingenió para alargarlos en ese periodo pero cuando se acabaron, y vio que la novela apenas iba por la mitad, le dijo que no había nada que hacer. Gabo tomó su Opel blanco, comprado con el premio de La mala hora, se fue al Monte de Piedad y lo empeñó. Ese dinero tampoco duró. Después, Mercedes empezó a empeñar algunas joyas, el televisor, la radio, hasta quedarse solo con las “tres últimas posiciones militares”: su secador de pelo, la batidora con la que le preparaba el alimento a los niños y el calentador que le servía a su marido para escribir en las frías mañanas y noches de la ciudad.
Muerte
Había aplazado la muerte del coronel Aureliano Buendía, hasta que optó por la más sencilla: orinando al pie del castaño. Puso el punto y aparte, subió al dormitorio de su esposa, se lo contó, se acostó a su lado y se puso a llorar. Era el personaje inspirado en su abuelo Nicolás Ricardo Márquez.
Fin
Según Dasso Saldívar, el momento de mayor desconcierto lo (padecer) __________ cuando la novela (tocar) __________ a su fin. Un día de septiembre de 1966 (sentir) __________ que la historia de Macondo y los Buendía llegaba a su fin. “Las cosas se precipitaron a las 11 de la mañana. Estaba solo en la casa, no encontró a ninguno de sus cómplices para contárselo y no (saber) __________ qué hacer con el tiempo libre. Después diría que tras la escritura del libro se había sentido vacío ‘como si hubieran muerto mis amigos”.
Adaptado de: http://cultura.elpais.com/cultura/2014/04/20/actualidad/1397951177_520783.html
La opción abajo presenta términos que aparecen en el nono párrafo, bajo el título “Apuros”.
Marque la opción en que todos los términos pertenecen al mismo campo semántico, el de los electrodomésticos.
Questão 55 102286
UnP Medicina 2° Dia 2014/2‘Cien años de soledad’: la génesis
Él, que durante 67 años, seis meses y cuatro días, sembró de sus recuerdos los recuerdos de medio mundo, murió olvidando los suyos. Pero su fallecimiento el 17 de abril desató, al contrario de la peste del olvido que asoló Macondo, la peste de los recuerdos. Sobre él, Gabriel García Márquez, sobre sus libros y, en sus lectores, sobre su obra más famosa, Cien años de soledad: que si Macondo, que si Aureliano, que si Úrsula, que si Remedios la Bella; que si ¿mejor los aurelianos que los arcadios?, y qué decir de Amaranta, Petra Cotes, y, claro, Melquiades, y, y, y… Pero pocos saben la intrahistoria de la génesis y escritura de una de las novelas más universales y leídas por más de 60 o 70 millones de personas.
Los Buendía estarán riéndose por el boroló que se ha creado al no ser esta una peste como la vivida por ellos, sino una cuya mutación sentimental hace querer recordar más y averiguar más para recordar más aún. Una prueba es que usted vaya en esta línea y quiera saber lo que sigue sobre algunos de los secretos de gestación de la obra prometidos palabras arriba. Y será así por cortesía de dos de los principales memoriosos: Dasso Saldívar y Gerald Martin gracias a sus biografías, Viaje a la semilla (Alfaguara) y Una vida (Debate), además del propio libro de García Márquez Vivir para contarla, cuyo asomo a ellas permite un paseo con las siguientes estaciones en su universo, muchos años después de su creación:
Génesis
La vida en Aracataca durante sus primeros diez años en la casa de sus abuelos maternos, el coronel Nicolás Ricardo Márquez y Tranquilina Iguarán Cotes. Es su Edén literario: la travesía por la Guerra de los Mil Días en palabras de su abuelo, el duelo de este, la explotación americana de las bananeras y las perpetuas procesiones de historias de difuntos y ánimas de su abuela, y la manera como contaba ella las cosas con cara de palo que hacía verosímil cualquier cosa. Los esquemas económico, social y cultural de la aristocracia cataquera en que se movían los Márquez Iguarán serán llevados a la obra.
Hielo
Un día, cuando tenía cinco años, el niño llegó a casa asombrado diciendo que había visto unos pargos durísimos como piedras. El abuelo Nicolás le explicó que eran así porque estaban congelados. El niño le preguntó qué era eso y el abuelo respondió que metidos en hielo. “¿Qué es hielo?”. Entonces lo tomó de la mano y lo llevó donde estaban los pargos para enseñarle el hielo.
Cambio
A su vuelta a Cartagena, a mediados de 1948, empezó la que pretendía ser su primera novela: La casa. Su acercamiento había sido de temas kafkianos, pero el descubrimiento de los escritores anglosajones lo reorientó (Faulkner, Woolf, Dos Passos, Steinbeck...). Supo que lo vivido con sus abuelos merecía ser contado. Así es que no paraba de escribir esa novela.
Borrador
Para entonces ya manejaba diversas fuentes ___ inspiraciones, además de sus abuelos: las figuras casi míticas de los generales Uribe Uribe ___ Benjamín Herrera, las leyendas de los coroneles Aureliano Naudín, Francisco Buendía ___ Ramón Buendía. Empezó a reencontrarse con su infancia ___ su cultura caribe. Ahora el problema no era sobre qué escribir, sino cómo hacerlo, ___, como él mismo reconocería, iba a necesitar 15 años para descubrirlo.
Vallenato-novela
Los ritmos vallenatos interpretados por acordeoneros y cantado por juglares costeños eran la música de su entorno. En 1953 terminó de recorrer con uno de ellos, su amigo Rafael Escalona, la región caribe. Su interés surgió en 1948 al descubrir que esta música, además de ritmo pegadizo guardaba sabiduría en sus historias y contaba pasajes de la vida, sobre todo amorosos. No era solo un repertorio artístico sino cultural y moral de las regiones de Valledupar y la Guajira, las mismas de sus abuelos y sus padres. Ritmo y baile esenciales para concebir sus libros, sobre todo Cien años de soledad, que debía ser, como lo confesaría, un vallenato en versión novela.
Preludio
En 1965 mientras conducía su Opel blanco con su familia desde Ciudad de México hacia Acapulco, vio claro cómo debía escribir La casa, embrión de su obra más famosa. Un día se sentó "frente a la máquina de escribir, como todos los días, pero esta vez no volví a levantarme sino al cabo de 18 meses”.
Apuros
5.000 dólares le entregó a su esposa para el sostenimiento del hogar y así poder encerrarse tranquilo a escribir la novela “durante seis meses”. Ella se las ingenió para alargarlos en ese periodo pero cuando se acabaron, y vio que la novela apenas iba por la mitad, le dijo que no había nada que hacer. Gabo tomó su Opel blanco, comprado con el premio de La mala hora, se fue al Monte de Piedad y lo empeñó. Ese dinero tampoco duró. Después, Mercedes empezó a empeñar algunas joyas, el televisor, la radio, hasta quedarse solo con las “tres últimas posiciones militares”: su secador de pelo, la batidora con la que le preparaba el alimento a los niños y el calentador que le servía a su marido para escribir en las frías mañanas y noches de la ciudad.
Muerte
Había aplazado la muerte del coronel Aureliano Buendía, hasta que optó por la más sencilla: orinando al pie del castaño. Puso el punto y aparte, subió al dormitorio de su esposa, se lo contó, se acostó a su lado y se puso a llorar. Era el personaje inspirado en su abuelo Nicolás Ricardo Márquez.
Fin
Según Dasso Saldívar, el momento de mayor desconcierto lo (padecer) __________ cuando la novela (tocar) __________ a su fin. Un día de septiembre de 1966 (sentir) __________ que la historia de Macondo y los Buendía llegaba a su fin. “Las cosas se precipitaron a las 11 de la mañana. Estaba solo en la casa, no encontró a ninguno de sus cómplices para contárselo y no (saber) __________ qué hacer con el tiempo libre. Después diría que tras la escritura del libro se había sentido vacío ‘como si hubieran muerto mis amigos”.
Adaptado de: http://cultura.elpais.com/cultura/2014/04/20/actualidad/1397951177_520783.html
Los huecos del sexto párrafo, bajo el título “Borrador”, se rellenan correctamente con la secuencia
Questão 18 100308
UNISC Medicina 2014/1El derecho al delirio
Eduardo Galeano
Ya está naciendo el nuevo milenio. No da para
tomarse el asunto demasiado en serio: al fin y al
cabo, el año 2001 de los cristianos es el año 1379 de
los musulmanes, el 5114 de los mayas y el 5762 de
los judíos. El nuevo milenio nace un primero de
enero por obra y gracia de un capricho de los
senadores del imperio romano, que un buen día
decidieron romper la tradición que mandaba
celebrar el año nuevo en el comienzo de la
primavera. Yla cuenta de los años de la era cristiana
proviene de otro capricho: un buen día, el papa de
Roma decidió poner fecha al nacimiento de Jesús,
aunque nadie sabe cuando nació.
El tiempo se burla de los límites que le
inventamos para creernos el cuento de que él nos
obedece; pero el mundo entero celebra y teme esta
frontera. La verdad sea dicha, no hay quien resista:
en una fecha así, por arbitraria que sea, cualquiera
siente la tentación de preguntarse cómo será el
tiempo que será. Y vaya uno a saber cómo será.
Tenemos una única certeza: en el siglo veintiuno, si
todavía estamos aquí, todos nosotros seremos gente
del siglo pasado y, peor todavía, seremos gente del
pasado milenio.
Aunque no podemos adivinar el tiempo que
será, sí que tenemos, al menos, el derecho de
imaginar el que queremos que sea. En 1948 y en
1976, las Naciones Unidas proclamaron extensas
listas de derechos humanos; pero la inmensa
mayoría de la humanidad no tiene más que el
derecho de ver, oír y callar. ¿Qué tal si empezamos a
ejercer el jamás proclamado derecho de soñar?
¿Qué tal si deliramos, por un ratito? Vamos a clavar
los ojos más allá de la infamia, para adivinar otro
mundo posible: el aire estará limpio de todo veneno
que no venga de los miedos humanos y de las
humanas pasiones: en las calles, los automóviles
serán aplastados por los perros; la gente no será
manejada por el automóvil, ni será programada por
la computadora, ni será comprada por el
supermercado, ni será mirada por el televisor, el
televisor dejará de ser el miembro más importante
de la familia, y será tratado como la plancha o el
lavarropas; la gente trabajará para vivir, en lugar de
vivir para trabajar, se incorporará a los códigos
penales el delito de estupidez, que cometen quienes
viven por tener o por pagar, en vez de vivir por vivir
nomás, como canta el pájaro sin saber que canta y
como juega el niño sin saber que juega; en ningún
país irán presos los muchachos que se nieguen a
cumplir el servicio militar, sino los que quieran
cumplirlo; los economistas no llamarán nivel de
vida al nivel de consumo, ni llamarán calidad de
vida a la calidad de cosas, la policía no será la
maldición de quienes no puedan comprarla; la
justicia y la libertad, hermanas siamesas
condenadas a vivir separadas, volverán a juntarse,
bien pegaditas, espalda contra espalda; la Santa
Madre Iglesia corregirá las erratas de las tablas de
Moisés, y el sexto mandamiento ordenará festejar
el cuerpo; la iglesia también dictará otro
mandamiento, que se le había olvidado a Dios:
“Amarás a la naturaleza, de la que formas parte”;
serán reforestados los desiertos del mundo y los
desiertos del alma; los desesperados serán
esperados y los perdidos serán encontrados, porque
ellos son los que se desesperaron de tanto esperar y
los que se perdieron de tanto buscar; seremos
compatriotas y contemporáneos de todos los que
tengan voluntad de justicia y voluntad de belleza,
hayan nacido donde hayan nacido y hayan vivido
cuando hayan vivido, sin que importen ni un
poquito las fronteras del mapa o del tiempo; la
perfección seguirá siendo el aburrido privilegio de
los dioses; pero en este mundo chambón y jodido,
cada noche será vivida como si fuera la última y
cada día como si fuera el primero.
(Texto adaptado disponível em www.escribirte.com.ar/textos)
Las formas verbales hay (línea 17), sea (línea 18) y vaya (línea 20), están conjugadas, respectivamente en
06
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